Verum, Hazlo de verdad
Cuadernos Manchegos
Cuadernos Manchegos

Hemos encontrado una curiosa historia que resulta por lo menos novedosa por su contenido y que nos ha costado bastante trabajo poder enlazar, porque no he encontrado muchos datos en la bibliografía existente y que debo decir que no ha sido extraída exclusivamente de internet, sino de distintas publicaciones fundamentalmente de historiadores madrileños.

No es muy frecuente encontrar hechos, personajes y acontecimientos que hayan salido de nuestras fronteras regionales de cara a otras provincias o regiones muy a pesar de que gran parte de la historia de España ha tenido nuestra región trascendental repercusión en muchos de los acontecimientos. Por supuesto que nuestro Miguel de Cervantes es el que ha ocupado siempre la popularidad, fama e idiosincrasia de la región manchega, pero existen acontecimientos que no se les concede la importancia y repercusión que merecen.

El artículo que presentamos tiene  su enlace con la capital de España y donde, de una manera o de otra, relaciona nuestras instituciones medievales con Madrid.

A partir de la desaparición del califato en España en 1031, se produjeron los distintos reinos de taifas en los que los nuevos reyes árabes pidieron protección a los cristianos que les apoyaron en la mayoría de los casos de los ataques de sus propios compañeros de raza utilizando los militares de los componentes de las Órdenes Militares. Las posteriores invasiones, en primer lugar de los almorávides en 1095 y posteriormente las invasiones de los almohades de 1185,  y como consecuencia de la conquista de Toledo por Alfonso VI, produjeron numerosas batallas y luchas entre cristianos, musulmanes de los reinos de taifas y los invasores. Terminada esta invasión apareció una segunda oleada de los almohades que concluyó con la batalla de las Navas de Tolosa en 1212, quedando únicamente el reino nazarí de Granada.

 Los reyes, grandes hidalgos y propietarios, así como los mismos reinos de taifas, mediante el pago de parias, que-como ya hemos comentado-protegían sus dominios durante los siglos de avance de la invasión de los almorávides y almohades (siglos XI, XII y parte del siglo XIII) mediante el apoyo de las Órdenes Militares. Estas famosas y conocidas fuerzas religioso-militares se mantenían en funcionamiento por apoyos, mediante donaciones, concesiones  tanto de tipo económico  como en posesiones y propiedades territoriales. A estas órdenes  que competían por la adjudicación de estos territorios no solamente se les encomendaba la defensa de los territorios, sino también  la administración de las tierras y casas.

Nuestra Orden de Calatrava dispuso, al igual que otras, de una inmensa red de numerosas concesiones y entregas de estos grandes propietarios y se encargaban de administrarlos a través de las denominadas “encomiendas”, que era regidas por un Comendador siempre componente activo de la Orden Militar, designado por el gran Maestre.

Una de sus encomiendas que dispuso la Orden de Calatrava fue la denominada de Moratalaz y que dio denominación al famoso barrio madrileño. En realidad Moratalaz se trataba de una dehesa que administraba la Encomienda que así se denominó, y cuyo concesionario era el Gran Maestre Roy Díaz, tomando el mismo nombre y que se trataba de una finca agraria en la localidad toledana de Yeles, antiguamente como alfoz (pedanía) de Illescas, al sur de Madrid. En esta propiedad se cultivaban distintos productos agrarios y entre ellos cereales como los más característicos. Estos cereales se expendían en Madrid en la denominada Plaza de la Cebada, en pleno barrio de La Latina, donde esta encomienda era la titular de la parcela y que posteriormente sería el edificio de la Plaza de la Cebada. Allí se distribuía la cebada para las caballerizas reales y posterior venta del resto. Por tanto el aprovechamiento de la Encomienda dependía de la Orden de Calatrava. Como hemos indicado, por extensión, el actual barrio de Moratalaz adquirió el nombre de la dehesa que disponía la encomienda del mismo nombre en la  localidad de Yeles, en la provincia de Toledo.

No hay que olvidar que la Orden de Calatrava se fundó en la localidad ciudadrealeña de Carrión de Calatrava.