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Cuadernos Manchegos
Cuadernos Manchegos

Recuperando leyendas de nuestra Comunidad Autónoma nos hemos encontrado en los medios digitales y en las publicaciones disponibles esta curiosa leyenda que por su contenido y curiosidad nos atrevemos a resumir en función del aprecio a esta localidad y esperando sea un pequeño recuerdo, no olvidado e incluso al hecho aquí narrado se le ha dedicado una muy bonita poesía.

Los viejos del lugar cuentan esta leyenda desde hace muchos tiempos cuando un día apareció por el pueblo un forastero que, sin otra cosa que hacer se dirigió, a la iglesia y cogió el acetre, que como todos sabemos es el recipiente de metal donde el sacerdote  mete el agua bendita para luego con el hisopo bendecir a las feligreses. Pues bien el forastero salió de la iglesia y se marchó camino de Almodóvar. Percatados los del pueblo que el acetre había  desaparecido, lo primero que pensaron es que había sido el forastero el culpable de la desaparición del acetre, así que se dirigieron a buscarlo para recuperarlo.

Al poco tiempo el ladrón se dio cuenta que le perseguían y ocultó el acetre entre los matorrales y cuando la gente del pueblo lo localizaron en el puerto de Valderrepisa, el ladrón aseguró que él no había sido el que robara el acetre. La gente del pueblo siguió insistiendo para que les entregara el acetre porque estaban seguros que sí había sido él la persona que se lo había llevado.

El ladrón siguió insistiendo con gran decisión, hasta incluso que llegado un momento les juró por Dios que si él hubiera sido le comieran los lobos.

Ante tanta seguridad y con un juramento tan convincente las gentes del pueblo lo tomaron como verdadero y decidieron regresar al pueblo dejando al forastero en libertad.

AcetrePero cuando los vecinos ya regresaban, al poco tiempo, escucharon unos gritos de terror y pánico, por lo que, extrañados, volvieron sobre sus pasos y llegaron hasta el mismo lugar donde habían estado conversando con el forastero y lo que vieron les dejó aterrorizados. Allí estaba el acetre, pero del forastero no había ninguna pista. Observando con más detenimiento pudieron comprobar que en el acetre se encontraban los restos de unos huesos humanos y más allá observaron una manada de lobos que se dispersaba por el monte.

Los vecinos que habían perseguido al ladrón recuperaron el acetre y lo llevaron al pueblo.

 Desde aquel entonces los vecinos de Fuencaliente recuerdan a este lugar como “El Puerto del Acetre”, aunque realmente el nombre concreto del puerto es el mencionado anteriormente como Puerto de Valderrepisa.