Cuadernos Manchegos
Cuadernos Manchegos

“A ojo de buen cubero”

Yo compro aquí, yo vivo aquí

Con esta expresión queremos decir que las cosas se hacen de una manera poco técnica y de forma aproximada a la realidad, pero nunca exacta.

Las cubas han sido siempre unos recipientes para contener líquidos y que antes de la existencia de los medios que actualmente se disponen, antiguamente se realizaban al buen estilo de cada profesional, por lo que el mismo constructor de cuevas, aunque tuviera buen cuidado y tino, no salían siempre de la misma capacidad que cualquiera de las anteriores. Por lo que se decía que estaban  hechas a “ojo”.

“Atar los perros con longanizas”

El significado popular asigna esta expresión a cuando las cosas son fabulosas y funcionan bien.

Este dicho parece ser que procede de un pueblo salmantino llamado Candelario y donde existía en el siglo XIX un señor de nombre Constantino Rico, apodado “Tío Rico”, que era fabricante de embutidos y ocurrió que una de las empleadas recibía muchas molestias de un perro que andaba holgazaneando siempre  a su alrededor, por lo que decidió atarlo a la pata de un banco, juntamente con una ristra de longanizas. Casualmente, un mozalbete que pasaba por allí, se asombró del hecho al verlo y salió corriendo por el pueblo diciendo este dicho: ”En casa de tío Rico atan los perros con longanizas”

“Con la iglesia hemos topado”

Parece ser que el origen de esta expresión está en el Quijote,

“Esto es Jauja”

Con ello queremos decir que tenemos a nuestro alcance o nuestra visión algo inesperado, maravilloso y de poco coste, como un regalo insospechado.

Jauja es una población del Perú, que dispone de un clima y una ambiente muy deseable y muy rica en recursos de todo tipo, ubicada en un valle con esplendorosas vistas y fue muy utilizada entre los españoles como propaganda para conseguir más voluntarios para realizar una segunda incursión a América, exponiéndola como un lugar maravilloso.

“Dormirse en los laureles”

Entendemos que no sirve confiarse con la buena suerte o creerse que una vez conseguido algo importante, ya lo tenemos todo conseguido.

La corona de laurel era muy apreciada en los tiempos de los romanos, donde se premiaba las grandes acciones, los grandes personajes o a las personas de gran altura política y suponía un signo de distinción y que era frecuente que se llevara en la cabeza. Hubo un momento que algunos  caudillos romanos llegaron a llevarlo en oro, en lugar de hojas de laurel, pero también es cierto que cuando pensaban que ya se podía vivir con este mérito sin hacer nada más, llegaba un momento en que se le retiraba al corona, incluso degradados o castigados.

“Estar a dos velas”

En el sentido más popular de esta expresión indica no tener dinero y estar empobrecido, aunque una segunda interpretación se puede asignar en el desconocimiento total de un hecho, acontecimiento o suceso.

Existen varias versiones sobre esta expresión.

Una de ellas define que cuando se celebraban las misas en los templos se tenían muchas velas, mientras que cuando se terminaba el acto solían colocarse simplemente dos velas que daban oscuridad al lugar.

Otra segunda versión proviene del juego de las cartas que en tiempos antiguos en las llamadas “timbas” se colocaban dos velas al jugador que repartía las cartas y llevaba la banca y que muchas veces se quedaba a cero entre las dos velas.

Otra explicación deriva de los velatorios en los fallecimientos, ya que según la categoría, o mejor dicho riqueza del muerto, se disponían mayor número de velas alrededor del féretro, mientras que los más pobres solamente disponían de dos velas.

También hay quien indica que, probablemente, provenga del mundo náutico, de aquellas embarcaciones pequeñas y modestas (de personas con pocos recursos económicos) que tan solo tenían un par de velas.