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Cuadernos Manchegos
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La denominada facción “Palillos” fue un grupo organizado de bandoleros que actuaron principalmente durante la primera guerra carlista al lado de los defensores del reinado del que podría ser Carlos V de Borbón y actuaron a las órdenes de generales de esta opción real. Siempre se les ha calificados como bandoleros, aunque también como guerrilleros, cuando en realidad presentaron los dos aspectos porque durante la defensa de los ideales carlistas se comportaron como guerrilleros, aunque muchas de las numerosas fechorías que cometieron tenían claros tintes de verdaderos bandoleros, mientras que después de la terminación de la primera guerra carlista se comportaron como simples bandoleros.

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Añadiremos que, terminada la guerra de la Independencia con la salida de las tropas francesas de España, y el advenimiento de Fernando VII, se produjo la primera guerra carlista (1833-1840). Muchos de los que lucharon contra los franceses escondidos en las montañas manchegas, prosiguieron con su actitud y se unieron a las tropas carlitas.

Este grupo estaba integrado y dirigido por dos hermanos: Vicente y Francisco Rugero, nacidos y naturales de Almagro y animados por su padre que ya era conocido como bandolero desde hacía muchos años. Ya en 1833 tomaron parte de las tropas carlistas y reunieron un gran número de voluntarios formando un considerable contingente de personas.

Vicente Rugero era un joven que había llegado a ser comandante de las fuerzas reales y se licenció como teniente. Disponía de una gran habilidad en la monta y manejo de caballos y también para el manejo de armas.

Su hermano Francisco se incorporó al grupo cuando ya estaba formado para “acompañar a su hermano”.

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Una vez licenciado regresó a su pueblo en el mismo año en que un jefe de correos declaró en Talavera rey a Carlos V de Borbón. Vicente tomó parte inmediata de la opción carlista y montó una cuadrilla en defensa de don Carlos. Obsesionado y convencido de su idea comenzó a reclutar personas en distintas localidades de los alrededores buscando gentes de menos de treinta años y que supieran montar a caballo y que no tuvieran dependencia directa familiar. Una vez reclutados creó una vestimenta  de uniforme para todos y para disponer de fondos económicos comenzó sus actividades de bandolero asaltando poblaciones  amenazando a los vecinos a las que obligaba a que cubrieran las necesidades de alimentos a sus voluntarios y además les exigía le pagaran el mismo importe que cada uno ingresaba en las arcas reales.

Sus primeras intervenciones datan de finales del mismo año con la interrupción de comunicaciones. El resultado de los combates iniciales no fueron muy positivas, pues tuvieron dos sucesos con los liberales en que salieron perdiendo, teniendo que retirarse con numerosas pérdidas de hombres.

Sin embargo, en diciembre en la batalla de Talarrubias  salió victorioso, pero no así en Granátula de Calatrava donde sufrió numerosas bajas.

Pero uno de los hechos de mayor repercusión fue el ataque que produjo en la localidad de Bolaños, donde los defensores liberales se rindieron y Palillos, en lugar de respetar la rendición comenzó a fusilar, asesinando a unas veinte personas y cometer barbaridades, lo que indujo a que los siguientes pueblos atacados:—Brazatortas y Torremilanos— la población no se rindieran bajo ningún concepto.

 Un intento fallido se produjo en Puerto Lápice donde se presentó con un contingente importante de hombres y amenazó a los defensores de la población, pero al resistirse decidió abandonar el combate.

Con la llegada de las tropas carlistas a las puertas e Madrid, Palillos se encargó de cortar las comunicaciones con la capital.

Ya en ese año-1837- comenzó a perder prestigio entre el resto de fuerzas carlistas y fue depuesto de su responsabilidad de mando, por lo que los Rugero quedaron al margen de estas operaciones.

Importante para el desarrollo de estas situaciones fue el verdadero horror que se produjo en la localidad de Calzada de Calatrava donde quemaron la iglesia con mujeres y niños dentro, lo que condujo a que los liberales tomaron medidas en el combate de Valdepeñas donde murieron unos cuarenta carlistas, entre ellos varios oficiales.

Otro hecho relevante fue el combate llevado a cabo en las proximidades de Ciudad Real, donde las tropas liberales salieron al campo provistos de un cañón para pelear con los bandos carlistas, que finalmente se decidió a favor de estos, haciéndose acopio del cañón, no sin anteriormente haber realizado una verdadera masacre entre los vencidos.

Los movimientos de los Palillos prosiguieron a lo largo del tiempo dirigiéndose a Ballesteros y Torrenueva incendiando los edificios de la población.

Los intensos ataques de las fuerzas del general Narváez, consiguieron debilitar las fuerzas y los ánimos de los bandoleros haciendo numerosos presos, entre ellos a a  Francisco Rugero, hermano de Vicente, que fue fusilado en su propio pueblo.

Narváez propone un indulto a los bandoleros y muchos aceptan la oferta, pero Palillos no se rindió y continuó sus ataques a poblaciones como Ballesteros y Fernán Caballero. Ya, con tantas adversidades intentó buscar apoyo con otras partidas aragonesas que no tuvieron éxito, perdiendo hombres y teniendo que dejar caballos en la huida.

Ya en franca desbandada atravesó gran parte de la provincia llegando a pueblos de Madrid y dejando un testimonio de terror y exterminio enorme como en Quijozna, Perales y El Viso de Illescas, excepto en Madrigalejo donde un pudo intervenir.

En Almonacid de Zorita fue atacado por las tropas isabelinas y allí fue muerto su hijo y muchos otros compañeros, siendo un verdadero fracaso.

Pero el hecho más impactante fue el ataque que realizó a la localidad de Orgaz, donde se realizó una verdadera masacre, con muchos pasados a cuchillo y otros aliviados por trueque, y unas cuarenta personas muertas.

Por su parte las fuerzas liberales pagaron con la misma moneda a las horrorosa brutalidad de la facción de los Palillos, tomando represalias y ajusticiando a numerosas personas, llegando incluso a ajusticiar a la madre de Vicente en Ciudad Real, como también el no respeto de permanecer con vidas a los que se apoyaron en el indulto, porque muchos de ellos fueron muertos también.

Aunque el fin de la guerra terminó con el famoso abrazo de Vergara, el grupo de los Palillos, continuó haciendo sus ataques al mando de Rito Flores, mientras que Vicente Rugero prefirió emigrar a Francia.

Fuente: Internet - Íñigo Pérez de Rada Cavanilles (La partida de Palillos y su estandarte).