Promoción del turismo gastronómico ante COVID-19
Cuadernos Manchegos
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En otro artículo ya se ha mencionado y explicado el período de tiempo de la llamada Edad de Bronce y en ella insistimos en la importancia que tuvo en Castilla- La Mancha por la cantidad de restos y muestras arqueológicas encontradas.

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Entre los muchos estudios e inventarios realizados por técnicos y expertos uno de los restos arqueológicos que más detalles han proporcionado han sido lo que ha acabado por llamarse “ La Cultura de las Motillas”, de la que en nuestra región tenemos el ejemplo de restos mejor conservados y que han servido para determinar con bastante exactitud la forma de vida de los seres humanos en ese período de la edad de bronce que podemos establecerla entre los años 1.800 a 1.400 a. d. C., aunque el establecimiento de los asentamientos en la Motillas se produjeron entre los años 2.000 a 1.800 a. d. C.

El mejor representante en nuestra región de esta cultura nos la encontramos en la Motilla del Azuer del término municipal de Daimiel, pues prácticamente se encuentra intacta.

Profundizando en el tema y ya entrando en materia de este artículo diremos que la Cultura de las Motillas trata de establecer el modo de vida de unos seres humanos en esa época que antes hemos mencionado.

Una motilla era un lugar donde habitaban estas personas y que se establecían siempre en lugares inmediatos a los ríos o cauces de agua, de tal forma que su abastecimiento lo tenían asegurado mediante un pozo de agua que se ubicaba en el centro del recorrido del habitáculo que generalmente era circular con varios círculos concéntricos donde exteriormente  y alrededor de la construcción se localizaban las viviendas y también túmulos y zonas de enterramiento, aunque en muchos casos se alojan las habitaciones y demás dependencias. Este conjunto permitía tener asegurada el agua, al mismo tiempo que era una gran protección para sus moradores.

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Las motillas por lo tanto no eran construcciones enclavadas en zonas altas cerros o lomas como podría pensarse, sino en lugares bajos a nivel próximo de las aguas superficiales lo que les permitía aprovechar los cursos de aguas para tener asegurado la necesidad principal del ser humano: el agua.

De las muchas existentes en nuestra zona las que más se han estudiado son las dos que se encuentran en el término municipal de Argamasilla de Alba: La Motilla de Santa María y la Motilla del Retamar de las que se han descubierto restos de piezas y utensilios, aunque no han sido estudiados y actualmente solo quedan nada más que los restos por decaimiento de la construcción y que se encuentran localizados  en la ladera del río Guadiana, después de depositar sus aguas desde el Pantano de Peñarroya y desde luego con la influencia de las aguas subterráneas del Acuífero 23.

Existen cantidad enorme cantidad de estudios sobre la Cultura de las Motillas y especialmente de la función que ejercieron en aquellos años.

Parece comprobado que se utilizaban como medio defensivo y como lugar habitable, pero en algunos casos se han encontrado viviendas próximas a la propia edificación de las motillas y también se han encontrado motillas donde no existen lugares de acceso, al menos visibles.

También se han buscado en las motillas lugares de enterramiento como forma de poder establecer  la permanencia de los asentamientos en el lugar. Entre las piezas encontradas se pueden apreciar diversos trozos de vasijas de barro y cerámicas grabadas o lineales, utilizadas como recipientes de agua.

También los cerramientos de las Motillas se utilizaban para guardar el ganado o  como medio de protección.

Estas motillas formaban verdaderas comunidades que, aunque aparentemente solitarias e independientes, tenían siempre en sus proximidades otro asentamiento similar con los que mantenían relaciones y que normalmente se permitían poder observarse entre ellos.