Virgen de las Viñas Tomelloso
Cuadernos Manchegos
Cuadernos Manchegos

La industria tinajera en relación a las elaboradas y conocidas como de barro con arcilla comenzó en la Edad de Hierro con las famosas vasijas llamadas pithos, pasando por las distintas épocas romanas y resto de civilizaciones fundadas en la utilización de la arcilla en la elaboración de los distintos tipos de tinajas. Como todos sabemos las tinajas han sido siempre utilizadas para el almacenamiento de líquidos en las de mayor capacidad y para ciertos alimentos para las de menor capacidad, aunque también para otros usos más luctuosos.

La expansión de tinajas en nuestra zona se produjo de forma más llamativa desde su utilización para la fermentación de mostos y elaboración de vinos que en Castilla-La Mancha produjo una revolución en la continuidad de almacenamiento de mostos para fermentación, en una época en que se amplió la necesidad de consumo de vinos de otras regiones y países, lo que produjo una mayor demanda de nuestras caldos y un proceso dinámico de gran repercusión y evolución económica para Castilla-La Mancha que indujo a una incremento de las plantaciones de viñedo en nuestras zonas típicas de cultivos de la vid.

Durante este proceso se incrementó la producción de tinajas en las distintas localidades y que en nuestra zona se produjo el abastecimiento de dos poblaciones: Colmenar de Oreja, municipio de la provincia de Madrid y Villarrobledo de Albacete, de tal forma que en la primera localidad en 1916 existían 50 hornos y en Villarrobledo se llegó a la cifra de 72.

A partir de los años 30 la disminución fue considerable puesto que en Colmenar se llegó a disponer en el año 1960  de simplemente dos hornos y actualmente existe uno.

En nuestro aprovechamiento de la época de la elaboración de vinos surgieron distintas empresas en la producción de tinajas de barro que tuvieron su apogeo hasta los primero treinta años del siglo XX en la que fueron sustituidas por envases de cemento.

Las tinajas de barro producidas en los distintos hornos y alfarerías, se atribuían con las formas elipsoidales, con su esférica dona ventral (panza) y terminadas en su parte inferior de forma ancha o más afilada.

Durante gran parte de esa época se distinguieron numerosas empresas de fabricación, siendo las más conocidas en nuestra región las ya mencionadas anteriormente, aunque indudablemente existieron otras empresas para tinajas de cierta capacidad como por ejemplo en Arroyomolinos de Montánchez y otras regiones en Extremadura, y ciertas localidades como Lucena, Montilla, Castuera, Triana, Úbeda y Cortegana, como las más representativas.

En nuestra comarca las más utilizadas han sido las de 100 arrobas hasta las de 350 arrobas como máximo y se mantuvieron instalando hasta aproximadamente 1920-1930 donde fueron sustituidas por las de cemento.

Este proceso produjo la desaparición de las tinajas de barro como lugares de fermentación de mosto y elaboración de vinos, sin que existiera una razón suficientemente técnica que indicara una mejor calidad de los vinos obtenidos por ambos tipos de tinajas, lo que durante más de un siglo se ha seguido pasando a otras elaboraciones en envases metalizados.

Sin embargo en los últimos años la propuesta de determinar la calidad de los vinos obtenidos en fermentación en tinaja de barro, ha ganado en adictos e incluso se han programado investigaciones técnicas específicas que finalmente demuestran que la calidad de los vinos obtenidos en tinajas de barro y posterior envejecimiento en barricas de roble aportan unos parámetros sensoriales de gran calidad y distinto comportamiento, cuyos estudios se encuentran avalados por el proyecto de investigación apoyado por el  Ministerios de Agricultura, Pesca y Alimentación, denominado Govalmavin, realizado duarte los años 2018 a 2020.