Cuadernos Manchegos
Cuadernos Manchegos

Cuéntase que se cuenta, cuéntase que ocurrió que los pulgones habían afectado  las plantas y existía un importante foco en la zona próxima al hidrante. Las matas denotaban un débil crecimiento y mostraban un claro decaimiento de la vegetación. Habíamos recorrido con el técnico detenidamente toda la parcela y encontramos tres focos definidos y nuestra creencia es que iba a proliferar aún más, favorecido por el tiempo reinante. Fuertes temperaturas diurnas y escaso diferencial térmico entre la noche y el día.

Día de la Constitución 2021

Así las cosas nos planteamos el recurrir a una serie de tratamientos encaminados no ya a eliminar la plaga invasora, sino a intentar conseguir que no se extendiera. Los focos eran importantes y  la invasión de las primeras plantas había llegado a tal intensidad que era muy posible que los pulgones ampliaran su zona de actuación en breve, por lo que recomendamos al agricultor varias soluciones.

No estábamos muy seguros en realizar un tratamiento radical, porque podría ocurrir que los ataques posteriores fueran cada vez más selectivos y podríamos perder eficacia. Por otra parte no cabía duda que la progresión de los ataques sería rápido a corto plazo y que, además, la aceleración de las generaciones se realizaría en menor número de los días normales previstos para este tipo de plagas. De esta forma el técnico de la casa comercial me indicó que realizara un tratamiento con un producto de contacto a la zona alrededor de los focos más atacados y un producto sistémico para el resto de la parcela.

El agricultor se mostraba preocupado por el tema y aunque el consejo le pareció bien, seguía preguntando que podría pasar después. Lo cierto es que la propagación podía ser importante y en aquel entonces la gama de productos era relativamente restringido. Preguntó si podría haber alguna otra solución y el técnico intentó darle todo tipo de explicaciones sobre la forma de propagación de estos especiales insectos. Fundamentalmente le indicó que los focos que tenía suponían los primeros pulgones del año que, en principio, su ciclo era más lento que las generaciones  de verano sucesivas, o dicho de otra manera, le trató de informar que el foco de contaminación lo tenía ya en la parcela y era muy fácil que en breve se extendería totalmente.

- O sea, que muerto el perro se acabó la rabia—sentenció el melonero después de esta explicación.

Reciclar más. Mejor. Siempre

- Más o menos - le contestó el técnico.

Terminaron la visita y el experto apuntó en una nota al agricultor los productos a emplear, dosis y época de realizarlos y quedaron en volver a los pocos días a valorar el efecto de los productos.

A los diez días volvió a  acercarse a la parcela en cuestión, especialmente extrañados de que el agricultor no hubiera comunicado nada, por lo que cabía pensar que el producto aplicado habría tenido un resultado exitoso. Llegó a la parcela y desde la linde pudo contemplar los resultados de su asesoramiento en la aplicación.

Cero, patatero. El agricultor no había hecho ni caso. Sólo pudo contemplar que, donde estaban localizados los tres focos de ataque, estaban yermos, desiertos, no había ni una planta de melón y al acercarse a uno de ellos pudimos comprobar cómo estaba el rodal calcinado, con síntomas de haber sido abrasado.

Cuando se dirigía al segundo punto de infección, apareció el dueño de la parcela y dijo:

- ¡Ea! ¿Qué le parece? Ya le dije muerto el perro se acabó la rabia - exclamó orgulloso el agricultor, extendiendo la mano y mostrándonos los efectos de su trabajo.

- Pero… ¿Qué has hecho? - preguntó, ya totalmente intrigado.

- Pues… ¡Qué voy a  hacer! Cogí unas pacas de paja, rodeé el rodal de plantas en los tres sitios y las prendí fuego. ¡Fuera pulgones! - exclamó entusiasmado.

Desde ese día aprendimos un sistema muy ecológico de eliminar plagas del melonar, sin necesidad de acudir a técnicos ni expertos en la materia.

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El fuego es un eficaz insecticida

Melonar