Cuadernos Manchegos
Cuadernos Manchegos

Este personaje aparece en tres capítulos de la segunda parte del Quijote, concretamente en los capítulos LIV, LXIII y LXV.

En la aparición del capítulo LIV se describe que cuando Sancho Panza había salido de su  cargo de gobernador de la Ínsula de Barataria, decide ir a buscar a  don Quijote. En su camino se encuentra a un grupo de limosneros que al principio Sancho les entrega comida de forma piadosa, pero le vuelven  pedir esta vez dinero y Sancho les indica que no tiene y toma grupas con Rucio, cuando, de improviso, una persona se arroja a sus brazos y le saluda con alegría diciéndole que es Ricote, su antiguo tendero de su pueblo.

Sancho sabiendo que es morisco, le increpa con cariño sobre su estancia en España con los peligros que corre y el mismo Ricote le explica que después de la expulsión de los moriscos en España había viajado a África, después a Alemania, pero que siempre quería volver a esta tierra que es donde estaba mejor y que además venía a recoger un tesoro que dejó escondido cerca del pueblo y así poder acercarse a su mujer Francisca y a su hija Ana Félix y le ofreció a Sancho parte del tesoro que no aceptó, así que terminaron despidiéndose como amigos.

En el capítulo LXIII, don Quijote y Sancho están bajo la protección de Antonio Moreno en Barcelona y decidieron aproximarse a la galera que estaba en el puerto para ver el funcionamiento de semejante barco y estando viendo cómo se preparaban las velas, avisaron de la presencia de una galera turca. El tal Morenos juntó otras dos galeras y fueron a atacarla, consiguiendo vencer y capturar a sus marineros, aunque teniendo dos bajas. Apresado y atado al arráez de la galera, que a preguntas del capitán cristiano contestó que era una mujer cristiana, por lo que el virrey no salió de su asombro y, antes de ejecutarla, quiso escuchar la historia que contó la mujer y la mujer comenzó a contar su vida y terminó sollozando. En ese momento apareció un hombre, vestido casi de mendigo que había entrado detrás el virrey y se lanzó hacia la joven reconociéndola como Ana Félix, su hija y el protector de don Quijote los invitó a su casa.

En el capítulo LXV en el que se relata la salvación y aparición de Gregorio, el joven enamorado de Ana Félix en la casa de don Antonio, ya que Gregorio regresaba con Ana Félix, pero para evitar que con los turcos tuviera problemas, lo vistió de mujer ante el temor de que los turcos se enamoraran de un joven tan hermoso. Gregorio fue rescatado por un renegado que quiso demostrar su fe cristiana por lo que se prestó a liberar a Gregorio de Argel, cosa que consiguió, pero el problema de ser moriscos seguía continuando por lo que don Antonio propuso ir a la corte para solucionar el asunto indicando que Gregorio fuera con él a la corte y así  lo decidieron.

En definitiva que durante tres capítulos  el personaje “Ricote” se encuentra en la mente de Cervantes.

Gran parte de esta historia narra el nombre de Ricote y se han realizado numerosos estudios sobre la procedencia de este nombre y el motivo por el que Cervantes lo eligió.

El más simple es el que reconoce una derivación de la palabra RICO, porque los tenderos en Esquivias, que es donde se designa el conocimiento de Sancho y Ricote, eran tenderos de buen ritmo económico.

Otra de los estudios deriva de que este Apellido era muy conocido en el siglo XVII especialmente en la zona precisamente del valle de  Ricote en Murcia, llamado así porque eran muchos los apellidos de los moriscos es esa zona, con la particularidad que cuando Felipe III decidió por segunda vez expulsara definitivamente a los moriscos de España en 1614, que es cuando se escribió la segunda parte de el Quijote, a los únicos moriscos que concedió la posibilidad de mantenerse en España fue a los habitantes de esta zona en el pueblo de Blanca, lugar de gran belleza y actualmente muy visitado y que algunos consideran que su paisaje representa la imagen de un Belén. Como los moriscos actuaban de arrieros se desplazaron por gran parte de España y entre ellos La Mancha, como así se acredita oficialmente con actas de nacimiento y boda existentes precisamente en la localidad de Esquivias.

Frases y expresiones

… A la pregunta de Ricote sobre el abandono por parte de Sancho del gobierno de la Ínsula de Barataria, Sancho responde:

-He ganado -respondió Sancho- el haber conocido que no soy bueno para gobernar, si no es un hato de ganado, y que las riquezas que se ganan en los tales gobiernos son a costa de perder el descanso y el sueño, y aún el sustento; porque en las ínsulas deben de comer poco los gobernadores, especialmente si tienen médicos que miren por su salud “.-Capítulo LIV-

Cuando apresan al arráez de la galera turca, se le  pregunta;

“- Dime, arráez, ¿eres turco de nación, o moro, o renegado?

A lo cual el mozo respondió, en lengua asimesmo castellana:

- Ni soy turco de nación, ni moro, ni renegado.

- Pues ¿qué eres? -replicó el virrey.

- Mujer cristiana -respondió el mancebo.

- ¿Mujer, y cristiana, y en tal traje, y en tales pasos? Más es cosa para admirarla que para creerla.

- Suspended -dijo el mozo- ¡oh señores! la ejecución de mi muerte; que no se perderá mucho en que se dilate vuestra venganza en tanto que yo os cuente mi vida.”— Capítulo LXIII—.

…Contestación que da Sancho a don Quijote que se encuentra molesto por no haber sido él  el que hubiera liberado al enamorado de la hija de Ricote:

“- Déjese deso, señor -dijo Sancho-: viva la gallina, aunque con su pepita; que hoy por ti, y mañana por mí; y en estas cosas de encuentros y porrazos no hay tomarles tiento alguno, pues el que hoy cae puede levantarse mañana, si no es que se quiere estar en la cama; quiero decir, que se deje desmayar, sin cobrar nuevos bríos para nuevas pendencias. Y levántese vuesa merced agora, para recebir a don Gregorio; que me parece que anda la gente alborotada, y ya debe de estar en casa.”—Capítulo LXV—.

Comentario

Parece indudable que Cervantes no debía tener mucha simpatía por los musulmanes después de su cautiverio en Argel, pero aquí en la novela admite benevolencia con los moriscos, al fin y al cabo musulmanes también.

Recordar que  Felipe III realizó dos expulsiones  de los moriscos en España, el último en 1614, cuando aún vivía Cervantes y en la época en que se escribía este libro, en la que España tenía ocho millones de habitantes y  se calcula que se expulsaron unos 300.000 moriscos de España.