Cuadernos Manchegos
Cuadernos Manchegos

Para los más jóvenes de las dos últimas generaciones, de final del siglo XX y los del siglo XXI, les será seguramente desconocidos los numerosos oficios que antiguamente existían en distintos lugares y poblaciones que constituían un medio de vida para mucha personas en distintos empleos que se aprovechaban para llevar unos pocos ingresos familiares. Algunos de ellos eran puestos fijos y otros eran trabajos que de forma habitual, pero eventualmente, realizaban los más necesitados.

Se han descrito cerca de cincuenta de ellos, actualmente desaparecidos, en las numerosas publicaciones y estudios que se han realizado y es muy posible que todavía algunos hayan quedado en el olvido.

Tu provincia te espera

Por mi parte trataré de nombrar algunos de ellos y sus particularidades en una serie de artículos similares a los que vengo realizando sobre el tema de los juegos antiguos de niños y/o mayores que también han desparecido.

El primero de ellos, que no quiero que se olvide, es uno que llegué a conocer personalmente y que en aquel entonces suponía una de las atracciones más deseada por los niños pequeños y que frecuentemente disponíamos en  las ciudades y aun en casi cualquier población, tanto sea rural como urbana.

Me estoy refiriendo al oficio que yo prefiero llamarla “Pipera” –aunque también se las nombraban como “cigarreras”- como así se le conocía en el ámbito popular y digo “pipera” porque, aunque también era una actividad que realizaban hombres, lo más frecuente es que fueran mujeres las que con más asiduidad manejaban este oficio.

Las “piperas” eran personas que se colocaban en plena calle con un puesto de venta donde ofrecía muchas cosas que no se encontraban en otros sitios.

¿Cómo era una pipera? Una “pipera”-por lo que yo quiero recordar- solía ser una persona muy mayor –“abuelas generalmente”- que provistas con una pequeña silla de madera plegable, llevaban además un especie de depósito rectangular bien de madera o de mimbre, esparto u otra material de tipo vegetal en el que se incluían una extensa variedad de pequeños productos para vender a los niños y también a los mayores.

¿Qué es lo que vendían las piperas? Pues que yo recuerde la lista era interminable y parecía mentira que en tan poco lugar pudieran llevar un surtido tan variable de mercancía.

Así que, en mi memoria ha quedado que lo más típico era la venta de pipas,  que se realizaba de una manera muy curiosa y difícil de olvidar. Cada pipera confeccionaba unos cucuruchos de forma cónica con papel de periódico o papel de restos de tiendas, que traía ya hechos o confeccionarlos en el mismo momento de la venta, y con una medidor que podía ser una cuchara de madera, un vaso de licor o algo similar echaba las pipas en el “cucurucho”(que así se llamaba el envoltorio) . Las tarifas estaban entre los cinco céntimos y los diez céntimos, siendo en el ámbito coloquial de los muchachos una perrilla, que creo recordar que era la moneda de cinco céntimos, llamada también perra chica y la de diez se llamaba perra gorda, aunque puedo estar equivocado. Pues bien una perrilla de pipas de diez céntimos era la misma cantidad que te entra en una bolsa de pipas actuales de 100 gramos, así que comparemos precio con los actuales a igualdad de cantidad.

Además era usual y normal que llevaran en el “puesto de las pipas”- como también se llamaban por las gentes- lo que ahora llamamos chucherías y que en aquel entonces se traducían en barritas de regaliz, paloduz, caramelos los más cotizados de menta; chicles, bolas de jugar al gua, canicas, los famosos y conocidos “torraos”, canicas. Pero, además, también era frecuente que llevaran papel de fumar, para liar cigarrillos, piedras de mechero, cigarrillos sueltos, no sé si recuerdo que eran peninsulares o ideales de aquel entonces.

En muchas ocasiones nos resultaba un premio pues el abuelo o tu padre te mandaba a comprar algún cigarrillo o papel de fumar y ya nos daban una propinilla para comprarnos alguna chuche como premio por el encargo realizado.

Las piperas se comportaban como verdaderas empresarias pues se colocaban en sitios determinados y seleccionados donde hubiera cierta concurrencia. Normalmente cerca de los salidas de los colegios. Los días festivos preferían las cercanías de los bares y en los parques infantiles y cuando lo hacían en la propia calle no se colocaban al azar, buscaban siempre las esquinas, pues normalmente se abarcaba mayor cantidad de clientes.

Yo recuerdo en más de una ocasión decir a mi abuelo: ”Toma, vete a la esquina y tráeme dos cigarrillos”. Por su fuera poco eran asiduas y en más de una ocasión las he visto a pesar del frío y aun lloviendo sin levantar el puesto.

Lo normal era la pipera que podíamos llamar estática,  o dicho de otra manera, era la que se colocaba un día en un lugar y se quedaba siempre en el mismo sitio durante ese día o de forma habitual, aunque se fuera y volviera a colocar el puesto para ir a comer, porque muchas de ellas se llevaban el bocadillo y agua con lo que pasaban el día, aunque no siempre. En cualquier caso siempre ubicadas en lugares próximos donde vivían, eran “piperas de barrio”.

También pude observar en más de una ocasión a personas que les llevaban agua o algún panecillo a estas mujeres en sentido de solidaridad y otras veces llevadas por la misma familia.

En cuanto a los llamadas “piperas de  a pie o ambulantes”, solían ser hombres generalmente que llevaban la cesta con dos tirantes que se adosaban a la espalda por encima de los hombros e iban andando de un lado a otro por distintos lugares para agilizar la venta.

Piperas

No sé si la riqueza teórica producida por los beneficios de estas piperas era suficiente para el mantenimiento personal, porque no creo que llegara al familiar, pero en la familia era frecuente oír:”Bueno, hemos sacado unas perrillas”.

En definitiva me ha gustado escribir este artículo porque me recuerda los tiempos de mi niñez.

Piperas