Cuadernos Manchegos
Cuadernos Manchegos

Es indudable que las fiestas en Castilla-La Mancha son numerosas y como en todas las poblaciones cada una tiene sus propias particularidades, aunque en general muchas de ellas son comunes en cuanto al hecho en sí de la celebración, pero existen variantes y modalidades que, aunque comunes, les hacen diferentes por sus específicas formas de organizarlas. Muchos de los festejos  son derivados del patrono o patrona de la localidad que se suele desarrollar mediante una romería donde se transporta a la imagen del santo o santa de la ermita al pueblo o viceversa. De igual forma es generalizada las fiestas de determinados asuntos como por ejemplo el caso de San Isidro y en el grupo podríamos incluir las fiestas de Semana Santa, las de Navidad y las festividades de las épocas de recolección: vendimia, recogida de aceituna y otras como conmemoración de actos, hechos o acciones importantes ocurridas en tiempos pasados.

Libro Cuevas de Tomelloso

En estos artículos vamos a  repasar algunas fiestas actos o hechos festivos que son particulares y específicos de algunas poblaciones que es posible que sean ya conocidos sobradamente por muchos de nuestros seguidores y hasta hartamente divulgados, pero que nos parece interesante recordarlos y dejarlos grabados en nuestros archivos, especialmente por su singularidad.

Por desgracia no hemos tenido la oportunidad de estar presentes en algunos de ellos, pero eso no quita para que los podamos recordar y establecer como peculiaridades de nuestras costumbres.

Hemos comenzado con la especial y peculiar fiesta religiosa de “La Borricá”.

Esta famosa y conocida fiesta está calificada como de Interés Turístico Regional desde el 2014 y se celebra todos los martes de carnaval en la localidad ciudadrealeña de Torrenueva.

Reciclar más. Mejor. Siempre

Esta fiesta de carácter religioso data del siglo XVII, basada en las Constituciones de la cofradía de las Benditas Ánimas del Purgatorio de 1694 y a las de la Hermandad de Nuestra Señora de la Cabeza y Jesús Bendito de 1718 y el motivo de su celebración es como consecuencia de la promesa que realiza una persona por algún  asunto desafortunado o por cualquier causa salvadora de acontecimientos lúgubres o desgraciados y está dedicada a las Santas Ánimas del Purgatorio y a tal responsabilidad se conoce como “correr la bandera”.

Está muy arraigada en la población y la participación de las personas y el desfile de los caballistas dan gran colorido y vistosidad a la fiesta dentro de su carácter religioso.

La persona que hace la promesa se  denomina “Abanderado”, que es el responsable de la “Bandera de las Ánimas” y esta persona representa al resto de la localidad en ese año.

El proceso de los actos es como sigue:

A las ocho de la mañana la bandera de las ánimas se coloca en la puerta, ventana o casa del colaborador que ha hecho la promesa.

A las doce se produce la Misa de Difuntos.

A las dos el abanderado recoge la bandera y en caballo, y acompañado de más caballistas, van a la iglesia donde se celebra un responso.

Celebrado el responso el abanderado, acompañado del caballista con el bastón de mando que porta algún familiar y del tamborilero recorren todas las calles del pueblo rezando y recibiendo los agasajos culinarios de los vecinos, con toda la gran participación  y acompañamiento de los caballistas y durante todo el recorrido van parando en las ermitas del pueblo y en algunas casas donde haya alguna persona enferma.

A las cinco de la tarde se hace la ofrenda de la bandera al párroco y se da por finalizada la promesa y termina el recorrido en el cementerio.

Junto a estos actos el colaborador se compromete a invitar a todos los vecinos a productos típicos de la localidad entre ellos: buñuelos, sequillos, nevaditos, borrachuelos, rosquillas, barquillos, mazapanes, flores, además de aperitivos de salado: frutos secos, altramuces, guijas aceitunas y otros, todo ello apoyado por la típica y característica “limoná”.

Durante todo el recorrido los caballistas van  admitiendo invitaciones de dulces y aperitivos. Al final los donativos son entregados a la iglesia por los que llevaban “bandera de promesa”.

La bandera llamada “Bandera de Ánimas” va con fondo negro y una calavera amarilla. Por su parte los caballistas también llevan un pañuelo también negro al cuello.

La razón de llamarse “la borricá” es como consecuencia de que, por ser muy antigua, la tradición marcaba que el recorrido se realizaba montados sobre mulas y borricos, que era lo que abundaba en aquel entonces.

El final de la fiesta culmina con la quema del  muñeco “pelele”, que representa las malas almas.

Todo el pueblo se convierte en un total adorno festivo con las banderas negras de bolsillo, los pañuelos, los mandiles de las mujeres y así como también los animales que se adornan especialmente, llevando el caballo un petral con campanillas, una manta peculiar y las colas adornadas con  cascabelillos.  Es impresionante ver pasar a la gran cantidad de caballistas que se presentan por las calles, así como el respeto religioso.

En la misma localidad existe un monumento ecuestre que representa el abanderado con su bandera correspondiente, que se mantiene enganchada hasta el día de martes de carnaval.

En definitiva es un acto festivo donde participa todo el pueblo  que implica religiosidad, fiesta social y convivencia y que también se extiende a localidades próximas.