Cuadernos Manchegos
Cuadernos Manchegos

Es imposible no querer comprender que la explosión demográfica de Tomelloso, su desarrollo  y progreso de su economía puede asimilarse con una planta que merecería el mayor monumento histórico de la localidad y que, sin embargo no hemos visto representada en ningún espacio, monumento o reconocimiento en toda la localidad nada que nos haga recordar que Tomelloso es, ha sido y, además garantizo, que será y dependerá de una planta tan querida y al mismo tiempo tan ignorada como la viña, las cepas que decimos en Tomelloso, porque no olvidemos que el vino, el alcohol, los mostos, el vinagre, los vinos espumosos en todas su variantes, todos proceden de las uvas, pero las uvas no son nada más que lo que nuestras cepas son capaces de proporcionar, por lo que en consecuentemente las cepas son nuestras primeras madres.

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No es necesario recordar la historia de nuestro pueblo, de nuestros primeros pobladores, de la evolución de nuestra población, pero es que esas situaciones hay que desviarlas en este caso, cuando nos estamos refiriendo de lo que  Tomelloso ha vivido y seguirá viviendo y ni es otra cosa que la viña, porque ha sido y seguirá siendo la base agrícola, económica y social de nuestra población.

A la viña tenemos que agradecerle todo. Ha sido amiga, compañera, alma de nuestros trabajos y quehaceres, compañera y a veces un poco perezosa, defensora de nuestros recursos, de nuestra dependencia familiar, de nuestras esperanzas, de nuestro futuro y de nuestra prosperidad y, sin embargo, no estamos suficientemente agradecidos de una planta tan benefactora que nos agradece todo lo que hacemos por ella, que es  la única que nos entiende, porque cuando la ayudamos más, ella sabe que tiene que esforzarse en agradecérnoslo, porque se da cuenta que necesita echarnos un cable en algunas campañas y por eso se esmera,  y aunque en varias ocasiones necesitaría alguna mejora más, aun así no protesta, no se queja, ni se molesta, simplemente nos comprende y se adapta a la situación presentándose a nuestra vista como si quisiera indicarnos lo bien que se porta con nosotros, que nos entiende, que ha sido capaz de adaptarse a nuestras tierras sin  pedir nada a cambio y que bastante ha hecho por agradecernos con sus pocas posibilidades los cuidados que con ella hemos tenido, porque la viña, o mejor dicho, la cepa ha pasado, y sigue pasando, muy malos momentos debido fundamentalmente a la falta de alimento y sustento necesario para poder desarrollarse como ella querría y, sin embargo, a pesar de estar escasa en sus necesidades, siendo pobre y con pocos recursos ha sabido darnos su compensación durante tantos años, con un cariño tan grande que en otras zonas no ha correspondido, pero conocedora cada cepa del esfuerzo que los tomelloseros  siempre han realizado, las cepas de nuestra tierra han sido muy agradecidas y han querido compensar los enormes esfuerzos de sus agricultores para, dentro de sus posibilidades, asegurar un futuro a largo plazo que hoy en día sigue produciendo la base económica de  nuestra población.

Queremos con este artículo dar un inmenso agradecimiento al personaje de la cepa que ha sabido comprender la necesidad de una población y se ha comportado con nosotros de la misma forma que los tomelloseros han querido a sus cepas y ha resultado un agradecimiento tan mutuo, tan unido, que ningún tomellosero debería olvidar en sus oraciones a esa planta tan necesaria y tan agradecida que ha sabido compensar a los agricultores de Tomelloso su pasión y su gran esfuerzo por tenerla cariño, cuidarla, mimarla, dando como respuesta su aportación a esos cuidados y esmero que ha sabido compensar el sacrificio esfuerzo y laboriosidad de una población que debería nombrarla como patrimonio municipal que es la cepa, a la que el pueblo de Tomelloso ha sabido cuidar mimar y lo ha agradecido como se merece, cuidándola y teniéndola el cariño que se ha ganado a pulso;  una planta que casi se comporta como humana. Porque las cepas tienen sus propios sentimientos, sufren cuando las falta agua o alimento, sufren cuando le atacan las plagas y las enfermedades, sufren cuando el clima, los pedriscos, las heladas le hacen tener que trabajar con mayor esfuerzo para seguir teniendo su propia personalidad y, aunque no pueden hablar, sí señalan sus dolencias o su valía, tanto en los momentos difíciles como en aquellos en que se cumplen todas su necesidades.

 Las cepas no son esos troncos más o menos envejecidos, todos sabemos que la vida de una cepa se encuentra en sus raíces, que son más importantes o incluso más que el sol, porque la alimentación a una cepa la proporciona sus raíces y la buena asimilación de alimentos y la digestión la realiza el sol y las temperaturas.

Reciclar más. Mejor. Siempre

En definitiva una cepa es un ser vivo que tiene sus más y sus menos como cualquier ser humano y debe tenerse un sentimiento especial y a ser posible hablar con ellas, porque recuerdo a un tomellosero, que estaba podando una cepa que no encontraba en buen estado, y se dedicó con especial atención a arrimarla el goteo, luego le echó azufre especial y le hizo una poda corta y la dijo: “Dese luego no te puedes quejar, he hecho todo lo que he podido. Pórtate bien que tenemos que estar juntos muchos años” (hecho  y expresión verídica).