Cuadernos Manchegos
Cuadernos Manchegos

En esencia prácticamente todas las personas tienen una idea aproximada, algunas casi perfecta, a qué se denomina un Acuífero y entendemos que se trata de aguas que se encuentran en las partes más bajas del suelo.

Y efectivamente un acuífero es un manto subterráneo irregularmente distribuido que forman una única unidad con relación a otros similares y que funcionalmente se encuentran separadas por capas impermeables del terreno.

Los acuíferos se forman por la infiltración de las aguas de lluvias o de los cauces de ríos a las capas más permeables de los suelos y forman sus propios cauces y su propio recorrido, formando riachuelos subterráneos, lagos, lagunas, charcas y demás depósitos de aguas que pueden tener un movimiento continuo o un movimiento estable no permanente.

Por lo tanto la tendencia natural de las aguas es hacia las capas profundas, que como todos sabemos  se produce por la fuerza de la gravedad atraccional que demandan los núcleos centrales del globo terráqueo, por lo que el agua, siempre que nada se lo impida, tiende a acumularse en las capas profundas de la tierra.

Si pudiéramos efectuar una radiografía de las capas por donde circula el agua en las capas subterráneas del suelo nos encontraríamos con algunas diferencias con las capas superiores que vemos tradicionalmente, como nuestros ríos, que sabemos que tienen un nacimiento inicial y sus cauces van engrosando de agua por distintos afluentes que van rellenando su cauce hasta terminar en el mar, que es la zona más baja de la tierra. Pues bien, el nacimiento de un acuífero no se produce en un punto determinado sino en varios o muchos puntos, dicho de otra manera que no existe un nacimiento donde comienza el cauce natural como ocurre en los ríos.

El agua va recorriendo las capas de tierra más permeables y esta agua puede irradiar de distintos puntos y puede formar distintos cauces y llevar distintos caudales y pueden ir distribuyéndose en distintos ramales, al contrario que ocurre  con los ríos que vierten siempre en un cauce principal.

Como vemos en esta situación podemos derivar que el comportamiento del agua, y aunque en un principio y de forma natural es el mismo, el recorrido y su vertiente no es exactamente igual que los cauces superficiales.

También se producen unas situaciones importantes como son los niveles que alcanza el agua en las distintas zonas, que indudablemente no son las mismas, pues dependen principalmente de las capas de tierra existentes, de su profundidad, de su porosidad y permeabilidad, por lo que las capas de aprovechamiento difieren de unas zonas a otras dentro del mismo acuífero, pero sí es indudable que existe un efecto de reacción de las aguas dependiendo de las conocidas extracciones que se producen para el aprovechamiento del agua para regadíos o para abastecimiento de aguas.

La dinámica que se produce cuando existe una elevación de agua de forma mecánica se produce el fundamento físico de succión, alterando el volumen de agua existente en el mismo pozo quie también afectan a los contiguos, aunque nunca de forma tan rápida como se suele pensar.

Explicado de forma más sencilla, cuando sacamos agua de un pozo, el nivel estático del agua no suele variar cuando estamos elevando la misma cantidad de agua que volumen de almacenamiento tiene el pozo. Cuando se abusa del volumen elevado por encima de esta capacidad el nivel baja hasta que llega un momento que se estabiliza, porque llega al nivel de la lámina de acuífero. Si continuamos extrayendo más volumen de agua del mismo acuífero, como es lógico, las reservas de agua van disminuyendo hasta delimitar el aprovechamiento, por lo que la mayoría de las extracciones, es decir, las bombas de los pozos no son capaces de elevar el agua para el riego, porque el nivel ha bajado por debajo de la profundidad de la bomba.

Los acuíferos se regeneran porque por causa natural el agua siempre tiende a descender a las capas profundas a costa de los niveles superficiales, produciendo el descenso de sus aguas y secándose ríos, arroyos y cauces naturales, especial y  fundamentalmente cuando las lluvias no acompañan lo suficiente.

Otro hecho que merece la pena mencionar es cuando existen periodos de lluvias. Las primeras aguas son retenidas por las capas de tierra más superficiales hasta mantener su capacidad de retención y, cuando ésta se supera, es cuando las aguas comienzan a descender a los acuíferos y alimentarlos. Esta es la explicación por la que cuando existen periodos de lluvia intensas, no cabe esperar una recuperación inmediata de los niveles estáticos de las aguas de los acuíferos y de los pozos.

Todo ello lleva a conducir que para el mantenimiento de los cauces de las aguas, tanto superficiales como subterráneas, es necesario llevar una estricto control de la extracciones y de los recursos disponibles, por lo que el manejo de datos e informaciones técnicas son las que deben determinar la evolución de nuestras aguas subterráneas y es incomprensible que en el año 2019, todavía no hayamos conseguido ver esta evolución en un simple ordenador y haya que continuar empleando medios técnicos y continuos controles por no tener un sistema moderno de control.

Nuestro acuífero 23 ha pasado por todas estas vicisitudes y es por eso que a partir del año 1987 se declarara en régimen de sobreexplotación y se comenzaran a realizar los controles necesarios con la constitución de las Comunidades de Regantes como órganos de control y vigilancia de la utilización de los recursos de agua. Hoy en día han sido sustituidos por un nuevo reglamento y normas que persiguen los mismos objetivos, aunque la estructura organizativa haya cambiado. Esperamos, deseamos y celebraremos que sean eficaces, pero no para marcar prohibiciones y sanciones, sino simplemente para algo tan sencillo como tener controlados y regulados los consumos de agua de forma eficiente.

Simplemente esperamos que con estos razonamientos se pueda entender la dinámica del agua en estos sistemas que denominamos  técnicamente como Acuíferos.

Por último solamente reseñar que según los datos aportados la actual denominada Mancha Occidental II, que incluye el acuífero 23, alcanza una superficie afectada de 90.000 hectáreas de regadío, 9.000 regantes, una superficie de 2.400 kilómetros cuadrados y con sedes en localidades de cuatro provincias: Ciudad Real, Cuenca, Toledo y Albacete, en un total de 23 localidades.