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Cuadernos Manchegos
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El sector de la producción local y sostenible, tanto agrícola, como ganadera y pesquera, está perdiendo en esta crisis sanitaria buena parte de su mercado debido al cierre de sus canales habituales de comercialización, como mercados tradicionales, hostelería o comedores escolares, y a las inmensas dificultades que encuentra para su distribución a las familias que habitualmente consumen sus productos. La Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos (COAG) establece que unas 25.000 explotaciones agrícolas se están viendo ya afectadas por esta situación.

Aun compartiendo que, indiscutiblemente, la salud es la cuestión prioritaria en este momento, no se puede obviar que esta situación está provocando, también, no solo un importante perjuicio económico para el sector, afectando sus modos de vida, sino el incremento del desperdicio alimentario (perdiéndose producción no distribuida) y, lo que es más grave, que no lleguen a la ciudadanía alimentos básicos frescos, más sanos frente a los procesados.

En el sector pesquero tradicional, el cierre de la restauración ha hecho que sectores como el marisqueo estén completamente parados. En otros, no se pueden mantener las medidas de distanciamiento y se han tenido que paralizar las flotas, haciéndose ERTES en algunos puertos y echándose el cierre en otros. La falta de afluencia a los mercados tradicionales hace que los precios bajen tanto que está siendo inviable económicamente salir a pescar.

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés) alertó hace unos días que, a partir de abril y mayo, se esperan interrupciones en las cadenas de suministro alimentario a nivel mundial y que este problema, como siempre, afectará especialmente a las personas más vulnerables. Garantizar hoy que el sector agrícola, ganadero y pesquero local y sostenible siga funcionando es una apuesta de futuro.

“La grave crisis sanitaria a la que nos enfrentamos puede convertirse en una crisis en el campo si no se destinan los apoyos suficientes a la pequeña y mediana producción de alimentos”, ha afirmado Luís Ferreirim, responsable de agricultura de Greenpeace España. “Más que nunca, la España rural, ya gravemente debilitada, necesita un fuerte apoyo para seguir garantizando el suministro de alimentos saludables y sostenibles hoy y en el futuro”, ha concluido Ferreirim.

Para poner en valor los productos alimentarios locales y sostenibles durante la crisis sanitaria del COVID-19, Greenpeace lanza hoy una carta abierta de apoyo al sector agrícola, ganadero y pesquero local y sostenible, invitando a todas las organizaciones y entidades que lo deseen a sumarse para demandar, en el marco del Día Internacional de la Lucha Campesina, que se celebra el próximo 17 de abril, medidas de protección para este sector. Unas medidas que pasan, entre otras cosas, por desarrollar un entorno normativo propicio, el fortalecimiento de las organizaciones y plataformas de pequeña producción sostenible, su promoción y acceso a los mercados y el incremento de la inversión para este sector, ya tradicionalmente perjudicado, frente a la agroindustria.

Esta carta, cuenta ya, desde su inicio, con el respaldo y apoyo de organizaciones como: ASOAR_ARMEGA; ASOCIACIÓN VALOR ECOLÓGICO, ECOVALIA; Bionekazaritza; Cooperativa de pescadores de San Cristóbal, s.l.; Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos (COAG); Ecologistas en Acción; Ecologistas en Acción de Sanlúcar de Barrameda; EHNE Araba; EHNE Bizkaia; EHNE Gizpukoa; EHNE Nafarroa; ¡La Colmena Que Dice Sí!; Consejo de Agricultura y Alimentación Ecológica de Euskadi (Ekolurra); La Ortiga, Cooperativa de Consumo Ecológico de Sevilla; La Xarxeta. Xarxa de pageos i pageses agroecoligics de Catalunya; Red de Semillas “Resembrando e Intercambiando”; Sindicato Labrego Gallego (SLG); Unión de Pequeños Agricultores (UPA) y la Xarxa De Consum Responsable.

Para hacer frente en un futuro cercano a otras emergencias como la climática o la crisis de biodiversidad, es fundamental un cambio radical del modelo productivo y, en particular, del sector agroalimentario. Según el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés), las emisiones de gases de efecto invernadero del sector agroalimentario, en su conjunto, son ya entre el 21% y el 37% de las emisiones globales totales. Esto se debe en gran medida a un modelo agroalimentario cada vez más industrializado, donde la pequeña y mediana agricultura tiene poca cabida, a pesar de que cuida de la naturaleza y garantiza el suministro de alimentos y un mundo rural vivo, fijando la población en el territorio. Hasta la década de los 60, el sector agrícola fue el soporte principal de la economía a nivel del estado español, pero actualmente emplea sólo alrededor del 6% de la población activa.

“La España rural y sostenible que, pese a todas las dificultades sigue abasteciendo nuestras despensas en tiempos de crisis, merece también, sin duda, el aplauso y apoyo de la sociedad en su conjunto”, concluye Ferreirim.