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Cuadernos Manchegos
Cuadernos Manchegos

No es la primera vez que de la localidad de Auñón, al pie de la cola del pantano de Entrepeñas, narramos alguna leyenda como la de “Las Cadenas del Moro” que efectuamos anteriormente y ahora nos agrada reseñar esta segunda leyenda, también curiosa e interesante.

La realidad es que existe en el pantano de Entrepeñas un islote que la gente del lugar conoce como la “Piedra del diablo” que ha dado lugar a esta leyenda.

Se cuenta que en el siglo XVII aconteció que cuando el fraile de la localidad paseaba tranquilamente por las cercanías de la ermita del Madroñal cuando se le acercó una bella mujer, que le dio la impresión de estar muy bien vestida y comportarse con cierta elegancia que se le acercó llorando y le pidió al fraile que hiciera el favor de expulsar al demonio de su cuerpo y que conocía la buena fama que tenía  de ser una persona muy santa y que era el más indicado para desposeerla del demonio que llevaba dentro del cuerpo.

El fraile no pareció estar muy seguro de lo que la bella mujer le había contado, pero decidió ayudarla en lo que pudiera. Le comentó a la muchacha que le  haría el favor de hacer una novena en la misma ermita del Madroñal y cuando terminara sus rezos la avisaría a la ermita a leerle los evangelios y realizarla los exorcismos necesarios.

No obstante, el buen fraile estaba dudoso y preocupado porque no terminaba de concluir si de verdad la mujer estaba endemoniada o se trataba de una treta con la que intentaba engañarle y adueñarse así de su alma.

Al cumplirse el día que se había acordado se dirigió a la ermita y, antes de llegar, se encontró a la mujer en el Humilladero, tumbada en el suelo y entrecubierta por unos matorrales soltando enormes gritos y grandes insultos, por lo que el fraile interpretó que tenía un ataque demoníaco, por lo que  acercándose al lugar sacó una estampa de la Virgen del Madroñal e imploró con esta frase “ Virgen del Madroñal, si esta mujer tienen el demonio, hazlo salir ahora mismo de sus entrañas, pero si es el  mismo demonio el que viene hasta mi para perderme, ponlo a tus pies”. En ese mismo instante de haber acabado la plegaria se escuchó un enorme estruendo que hizo vibrar todos los montes de la sierra y, al mismo tiempo, observó que la mujer se había convertido en una piedra que empezó a rodar por el  monte, haciéndose cada vez mayor, hasta que se quedó incrustada en el hoyo de un barranco.

Desde aquel acontecimiento esta piedra se conserva tal como quedó y ni aun la construcción el pantano de Entrepeñas ha sido capaz de mover la piedra y los vecinos afirman que era una forma de castigar a la piedra por dejarla cerca de la ermita para que pudiera  observar las procesiones que se hacían al santuario de la Virgen.