Cuadernos Manchegos
Cuadernos Manchegos

La descripción de este personaje siempre me ha resultado curiosa y atrayente, aunque quizá sea uno de los menos conocidos y populares de El Quijote, sin embargo Cervantes establece una serie de hechos que, estudiados detenidamente, representan varias facetas del ser humano y de su determinación  con las acciones de las personas según su propio interés.

La narración de los hechos ya  aparecen en la segunda parte de la obra y afectan a los capítulos LII,LIV,LVI y LXVI.

La acción y su desarrollo transcurre casi totalmente en el castillo de los duques donde se encuentran Don Quijote y Sancho Panza alojados. Ambos, la duquesa y el duque, tienden numerosas trampas a don Quijote siempre con el afán de divertirse a su costa y disfrutar  con el ridículo que le quieren hacer pasar.

Así, en un principio, la dueña  María Rodríguez y su hija plantean ayuda a don Quijote para que interceda  para hacer cumplir la promesa que un hijo de un labrador rico ha prometido a su hija de casarse con su hija,  por haber complacido al ricachón y después haberla prometido casamiento.

Don Quijote accede a establecer un combate con el tal personaje y si él gana le obligará a casarse con su hija.

Esta situación es aprovechada por los duques para planear una estrategia que permita disfrutar y reírse otra vez de don Quijote y el duque le promete que el desafío al reto le será transmitido al interesado para que acuda al combate,  evitando así que lo hiciera el mismo don Quijote que se había comprometido a hacerlo él mismo y así poder preparar mejor el acontecimiento de risa que pretenden.

Parar ello preparan un combate en toda la regla y, en vez de que acuda el villano que ha prometido casarse, echan mano de un criado, a su lacayo Tosilos, al que incluso le obligan y le preparan en el uso de las armas, porque el bueno de Tosilos no es especialmente diestro en su uso. Convencen a don Quijote que el combate se realice sin armas mortales y se quiten las flecha de las puntas de las lanzas para evitar males mayores.

Una vez preparado el combate en el campo, con toda la parafernalia exigida para este tipo de acciones, aparecen  cada uno con sus vestiduras: don Quijote y el lacayo Tosilos y, ya dispuestos a empezar el ataque, es cuando Tosilos se retracta del combate y le indica al maese de campo que no es necesario pelearse, porque se casa voluntariamente con la hija de doña Rodríguez.

El tal Tosilos había visto anteriormente a la hija y quedó prendado de su belleza y quiso aprovechar esta oportunidad para poderse casar con su enamorada.

Por su parte don Quijote vio una verdadera gallardía el hecho de hacerlo sin batallar y quedó satisfecho con la propuesta del lacayo, sin saber que lo era. Sin embargo, los duques no tenían la misma opinión porque se había perdido la distracción que querían presenciar, de tal forma que recluyeron al lacayo Tosilos durante un tiempo, no sin antes haber recibido una serie de palizas por haber desobedecido a sus amos, asunto de que don Quijote no llegó a tener cocimiento inmediato.

Los hechos resumidos y extractados son los que hemos expuesto y que se presentan a través de los capítulos enumerados, aunque no todos los capítulos hablan enteramente del hecho, salvo en el capítulo LVI.

Curiosidades

En mi modesta opinión Cervantes describe la obediencia de los sirvientes en aquel entonces, que era ciertamente total, porque el acto de desobediencia de Tosilos fua castigado severamente y siguió siendo lacayo de los duques, incluso con conformidad, o mejor dicho, sumisión.

También trata de indicar la labor de descaro en el respeto de los personajes al querer siempre tener la intención de ridiculizar a don Quijote.

Para el lacayo, se le trata como un oportunista y aprovechado, que podríamos definir finalmente como haberse pasado de listo, pensando que conseguiría casarse con la hija de doña Rodríguez y le salió mal la jugada.

Comentarios

 Es bien clara la intención de Tosilos de intentar casarse con la hija de la dueña Rodríguez cuando dice al maese de campo:

“-Pues yo -dijo el lacayo- soy temeroso de mi conciencia, y pondríala en gran cargo si pasase adelante en esta batalla; y así, digo que yo me doy por vencido y que quiero casarme luego con aquella señora.”

Y no es menos dudosa la contestación de la hija de la dueña Rodríguez, al ver al descubierto la cara de Tosilos:

   “-Séase quien fuere este que me pide por esposa (que yo se lo agradezco); que más quiero ser mujer legítima de un lacayo que no amiga y burlada de un caballero; puesto que el que a mí me burló no lo es.”

 Y ya en el capítulo LXVI, en un encuentro casual con Sancho y don Quijote, el pobre lacayo describe su final de esta narración:

                “…Yo pensé casarme sin pelear, por haberme parecido bien la moza; pero sucedióme al revés mi pensamiento, pues así como vuesa merced se partió de nuestro castillo, el Duque mi señor me hizo dar cien palos, por haber contravenido a las ordenanzas que me tenía dadas antes de entrar en la batalla, y todo ha parado en que la muchacha es ya monja, y doña Rodríguez se ha vuelto a Castilla,…”