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Cuadernos Manchegos
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Borox es una población de la provincia de Toledo, situada en la comarca de la Sagra y donde recae parte de la leyenda que vamos a comentar.

 Parece ser que en el año 1917 llegó al puerto de Cartagena en Murcia un ataúd con la presencia de un extranjero y un sirviente que encargan que al ataúd sea llevado hasta Coruña.

Iniciado el recorrido en los lugares por donde va pasando y descansado el carrero con el ataúd ocurren extraños sucesos que la gente comienza a atribuir a la existencia del ataúd, que llega un día a la población de Borox en Toledo.

Esa misma noche la tapa del ataúd se abre y aparece el personaje que seguramente tiene hambre y se dirige a buscar algún sitio, lugar o persona donde pueda satisfacer su apetito y encuentra una cueva donde duerme un pastor que cuida a las ovejas en el monte. El personaje  comete su acción y al día siguiente el carro sigue portando el ataúd por el camino que debía llevar y los lugareños no supieron saber del motivo del fallecimiento ni tan siquiera el médico del pueblo que, al final, dictamina muerte natural.

Lo curioso es que el ataúd llegó a su destino y nadie se hizo cargo de él, por lo que fue devuelto a Cartagena donde fue enterrado finalmente.

A partir de aquí la leyenda prosigue con distintas versiones.

Una de ellas alude a que al poco tiempo se presentó en Cartagena un individuo de nacionalidad serbia que se quedó con el féretro, aunque la población siguió estando con miedo porque se le veía aparecer solamente por las noches hasta que un día desapareció y por eso fue enterrado el féretro.

Se investigó que en el cementerio de Cartagena  y donde existe una tumba donde no se pone nombre ni identificación alguna, aunque una segunda versión indica que no es así sino que en la tumba se puede leer el nombre del difunto y su vida. Como conclusiones se puede indicar que esta leyenda urbana pudiera tener algún contexto de imaginación popular, pero lo que sí es cierto que en aquella época la tuberculosis produjo grandes estragos en las poblaciones y que muchos creían que bebiendo sangre se podían salvar, por lo que la presencia de un asesino en potencia podría pasar desapercibido y otros indican haber descubierto la tumba del individuo serbio con la inscripción de un vampiro.