Cuadernos Manchegos
Cuadernos Manchegos

Cuéntase que se cuenta, cuéntase que ocurrió que era de noche. El agricultor regresaba de su finca con la furgoneta cargada. El generador estaba averiado y junto con la batería la llevaba en la parte trasera del coche. Transcurría por el camino  con las luces encendidas, porque ya había anochecido y, cuando estaba próximo a llegar al cruce de la carretera, y al bordear una curva, se encontró con un coche de la Guardia Civil que, apostado al borde del camino, estaba detenido. Apareció en el centro del camino la figura de un Guardia Civil que le hizo parar. Le saludaron y le pidieron la documentación. Abrieron la puerta trasera del coche y vieron el generador y la batería.

Preguntaron de quién eran ambos, contestándoles que suyos y que los llevaba a reparar al  pueblo. Le indicaron que marchara delante de ellos y que se dirigiera al pueblo. Una vez en la Casa Cuartel, hicieron las diligencias oportunas  y le hicieron firmar un documento por el que indicaban el acopio del generador y la batería, pues los descargaron de la furgoneta y quedaron retenidos en el cuartelillo, indicándole que se presentara al día siguiente.

Y así lo hizo. Se presentó en el Cuartel y al poco tiempo apareció el mismo número que le paró el día anterior. Volvió a preguntarle si podía demostrar que eran de su propiedad y el agricultor les comentó que no conservaba la factura ni tenía ningún dato que pudiera aportar, pero que podían ir a su finca y comprobar que efectivamente eran suyos.

Accedieron a la sugerencia y les acompañó  hasta la finca. Sin duda la Guardia Civil aún dudaba de la veracidad de lo que el agricultor afirmaba continuadamente.

Llegaron a la parcela y el agricultor intentaba demostrar seguridad en todos los actos que hacía. Así pudieron comprobar que ninguna de las puertas estaba forzada y además sacó la llave de donde la tenía escondida, con gran seguridad. A pesar de todo ello el número de la Guardia Civil, aún parecía que no le bastaba esta demostración y quiso averiguar lo que se encontraba en el pozo, así que, sacando la llave de debajo de un piedra, abrió la puerta del pozo. Se pudo comprobar que todo coincidía.

El Guardia Civil al final quedó  convencido de la seguridad con que se desenvolvía el agricultor y devolvió el generador y la batería  y, excusándose por el error, le hizo firmar un documento de entrega y se marchó con su compañero.

El agricultor volvía a estar en la situación del día anterior, así que cargó de nuevo la batería y el dichoso generador en el vehículo y se dispuso regresar al pueblo. 

Ya no encontró nada extraño durante el viaje hasta que llegó a la rotonda, donde, al bajar por la pendiente, vio un coche de la Guardia Civil y un número que le hizo aparcar a una orilla. Saludan, piden la documentación y abren la puerta trasera del coche… No seguimos la historia. El resto se lo pueden imaginar, pero los hechos son ciertos.

NO HAY UNO SIN DOS

Agricultor Tomelloso