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Cuadernos Manchegos
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Son innumerables los ejemplos del ser humano que demuestran el enorme esfuerzo y sacrificio de muchas de sus actuaciones y actividades en aras de buscar una mejor vida y de facilitar una mayor comodidad y economía a su propia familia.

Uno de esos casos es, como de sorprendente puede calificarse, la aventura  que durante más de cien años han demostrado los viticultores-agricultores de la localidad de Tomelloso en la construcción de sus famosas y conocidas cuevas de elaboración de vinos.

Aunque podría extenderme en calificar -faltándome adjetivos- la maravillosa actuación de estos agricultores, prefiero iniciar esta artículo con algunos datos que permiten valorar con cifras precisas la importancia y trascendencia de esta aventura que iniciaron los tomelloseros sin conocer previamente cuáles serían sus resultados, lo que anteriormente he calificado como una aventura.

En Tomelloso se construyeron-excavaron unas dos mil quinientas cuevas que pudieron suponer una superficie global de veinte hectáreas y una longitud que podría decirse de unos treinta kilómetros. A este dato podemos añadir que el volumen de tierra excavado pudo suponer cerca de ochocientas toneladas de tierra sustraída al subsuelo, con las que se podría haber elevado el nivel del terreno agrícola del término de Tomelloso -24.800 hectáreas- en cerca de treinta centímetros. Tal fue el volumen, que, a mediados del siglo XIX, hubo que pedir un permiso especial al gobernador de aquel entonces para poder desescombrar las calles al objeto de poder permitir el empedrado de las mismas.

Pasando de la estadística se hace necesario enaltecer la labor llevada a cabo desde mediados del siglo XIX, hasta incluso inicios del siglo XXI. La causa principal de la construcción de cuevas en Tomelloso, y que he calificado como domésticas y también como familiares, es que no eran cuevas comunes, sino individuales de cada casa o agricultor, que, además, se hacían su misma vivienda, la mayoría de ellas de forma rectangular, aprovechando el largo de la fachada.

El inicio de picar una cueva era un verdadero ejemplo de  esfuerzo y constancia. Las primeras cuevas las picaban los propios dueños de la vivienda y sus familias o ayudas de otras, para que, posteriormente,  aparecieran la existencia de picadores profesionales.

Solamente -como modelo- podemos poner al tomellosero -también incluida la mujer e hijos en muchas ocasiones- que venía del campo después de un período de quintería- muy frecuente en Tomelloso, por la lejanía de las parcelas de viña-, es decir, quince días en el campo trabajando las viñas, para regresar a casa como ustedes se pueden imaginar , para en el mismo fin de semanas oírle decir: ”vamos a echar un rato en la cueva”, recogiendo un pico de dos puntas de cinco kilos para el picado y de dos kilos y medio para el refino. Increíble pero así era.

¿Cómo eran las cuevas? En este artículo no tenemos espacio suficiente para explicarlo en todo su contenido, pero la mayoría de las cuevas eran de  figura geométrica rectangular, aunque algunas existían redondas por falta de espacio en el solar, sin pasillos y con tinajas a ambos lados de los laterales de las paredes más largas y cuya longitud venía dada por dos razones: volumen de uvas del viticultor y  espacio disponible sin salirse de la  longitud del solar que disponía en la fachada a la calle de la vivienda.

¿Por qué se construyeron las cuevas? Podríamos decir que fueron como coincidencia de algunos factores en la evolución agrícola y económica de la población. El asentamiento definitivo de Tomelloso se produjo con la plantación de las primeras viñas, ya que su existencia permitía pensar que el viticultor tenía tomada la decisión definitiva de instalarse en la población. La producción de uvas se comercializaba en distintas poblaciones a largas distancias y los precios y la valoración del producto era claramente anacrónica y sin una seguridad suficiente. El viticultor tomellosero decidió crear su propio seguro económico de hogar y pasar a ser un  productor -comercializador, lo que podríamos decir que era su propio ahorro y al mismo tiempo el administrador de su economía. En definitiva creó su propia Caja de Ahorros. Además de estas razones sería necesario añadir que, durante gran parte del siglo XIX, (máximo apogeo en la construcción de cuevas), el mercado del vino se expandió de forma acelerada con unos aumentos de los precios por la escasez de vinos en otros países europeos y aun en la misma España.

Por delimitar este artículo bien podríamos decir que el desarrollo económico de Tomelloso se debió principalmente al esfuerzo, tesón y enorme sacrifico de unas generaciones de mujeres y hombres que supieron sacrificarse por mantener una unidad familiar económicamente factible para aquellos años. Este patrimonio, a diferencia de otros, ha sido personal, único y exclusivo de una categoría especial de personas humanas.

Cuevas domésticas Tomelloso
Cuevas Domésticas Tomelloso