Promoción del turismo gastronómico ante COVID-19
Cuadernos Manchegos
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Tinajas de cemento

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Las primeras cuevas  se llenaron con tinajas de barro, que como todos sabemos provenían, ya confeccionadas, principalmente de Villarrobledo y siguieron existiendo durante bastantes años, hasta que en el año 1915 se comenzaron a construir las tinajas en el misma cueva, en este caso de cemento en lugar de barro. Estas tinajas las comenzaron a construir unos valencianos de la familia Ferrer, que tenían experiencia, no precisamente en tinajas, sino en depósitos cuadrados de cemento, pero los agricultores pensaron que para ahorrar espacio y ganar volumen se podían construir también con cemento tinajas similares a las de barro. Fue ya en el año 1920 cuando se generalizó la construcción de estas tinajas y los cinco siguientes años fueron cuando mayor incremento de ellas se produjo.

Una vez construida la tinaja era necesario colocarla en su sitio definitivo, lo que suponía un gran trabajo, lo que se conseguía apoyando las espaldas de varios operarios en la tinaja y a base de giros de un lado a  otro se conseguía emplazarla en su espacio preparado. Los obreros se protegían para tal esfuerzo con sacos, espuertas u otras piezas almohadilladas pegadas a su cuerpo, para evitar lesiones innecesarias.

Las tinajas como es lógico las hacían cuadrillas de operarios que se fueron profesionalizando y se ganaban así el jornal. El precio de construcción de las tinajas fue variable según los períodos, pero podemos decir  que en los años anteriores a 1936, el precio oscilaba entre 0,70 a 0,85 pesetas por arroba. A partir de los años cuarenta lógicamente los precios iban subiendo y se pagaba ya al precio de una peseta por arroba y ya en los siguientes años el precio llegó a estar entre las 1,20 pesetas por arroba.

 Hay que tener en cuenta que las primeras tinajas se construían para sustituir a las existentes o bien para cuevas nuevas y tenían una capacidad de unas 350 arrobas (5.600 litros) y ya para las cuevas nuevas y para agricultores con mayor producción se llegaron a construir en las cuevas del pueblo de hasta 800 arrobas (12.600 litros), por lo que en las cuevas ya construidas era necesario hacer las modificaciones pertinentes en cuanto a la profundidad de la cueva, rebajando el suelo y para una agricultor de tipo medio su capacidad de producción de vino era de unas 5.000 arrobas, lo que suponía una necesidad de 10 a 12 tinajas de 400 o 500 arrobas y una superficie aproximada de 50 a 60 metros cuadrados.

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