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Cuadernos Manchegos
Cuadernos Manchegos

Aunque el artículo pueda parecer un  poco técnico es necesario explicar la consistencia de las capas de tierra del subsuelo de Tomelloso que nos proporcione una explicación de los motivos de la solidez del terreno de las cuevas y de la  capa de tierra que se perfora y que hace que sea prácticamente imposible que nuestras cuevas cedan y se puedan producir hundimientos, como algunos parecen que temen.

En principio es necesario explicar que la capa perforada hasta el vaciado de las cuevas es variable según la parte del pueblo donde se ubique la cueva. En general podemos decir que esta primera capa de suelo puede tener una profundidad variable entre un metro y medio, incluso hasta cuatro metros y dispone de una gran consistencia debido a los componentes geológicos que tienen este subsuelo.

Cuando se comienza a excavar existe una primera capa que llamamos “lo duro” que está compuesta por un conglomerado de cantos rodados de cuarcita muy cimentados a los largo de los siglos mezclado con margas de arena amarillenta. Recordamos que la cuarcita es un material que está formado por un 90 por ciento de cuarzo y que el cuarzo tienen una densidad de 2,65 gr/cm/3, que, para nos sirva de comparación, es mucho mayor que la dureza de un cemento que todos conocemos que es de 1,44 gr/cm/3.

Pues bien, en los análisis realizado por Laboratorio especializado, esta primera capa del subsuelo de las cuevas dispone de una densidad de 1,7 gr/cm/3, es decir, menos que la cuarcita pura, ya que está amalgamada con margas y pierde densidad, sin embargo más alto que el propio cemento. Sin que sea realmente así, pues el cemento es una masa más estructurada que la capa de la cueva, sin embargo es como si solásemos uno o cuatro metros con cemento, lo que da una idea de la solidez de la primera capa de tierra, por lo que la presión que se pueda hacer superficialmente sobre esta capa  de suelo tienen que ser muy superior y, por la experiencia, sabemos que se han construido edificios de cuatro plantas sobre la superficie de cuevas sin que haya habido ningún problema.

La segunda capa de tierra, lo que llamamos “lo blando”, está formada por calizas y margas de escasa consistencia pues son como arenillas de poca solidez y es lo que permite que pasada la primera capa la eliminación de esta capa sea muy fácil.

Además en la primera capa podemos apreciar cantos rodados de cuarcita fuertemente adheridos y muy compactados, que demuestran la existencia hace miles de años de haber tenido corriente de agua. Estos cantos rodados de pequeño tamaño son los mismos que aparecen en los bordes de los ríos generalmente redondeados (de ahí la palabra rodados) que van desprendiendo la cuarcita por el continuo movimiento que produce el agua y, por fin, en el segunda capa nos encontramos con margas que están compuestas generalmente de arcilla y calcita en distintas proporciones.

En definitiva la consistencia de nuestras cuevas queda demostrada por la solidez de su primera capa de tierra que consigue pode mantener una presión superficial mucho más superior que grandes pesos por encima de su superficie.

La solides no solo horizontal, sino vertical de esta capa de tierra queda demostrada porque en ninguna cueva podrá encontrar rajas en los techos, no horizontales ni verticales.

Sí, ya sé que muchos dirán que en las cuevas se producen desprendimientos de capas o trozos de placa o planchas de tierra que caen de vez en cuando como si pareciera que la cueva se estuviera derrumbando. Este hecho es mentira. Las placas que se desprenden de algunas cuevas vienen motivados porque, cuando se realizó el picado de la cueva, el techo no se picó hasta la capa dura del terreno y se dejaron parches de tierra con arenisca y arcilla que terminan desprendiéndose, porque pertenecen a la segunda capa más blanda, pero no porque la composición de  primera capa vaya cediendo.

Así, era frecuente que en algunas cuevas los picadores para que los techos quedaran muy uniformes y pretendían que quedaran muy lisos y por eso  algunas capas de tierra blanda quedaban sin picar, que son precisamente las que se desprenden en algunas cuevas.