Cuadernos Manchegos
Cuadernos Manchegos

Entre las muchas cosas que cabe destacar de nuestras cuevas es el ambiente que se origina en ellas y la sensación de temperatura que se mantiene en su interior.

En nuestras numerosas visitas siempre llevamos un aparato que mide humedad ambiente y la temperatura y no es necesario medirla para saber que todas las personas conocen que las cuevas mantienen una temperatura fresca, poco oscilante a lo largo del año, muy poco influenciada por la climatología en el exterior.

Sin duda hay que tener en cuenta que la cavidad que ocupan las cuevas está como mínimo a más de dos metros de la superficie, lo que produce un aislamiento del medio ambiente natural que no se relaciona directamente.

En la temperatura ambiente influyen una serie de factores importante y de diverso origen e influencia más o menos directa con el termómetro.


En primer lugar la temperatura está relacionada  con la temperatura del aire que es lo que en realidad marca el termómetro, por lo que no es necesario decir que el aire más caliente produce una temperatura más alta y el frio más baja. Pero por otra parte la condensación más o menos alta del aire también influye en la temperatura, como además no debemos olvidar tampoco la corriente o movimiento del aire que hace variar la temperatura o estabilizarla.

En nuestras cuevas actuales, y sin estar el vino presente que no vamos a plantear esa situación porque sería cuestión de otro apartado, se producen una serie de factores que demuestran la escasa variación térmica de las cuevas en su estado actual.

Por tanto, si olvidamos los momentos de la elaboración de vinos y planteamos simplemente las cuevas sin uso como es ya habitual en nuestra localidad, podemos asegurar que el espacio que ocupa en altura es variable entre 6,5 metros y 8 metros, de los que al menos dos son de espacio ocupado por la lumbrera, lo que supone que, para la mayoría de las cuevas que tienen unos 6,5 metros de ancho, por cada metro lineal de cueva existen unos 40-50 metros cúbicos de aire.


Como la temperatura no es otra cosa que el intercambio de calor entre el aire y el medio ambiente, en las cuevas el aire está repleto de la temperatura fría que emite las capas inferiores y las paredes laterales que indudablemente contienen una cierta humedad ambiente y además no están en contacto con el aire exterior directamente y como no existe una respiración  suficiente se estabiliza y se mantiene constante.

De todas las determinaciones tomadas en nuestras visitas a las cuevas podemos definir que las diferencias máximas pueden estar entre 3 o 4 grados únicamente, independientemente de la temperatura ambiente exterior e incluso del grado de ventilación de las cuevas por las lumbreras o bien por la escalera de acceso.

Así las temperaturas de nuestras cuevas se encuentran entre los 16 y los 20 grados centígrados, temperaturas que podemos considerar como frescas y que se mantienen con pequeñas oscilaciones a lo largo del año.

En cuanto a la humedad ambiente las variaciones son mayores, porque no todas las capas de tierra tienen la misma humedad, dependiendo de las zonas del pueblo donde se encuentren las cuevas y además depende de la ventilación y del aislamiento que mantenga la cueva. En general podemos asegurar que las oscilaciones que hemos encontrado, eliminando casos extremos no valorables, se sitúan entre 30 y 45 por ciento de humedad relativa ambiente.

En definitiva podemos calificar a nuestras cuevas como un lugar ideal para descansar durante un tiempo y recrearse con los amigos o familiares, pero no indudablemente un lugar de estancia habitual porque a 16 grados sin moverse hace el frio suficiente para no poder aguantar mucho tiempo sin abrigarse.