Cuadernos Manchegos
Cuadernos Manchegos

Cuando se entra en una cueva todo  parece estrictamente ordenado y las tinajas dan la impresión de ser  soldados que estuvieran allí plantados esperando obedecer alguna orden y dan la sensación de haber sido colocadas allí como si las hubiéramos traído a mano y se hubieran colocado uniformadas y en correcta procesión de orden y concierto.

Pero estas tinajas, tanto las de barro como las de cemento, no han llegado a las cuevas como si fueran de cartón y las hubiésemos plantado con una mano. Para llegar a colocar una tinaja en su lugar correcto definitivo, y no digamos un conjunto de tinajas, el proceso de quedar en un lugar definitivo era mucho más complicado de lo que a primera vista nos parece cuando entramos a la cueva.

Los movimientos que hay que realizar para poder dejar cada tinaja en sus sitio y correctamente alineadas y conjuntadas requiere una serie de procesos costosos, laboriosos y sobre todo trabajosos de gran esfuerzo, porque hay que pensar que las tinajas hay que colocarlas teniendo que moverlas y no precisamente a empujones, sino utilizando sistemas más complicados y utilizando siempre mano de obra humana.

Las tinajas en las que más movimientos se producen son las de barro, porque, como recordamos se instalan introduciéndolas en las cuevas, y una vez en ellas moverlas para dejarlas colocadas, mientras que las de cemento ya quedaban construidas en la misma cueva, sin embargo el peso de las de cemento era mayor que las de barro.

 Por todo lo anteriormente expuesto, el manejo para la ubicación definitiva de las tinajas en la cueva era muy laborioso, puesto que para las de barro se bajaban a peso ayudados por fuertes maromas colocadas en la boca y en el culo a base de obreros que manejaban las sogas. Piensen que una tinaja de barro podía pesar entre 1.200 a 2.000 kilos para las más grandes y las de cemento, una tinaja de 500 arrobas unos 4.500 kilos, que, aunque se construían en la cueva, había que desplazarlas hasta su lugar definitivo.

Para estos desplazamientos  y dejarlas colocadas en el tinajero se utilizaban, dependiendo del tamaño,  cerca de veinte obreros que, de espaldas a las tinajas, las movían a un llamamiento de voz del encargado. Estas personas llevaban en su espalda unos respaldos almohadillados para evitar hacerse daño. Estos movimientos, giratorios y rotativos, se realizaban igualmente para ambos tipos de tinajas, ayudados por palancas de hierro, aunque posteriormente se utilizaran gatos hidráulicos.

Como pueden comprender los movimientos tenían que ser al unísono y con una unión de fuerzas que tenían que estar sincronizadas y hacerlo para toda la cueva requería tiempo y laboriosidad y una gran dosis de esfuerzo y trabajo, que finalmente consiguió corregirse modificando el sistema mediante palancas, aunque el esfuerzo físico no disminuía definitivamente.