Cuadernos Manchegos
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Las vacaciones de verano han comenzado y aunque este año el aforo en muchas playas vaya a estar limitado, no dejaremos de ver a personal no cualificado ofertando masajes relajantes en lugares públicos como playas, piscinas o jardines. Este negocio atrae a muchas personas que no conocen los peligros que se deben tener en cuenta antes de arriesgarse a llevar a cabo estas prácticas.

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El Colegio Profesional de Fisioterapeutas de Castilla- La Mancha (COFICAM) señala que mientras que un masaje terapéutico debe ser estrictamente tratado por un fisioterapeuta, el relajante puede realizarlo otro tipo de personal al no estar tratando una determinada patología. “En ocasiones ocurre que algunas personas se someten a estos masajes desconociendo tener alguna lesión lo que puede provocar problemas musculares, articulares o agravar los que ya se tenían. Este tipo de practica supone un atentado contra la salud pública”, afirman desde COFICAM.

Los principales riesgos de contratar estos masajes ambulantes en determinados lugares como playas o piscinas:

- La falta de higiene de estas prácticas en aumenta las probabilidades de contagio del COVID-19, al igual que de otras afecciones cutáneas. Los profesionales cualificados siguen a diario medidas como cambiar el papel o la sábana sobre la que se tumban los pacientes o limpiarse las manos de manera adecuada con productos desinfectantes.

-  Debido a esta falta de higiene, algunas personas pueden terminar sufriendo incluso infecciones en la piel, dado que estos masajistas pueden tratar a varias personas en un mismo día, cada una en determinadas zonas del cuerpo. Esto puede provocar que las bacterias pasen de unos a otros causando infecciones, ya que han podido estar en contacto con hongos, con problemas cutáneos.

- Estos masajes se ofrecen sobre terreno inestable como la toalla del propio cliente o sobre una superficie ondulada, pudiendo causar ciertas molestias o sensibilidad en los músculos debido a la postura que esas superficies nos obligan a tener, generando daños musculares o graves lesiones.

Otro de los inconvenientes que tiene la solicitud improvisada de estos servicios de masaje es que obvian una parte muy importante de la atención sanitaria que aporta datos relevantes del estado de salud del paciente como es la entrevista, donde se establece una comunicación directa para tener información determinante para el tratamiento posterior. “Esta entrevista nos asegura tanto que sepamos qué hacer como qué cosas pueden estar contraindicadas. El hecho de no tener acceso directo a la historia clínica del paciente resta fiabilidad y éxito al enfoque terapéutico que debiera ser la finalidad última, si se tratara de un proceso terapéutico real”, apuntan desde COFICAM.

Por último, desde el Colegio subrayan que “aunque estos masajes se oferten como relajantes y no terapéuticos, en la mayoría de los casos los masajistas no tienen ningún tipo de formación ni titulación al respecto. Por ello, aunque en principio no traten lesiones, pueden provocar daños al no disponer de conocimientos específicos con respecto al tema; resultando fundamental conocer si el cliente tiene algún tipo de lesión previa o alguna zona del cuerpo que no sea recomendable manipular.