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Cuadernos Manchegos
Cuadernos Manchegos

El primer concierto de cada nueva edición de Universal Music Festival. La Experiencia Musical de Madrid, siempre es especial. No solo porque inaugura este anhelado ciclo de emociones que rebrota cada verano en el escenario del Teatro Real de Madrid, también porque supone un reencuentro entre el público y el festival, entre la audiencia y los artistas. Después de dos años de parada forzosa, la cita de apertura de esta sexta edición se perfilaba incluso más significativa. Por las ganas acumuladas, sin duda, pero también por el indudable componente simbólico de la misma.

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Cuando se supo que Manuel Carrasco sería el encargado de levantar el telón de Universal Music Festival 2022, las expectativas se multiplicaron todavía más y de forma exponencial. Al fin y al cabo hablamos de un artista completamente transversal y decididamente popular, con una amplia trayectoria en la que no ha dejado de consolidar su romance con el público a ambos lados del Atlántico. Desde hace tiempo solo actúa en estadios y grandes recintos, así que este concierto –incluido en la gira “La Cruz del Mapa (Hay que vivir el momento)”– se antojaba único en sentido estricto.

Adaptando parte del montaje del tour al espacio del Teatro Real –un despliegue imponente que multiplica el hipnótico efecto de las canciones– y secundado por una banda más que efectiva, el onubense demostró que el nombre de esta gira no es capricho y que está dispuesto a aprovechar cada segundo sobre el escenario como si fuera el último. “Venimos a despeinarnos”, advirtió, al poco de empezar. No mentía. El público –que llenó el teatro en esta primera jornada– dejó claro que también iba a darlo todo, y le acompañó sin reparos. La actuación alcanzó enseguida una considerable velocidad de crucero gracias a la terna “Hay que vivir el momento”, “Tambores de guerra” y “Aprieta”. Y ya no bajó de intensidad, atravesando distintos estados de ánimo y de territorios sonoros.

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Manuel Carrasco conduce el espectáculo con inteligencia, revisando la mayoría de los hitos que jalonan su discografía –como “Los primeros días”, “Déjame ser” o “Ya no”– con su banda rindiendo en plenitud. Pero también se queda a solas con la acústica para interpretar “Entiendo”, el pasodoble “Por anchos que sean los mares” –fue su ofrenda del Día de la Madre–, “El aire de la calle” y una “Soy afortunado” sin amplificar, lejos del micro, desde el filo del escenario. Cuando se sentó frente al piano para acometer “Mi Madrid” y “Prisión Esperanza”, la emoción fue completa.

Cada nueva pieza que va sumando al repertorio es una victoria. Y como su actitud sobre la tarima es ajena a cualquier impostura, establece una conexión con el público de verdad extraordinaria, que le permite cuajar casi dos horas y media de concierto sin caídas de tensión ni pérdidas de ritmo, firmando un tramo final apoteósico en el que incluyó un homenaje a Madrid por bulerías, antes de culminar la velada con “En el bar de los pesares” y “Qué bonito es querer”.

José Buitrago

Alicia Valentín Abogados