Verum, Hazlo de verdad
Cuadernos Manchegos
Cuadernos Manchegos

Como todas las personas inquietas hemos recorrido algunas zonas de España y del extranjero en viajes de todo tipo y para distintos lugares (aunque tampoco muchos). Conocer España es complicado porque tiene tanta historia, tantos recuerdos,  en una palabra, tanto patrimonio que nosotros mismos desconocemos y disponemos de una serie de monumentos enormes de tanta o mayor importancia de las que podamos descubrir en otros países. La razón es muy sencilla, España dispone de todo: Mar, Montaña, Ríos, unos monumentos de reputada fama y una historia envidiable y especialmente agitada.

Al salir de viaje en una excursión colectiva te fijas fundamentalmente en lo que los monitores te señalan y te informan, sin que en muchas ocasiones nos permita percibir ciertas bellezas en la naturaleza de las que no sabemos apreciar por desconocimiento, aún más cuando viajas individualmente, aunque no siempre.

Visitando un día la localidad de Fuendetodos, en la provincia de Zaragoza, -no olvidemos que fue donde nació Francisco de Goya-  y, paseando por sus alrededores, observamos una construcción que asimilamos enseguida con un bombo tomellosero. El monitor se nos acercó al darse cuenta del interés que estábamos prestando. Enseguida nos explicaron que tal monumento era un nevero. Ya por curiosidad preguntamos todos los datos sobre este nevero e incluso pudimos entrar en él y comprobar su estructura.

Un nevero, como de su nombre se puede deducir, era una construcción para fabricar nieve y que datan  del siglo tres antes de Jesucristo y que fueron los romanos los que iniciaron su funcionamiento. Los neveros se han venido utilizando hasta que se comenzaron a aparecer las cámaras frigoríficas en establecimientos específicos de producción de barras de hielo y se finalizaron en ambos casos con la aparición de los actuales frigoríficos, ya bien entrado el siglo XX.

En esencia un nevero es una perforación realizada en el terreno que se protege en sus paredes para hacerle impermeabilizante. En su parte superior se encuentran la escalera de acceso para la manipulación. El llenado se realiza trayendo nieve blanda que se introduce en el pozo y se apelmaza y endurece para que ocupe el menor volumen posible y favorecer la producción de hielo. Se van haciendo distintas capas que se van separando mediante materiales aislantes: paja, ramas, hojas, etc. Posteriormente se cortaban los trozos de hielos y se transportaban fundamentalmente por la noche para evitar pérdidas innecesarias.

Las dimensiones de los neveros eran variables, desde los más pequeños a los más grandes. La profundidad podría variar entre tres  a doce metros y el diámetro entre ocho a quince metros. Su forma más común era circular, aunque también conocemos personalmente alguno cuadrado. El techo finalizaba de forma redondeado, a veces cuadrada y generalmente en forma de cono.

Neveros existen distribuidos por prácticamente toda España, la mayoría abandonados y muchos de ellos ubicados en zonas de alguna altitud, aunque en otras zonas reciben otros nombres muy similares: Pozos de la Nieve, Neveras, Pozo de Nieve. En nuestra Región de Castilla-La Mancha solamente existe la referencia al pozo de la provincia de Albacete en la localidad de Alpera y los más abundantes se encuentran localizados en las provincias de Alicante y Valencia.

En aquellos tiempos el hielo se empleaba en distintos usos: como uso terapéutico; para conservacion de alimentos y también como bebida refrescante, como courrió con la bebida llamada aloje, tan popular en lugares de bebidas de tal forma que se dirtribuía por personas conocidas como alojeros.

Como resumen podemos indicar que la utilización del hielo correspondía  a clases sociales más privilegiadas y en algunos casos en ciertas celebraciones colectivas. Me imagino que el resto de gentes seguirían bebiendo agua fresca del botijo.