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Cuadernos Manchegos
Cuadernos Manchegos

Muchas han sido las leyendas sobre  los amores entre moros y cristianos y ya hemos narrado anteriormente en seis archivos algunas de ellas. Todas representan los amores entre bellas y bellos moros y/o  con bellos y bellas cristinas.

Ahora nos permitimos traer otra que no habíamos incluido en nuestro largo repertorio y, para que no quedara excluido de los ya remitidos, hemos pasado a concretar este nuevo en el término municipal de Villamanrique.

Rio

Los hechos que se narran como leyenda implican a una reina mora que vivía en al castillo de Montizón y que tenía la costumbre de bajar las noches de verano a remojarse el cuerpo y refrescarse en las finas y cristalinas aguas del río Guadalén.

La reina bajaba del castillo con su séquito de doncellas y sirvientas y los guardias moros que se dedicaban a vigilar para que nadie pudiera acercarse a contemplar el baño de la reina mora, pues gustaba de hacerlo desnuda.

 Durante el tiempo de estío acostumbraba a hacerlo todas las noches y parecía que las suaves aguas del río bajaban recorriendo distintos lugares y sitios por donde pasaba de tal forma que los acontecimientos llegaron a conocimiento de muchas personas de diferentes localidades, pero nunca nadie  se atrevía a indagar este baño nocturno.

Pero un mozo belmonteño tuvo la osadía de perder su sentido común y averiguar qué era exactamente lo que se comentaba por todos sitios y lugares.

Así que tomó la determinación de acercarse a verlo escondido entre los matorrales y árboles. Fue tan fuerte la primera impresión de su contemplación, que no tuvo más remedio que volver a repetir las visitas para seguir contemplando las escenas que proporcionaba la bella mora.

Tal fue la suntuosa visión que le produjo que sentía en su cuerpo unas sensaciones desconocidas y especialmente cuando la reina mora jugaba con las aguas y carcajeaba disfrutando de su baño.

Su deseo resultó inconcebible y continuamente desde sus escondites elevaba al cielo sus suspiros  y no encontraba nada más que pasión ciega y descontrolada.

Pero una de las noches, la suerte dejó de serle fiel al buen mozo, y estando contemplando a la reina mora en su habitual baño, sintió que unos brazos le sujetaban fuertemente y lo sacaban de su escondite llevándoselo sin poder defenderse.

Al belmomteño lo encerraron en mazmorras y lo torturaron con dureza mediante el sistema de gota a gota, que se trataba de rodearle la cabeza con cáñamos y le iban echando poco a poco una gota de agua y el mozo continuó con sus gritos y lamentos, terminando enloqueciendo en una larga agonía con el cráneo destrozado.

De la bella mora no se supo más   y desapareció sin saber lo que le había ocurrido a su oculto admirador.

En esa zona desde entonces se llamó “El baño de la reina mora” y se comenta que en las noches donde existe luna llena se escuchan rumores de suspiros.