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Cuadernos Manchegos
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La ubicación geográfica que disponemos en Tomelloso, dentro del panorama del mapa general poblacional, no podemos decir que es de las más agraciadas de España.

La particularidad de ser terrenos llanos y sin haber tenido nunca ríos que hayan circundado con abundancia nuestro término ha producido que las tierras no se hayan ido alimentando de arrastres de otros tipos de calidades de tierras, especialmente motivado por la extensa llanura que ocupa nuestro término municipal que realmente tiene pocas particularidades en todos sus perímetros.

Así, por hacer alguna comparación que sea más comprensible, si partimos que la altitud del centro del Tomelloso como núcleo urbano es de 662 metros, podemos decir que en la única orientación que la altitud va evolucionando hacia una mayor altura está orientada al sureste del término por la zona conocida como Cerro Novillo que alcanza 785 metros de altitud, es decir, una diferencia de 100 metros y que igualmente hacia el centro de esa zona oriental, también la altitud asciende con una cifra que en el paraje El  Vínculo llega a 692 metros, por lo que podemos decir que la zona oriental del término asciende de altitud de forma generalizada, aunque no muy acusada, mientras que tanto la zona norte del término, como por ejemplo La Cubeta o Río Záncara(como es lógico al ser cauce de río) nos encontramos con 652 metros y si nos dirigimos hacia el oeste, la llanura se hace más evidente por encontrarnos con parajes como Don Víctor con 658 metros, El Pilón con 643 metros y Malaño con 654 metros de altitud.

Si añadimos las distancias  de puntos correspondientes a estas altitudes encontramos unas cifras clásicas de cualquier llanura.  Así, en 22 kilómetros de distancia (que es la máxima que disponemos dentro del término desde el núcleo de población) en la carretera que se dirige a Pedro Muñoz y hasta La Cubeta, la altitud disminuye en 10 metros, que supone una cifra mínima en pendiente pues resulta del 0,05 por ciento pasando a la máxima hacia el sureste no llega al 0,5 por ciento.

Esta disposición es posible que diga poco en relación con las tierras dedicadas a cultivos, pero sí marca la posibilidad de desarrollo en condiciones de muchas de las plantas que cultivamos.

De esta forma la zona oriental del término es más adecuada para nuestros cultivos tradicionales y queremos añadir que independientemente de si se trata de cultivos con riego o de secano, porque las plantas funcionan no por el aguas que le suministramos(porque también viven en secano), sino que en definitiva quedan condicionadas por el tipo de suelo y los baremos de orden climatológico que es lo que llamamos adaptación al medio que particulariza las posibilidades a largo plazo de ciertos cultivos, especialmente para los cultivos leñosos, ya que los de carácter herbáceo: cereales, cucurbitáceas, hortícolas se les puede reforzar y llevar adelante de forma artificial pero suficiente, que es lo contrario que ocurre con los leñosos: olivar, viña, almendros, pistacho.

Otro de los aspectos que marcan con evidente claridad nuestro término municipal, que son más o menos coincidentes con los términos próximos, es la lejanía de zonas de mayor altitud. Explicado de otra forma es la gran distancia a zonas de sierras, montes o montañas que induzcan y provoquen el movimiento del aire, que son los que provocan el movimiento de nubes, la disminución de la temperatura y la llegada de lluvias en las época del estío. Indudablemente los pocos días de verdadero viento no existen prácticamente en nuestra zona y los pocos que disponemos son  provenientes de otras zonas y no generados en nuestro entorno. El cierzo, ábrego, solano y lebeche tampoco favorecen en exceso la presencia de lluvias y además son escasas con una precipitación media anual de 432 metros cúbicos al año, que son fácilmente disimuladas por un coeficiente termométrico de insolación tan abundante que hace que, aun lloviendo, el ambiente de sequedad se denota en el medio ambiente natural y disponemos de 2.800 horas de sol al año y una evapotranspiración que en muchos veranos llegan hasta los 5 litros por metro cuadrado.

 Sin intentar aportar más datos, si podemos generalizar que nuestra zona natural donde estamos ubicados se caracteriza por una serie de factores que, nos gusten o no, son los que tenemos y que somos conscientes de que son así, porque nadie duda de nuestra situación y condiciones climáticas que disponemos.

En resumen podemos simplificar diciendo que:

…. Estamos en una zona donde el medio ambiente no nos es favorable, porque en primer lugar la calidad de  nuestras tierras no es desde luego para dar palmas, porque son terrenos de escasa riqueza natural con poco fondo de tierra y además terrenos muy sueltos y arenosos que no permiten con facilidad almacenar el agua y al mismo tiempo drenar con mucha facilidad, con la consiguiente pérdida de humedad en las capas superficiales del terreno.

…. Otra segunda situación  que hay que  añadir es que la climatología no favorece el desarrollo progresivo en buenas condiciones de la dinámica de la vegetación, que queda reflejado por el tipo de especies vegetales naturales que son típicas de terrenos muy secos y esta sequedad es la que marca nuestra diferencia con otras zonas.

…. Un tercer aspecto que todos conocemos, pero que nos damos cuenta de la importancia que tiene, es que, por decirlo de forma muy sencilla, la diferencia entre las temperaturas en la mayoría de las horas de luz de la época de verano, comparadas con las nocturnas es muy pequeña, lo que hace que el medio ambiente no tenga una disposición correcta de recuperar su estado habitual.

…. El tercer aspecto, ya mencionando, es la ausencia, o mejor dicho, lejanía de zonas montañosas o sierras que viertan sus corrientes de aire hacia la inmensa explanada que supone nuestra llanura.

.... Por último podemos decir que hemos de dar gracias a la existencia de masas de agua subterráneas que nos permiten disponer de volúmenes de agua que utilizamos para paliar en parte esta situación tan poco agradecida por la madre naturaleza. Sin querer extendernos más el planteamiento de situar concretamente nuestra delimitación  del término municipal y sus condiciones geográficas, geológicas y climatológicas que es evidente marca nuestra propia dinámica poblacional.