Cuadernos Manchegos
Cuadernos Manchegos

Hace muchísimos años, siendo niño, mis padres me llevaron a un pequeño pueblo que quiero recordar vivía una hermana de mi abuela paterna que siempre recordaré con el nombre de Villar del Saz de don Guillén, que era el  que me decía mi padre que recordáramos. No tengo muchos recuerdos de aquel momento porque era un crio, pero sí se me quedó retenida en la memoria el enorme hogar de la casa calentado con leña y la amplia estancia donde comimos, así como un paseo por un camino muy largo y que hacía mucho calor y siento no disponer de fotografías, porque en esa época las cámaras no eran muy usuales.

Ahora, recordando pueblos de nuestra región, ha venido de nuevo a mi cabeza la estancia en este pueblo, por lo que he decidido dedicar el artículo una pequeña semblanza del mismo, excusándome de sus habitantes si en  algo no he sido correcto, porque la verdad es que no he vuelto a visitarlo, pero prometo hacerlo en breve, ahora que puedo.

En realidad el pueblo que yo conocí existe, pero no está. Nos explicaremos: en aquel entonces existían dos núcleos habitados: Villares del Saz de Don Guillén de Abajo y de Arriba, pero ya a mediados del siglo XIX quedaron unidos con el nombre de Villares del Saz.

El añadido de don Guillén proviene que  se conoce que  a  principios del siglo XIV el dueño del pueblo era un tal Guillén de Rocaful, señor de Abanilla, un pueblo de Murcia, que era un murciano familiar de Jaime I, que colaboró con la expulsión de los musulmanes en la zona.

Villares del Saz tiene una población actual de 466 habitantes, con una superficie de 70.200 hectáreas, con una densidad de población de 6,91 habitantes por kilómetro cuadrado.

Se han encontrado vestigios de restos arqueológicos de hace 5.000 años, de la Edad de Bronce con enterramientos y pinturas rupestres.

El pueblo era atravesado por la Nacional III, hoy superada por la autovía del Este. La localidad dispone de varios bares y restaurantes con establecimientos de ventas de productos típicos como queso manchego.

El pueblo es amplio, cómodo y de casas habitadas de gran comodidad  y, aunque la población ha disminuido en los últimos años, mantienen su ambiente cotidiano de una estabilidad social normal, incluso en el año 1587 disponía de 200 vecinos.

Durante las obras de construcción de la autovía se produjo un hecho que dio un nuevo vuelco a la dinámica de la población como fue el descubrimiento de la llamada Cueva del Estrecho, que puede considerarse como un yacimiento arqueológico en la que ya se han hecho distintas adaptaciones para poder permitir la accesibilidad al público, estando prevista su próxima apertura y que es un verdadero palacio de estalactitas y estalagmitas en todo su recorrido, con partes relativamente accesibles y otras de menores posibilidades.

El pueblo sigue manteniendo su dinamismo, incrementando su popularidad por este hecho y otros acontecimientos políticos también de interés.

Pero, por si fuera poco Villares del Saz posee un verdadero Museo de Figuras labradas en piedra gracias a un artista de la localidad llamado Guillermo Muñoz Romero, que labrados en la roca dispone de varias figuras como pastor, pastora, búho, cocodrilo, verdaderas joyas de arquitectura en plano monte de la localidad.

En el  mismo término municipal y en una paraje denominado “El Congosto” se encuentra la llamada “Torre del Monje”, que está rodeada de una serie de casas de lo que fue un Caserío habitado y fue donada por los monjes de Santa María de Huerta en Soria.

Merece la pena visitarlo pues se encuentra a 57 kilómetros de la capital y con una muy buena comunicación por carretera.