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Cuadernos Manchegos
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Huélamo es una pequeña población de la provincia de Cuenca, con numerosos paisajes naturales, ubicada a 1.316 metros de altitud.

Dispone de una leyenda que lo relaciona con su castillo medieval, sobre un peñón, del que prácticamente quedan ruinas.

Cuentan que dos amigos llamados José Manuel y “El Pinto”, que no sin cierta envidia de su amigo, hicieron en una ocasión una apuesta en el que Pînto le dijo que si era capaz de ir al cementerio por la noche, a lo que Juan Manuel accedió,  y como prueba tenía que dejar un montón de piedras a la entrada.

Ni corto, ni perezoso, Juan Manuel se fue una noche al cementerio en una noche muy cerrada  e hizo lo que le prometió a su amigo.

 Ya dispuesto a regresar y una vez en marcha notó que un señor con sombrero y capa negra se le acercó y le preguntó si conocía el “camino de la Serna”. El muchacho dijo que sí y el hombre le preguntó si no tenía inconveniente en acompañarle.

Juan Manuel accedió y durante un rato caminaron juntos, hasta que llegado un momento el misterioso hombre se retrasó. Juan Manuel volvió la cabeza y observó que el hombre despedía luces brillantes y como luminosidad en sus calzados, por lo que se asustó y tuvo miedo al pensar que sería un ser fantástico y maléfico y con la noche oscura se le ocurrió pensar que corría mucho peligro.

Para poder evitar el que le ocurriera algún problema le dijo al hombre de la capa negra que le excusara un momento porque tenía que hacer sus necesidades fisiológicas. El hombre accedió pero diciéndole que no se alejara demasiado y que él daría tres palmadas  y a la tercera tenía que regresar.

Juan Manuel no hizo ni caso y salió lanzado hacia el pueblo corriendo todo lo que podía aunque oyó las tres palmadas, ya la última muy lejana, pero Juan Manuel ya estaba cerca del pueblo, en la iglesia, y volviendo la vista atrás observó que el hombre de la capa negra le seguía casi sin correr, porque avanzaba sin poner los pies en el suelo y echando chispas por todo cuerpo, pero finalmente consiguió llegar a la puerta de su casa, entrar y cerrar la puerta. Nada más cerrada escuchó unas fuertes palmadas en la puerta desde el exterior y una voz que le decía:

“¡De una, y no buena, te has librado, Juan Manuel Merchante. De tus pies te has valido, que si no de tu sangre hubiera bebido!”

 La madre de Juan Manuel, despertada de los golpes, le preguntó a su hijo que le explicó todo lo sucedido y se pasaron toda la noche rezando los dos.

A la mañana siguiente quisieron comprobar si había  quedado algo y al abrir la puerta comprobaron que en la parte alta estaba grabada a fuego una enorme mano.

Para evitar más problemas la puerta de esta casa se desgarró y se ocultó en los sótanos del castillo de Huélamo para siempre, tapada con una gruesa losa de hierro.