Cuadernos Manchegos
Cuadernos Manchegos

Cuéntase que se cuenta, cuéntase que ocurrió que dos mujeres tomelloseras se encuentran en la calle, se saludan y dialogan de la siguiente manera:

- ¿Hola, María, ¿de qué andas?

- Chica con este calor ya no sé qué hacer. Hace un rato he visto a Alejandra, la del tío Cándido “ El Arropao”, que larga mucho, aunque siempre tiene prisa,  y me ha dicho lo mismo, así que me voy a casita  a refrescarme un poco.

- Pero…,¿a qué Alejandra te refieres?

- Sí, mujer, sí, ¿cómo no vas a conocerla? La hermana de Julia, la de la tienda de los juguetes, que se casó con Daniel, el primo de tu tía Laura, la mujer de Nicolás; esa que vivía en la calle del Infierno, pero … ,¿no te acuerdas?

- Pues…,  ahora estoy perdida. Como no sea la cuñada de mi primo Eduardo, la que se quedó viuda muy joven y luego se enganchó con otro y que, por cierto son muy felices, porque además se han comprado un piso en Alicante y están más allí que aquí.

- Pero… ¿qué va a ser? Que no, que no,  que andas poco espabilá. Mira, la Alejandra estuvo de novia con Jaime durante muchos años, pero se rejuntó con un chapista de La Solana y se fue a vivir allí. Te acordarás porque se armó un revuelo de miedo en todo el pueblo. Y la buena Alejandra se enganchó a Eusebio, buena persona el hombre donde los haya, y… ¡oye! que han sido muy felices. Bueno, pues como te iba contando…

- Pero, esa Alejandra no fue la que se metió de Presidenta en la Asociación de Mujeres y duró tres meses justos, porque no había quien la aguantara.

- Que no, que no, esa que tú dices fue la de Juan, el mayoral de la Casa del Landrusco, el marido de la señora Amalia, allá en la Cañadilla y que, por cierto…, lo han vendido a unos de Membrilla, que se han quedao con tó. Bueno, terminemos, a ver si te ajustas: la que yo te digo es la que vive al otro lado de la calle de tu hermana, la Regina, en la esquina de la tienda de las golosinas de la Juliana, “La Retocá”, que ya sabes lo que se arregla, que parece que va de boda todos los días. Pues en esa casa, que era de sus padres, se metieron a vivir cuando se casó con un tal Ricardo, un hombretón de pelo en pecho, agricultor pichulero con cueva grande en la casa y que eran un montón de hermanos y que, por cierto, uno de ellos…

- Que sí, que sí, que ya caigo, ¿cómo no voy a conocerla? Pero si precisamente el otro día estuve hablando con el hermano de mi marido y resulta que es prima hermano de Romualdo, “El Enquistao”, que ya murió el hombre hace unos años y, mira por donde, es primo segundo de mi marido.

- Vaya, sí que has afinado; pues nada, que tengo prisa, dale recuerdos a tu marido y a ver si nos vemos más a menudo.

- ¡Ojalá!  Pero ahora no puedo, estoy muy ocupada con los nietos, porque como Jorge y Pilar trabajan me los dejan estos días que ya no hay colegio y claro…

- ¡Ah!, pero tienes dos nietos, pues chica es la primera noticia que tengo ¡Que callao te lo tenías!

- Si son mellizos y muy salados, el capricho de mi marido que está loco con ellos.

- Pues me alegro, chica, ¡qué suerte tienes! Yo no disfruto de ellos, porque Juan está muy lejos y vienen muy de cuando en cuando.

- Pues, chica es una pena, porque mi Jorge y Pilar tienen la suerte de poderlos disfrutar más a menudo y es que,  claro,  como tu Juan tuvo que irse a vivir donde la familia de su mujer, pues…

- Bueno, bueno Adela, que me alegro de verte, que tengo que acercarme a la panadería de  “el Verdoncho”, que me tiene preparado unos pasteles para mi cuñado que le gustan con locura.

- ¡Pues, chica! Yo voy a la pastelería de Zalamero que te chupas hasta los dedos y, además, desde que se ha emparejao de nuevo, parece que mejoran los sabores ¿Qué la habrá hecho la Silvina para endulzarle tanto!

- Pues te lo puedes imaginar, cuatro toques y aviao.

- Si ya le dije a Calixto, mi primo, que es muy amigo suyo que ya vería como se apañaban.

- Bueno que llevo mucha prisa y se me está haciendo tarde.

- ¡Bueno! ¡Bueno! Hasta pronto y saludos,

- ¡Hala! Pues, adiós.

TODO EL PUEBLO ES FAMILIA MÍA