Promoción del turismo gastronómico ante COVID-19
Cuadernos Manchegos
Cuadernos Manchegos

En las primeras cuevas construidas no existía alumbrado, puesto que hasta la primera década del siglo XX, la luz eléctrica no estaba instalada y, por lo tanto, la única iluminación que iluminaba la cueva era la proporcionada por las luz que penetraba a través de las lumbreras que daban a la calle o al patio y como el acceso  a la cueva nunca se producía por la lumbrera, la entrada era también oscura, pero generalmente insuficiente para poder controlar el proceso de fermentación en el interior, por lo que en las primeros años la luz que se disponía era la proporcionada por los llamados candiles, de los que existían distintos modelos y de distintas fuentes de energía.

Promoción del turismo gastronómico ante COVID-19

Así los más  utilizados y los más primitivos eran los de aceite con mecha, después se usaron los de petróleo, y después  los de carburo antes de la llegada de la luz.

En general eran pequeños aparatos metálicos hechos por el herrero y que disponían de  una cadena con argolla o implemento para colocarlos en la pared.

Los más simples eran los de mecha y aceite que consistían en una simple cazoleta donde se colocaba la mecha de algodón que se impregnaba con aceite en la cazoleta. Aunque todos eran parecidos, siempre el herrero introducía alguna novedad en cada uno de ellos.

Los candiles de petróleo que vinieron después estaban hechos también con trozos de lata o hierro que tenían por delante un pico y por detrás un mango y una anilla que servía para colgarlo. Dentro del recipiente se colocaba otro más pequeño en donde se echaba el aceite y se metía una torcida o mecha de algodón que es la que se encendía. También podía llevar un regulador.

Yo compro aquí, yo vivo aquí

Los candiles de carburo constaban de tres piezas. Dos piezas que formaban el núcleo: un vaso y una tapa donde se colocaba el carburo de calcio, y una segunda pieza de mayor diámetro era al envase donde se colocaba la anterior pieza y que se llenaba de agua. El agua al reaccionar con el carburo desprendía gas etileno que salía por una boquilla que daba bastante resplandor, más que las de petróleo y de las de mecha. Disponían de un tornillo regulador que hacía que el agua cayera más o menos.

Con la instalación de luz eléctrica se comenzaron a emplear cables y lámparas en las instalaciones de las casas y de las cuevas.

Las primeras instalaciones eléctricas en las cuevas eran de cable  entrelazado  de cobre estañado con una primera capa de caucho vulcanizado y una cubierta exterior de algodón. Los cables venían trenzados para su mejor manejo. Sus secciones eran de 0,75 a 1 centímetro. Los cables se acoplaban a las paredes mediante aisladores de porcelana para quedar separados de la pared y los interruptores de luz eran también de porcelana con manilla giratoria de madera y generalmente  se instalaban acoplando una pieza circular de madera en la pared para luego atornillarlos a esa pieza.

Los fusibles y los interruptores se colocaban a la entrada de la escalera y las cajas de fusibles o cortacorrientes eran también de porcelana. La corriente eléctrica proporcionada  a 125 voltios.

Las lámparas eran de tipo esféricas y de 25 a 40 watios.

Aún es fácil encontrar en muchas de nuestras cuevas instalaciones de este tipo en buen estado  e incluso en perfecto funcionamiento.

Ni que decir tiene que los cables y las bombillas se colocaban en lo alto de la altura de las bocas de las cuevas por la parte superior de la superficie de la cueva  y extrañamente en las partes más bajas.