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Cuadernos Manchegos
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El fantasma del castillo

 Las leyendas han progresado en este castillo y la más conocida es la de su fantasma. Y los hechos más importantes se produjeron cuando una noche los guardas del castillo comenzaron a ver antorchas moviéndose y luces extrañas. El capitán del Alcázar se llamaba don Lorenzo de Cañada, joven militar que tenía un gran prestigio como afamado soldado. El aguacil informó al capitán que habían entrado en el castillo y encontraron muerto con una puñalada en el corazón al alférez Valdivia. Para intentar descubrir lo que había pasado mandaron a varios guardas y puso al mando al joven Diego de Ayala que disponía de una bien ganada fama de valiente, pero resultó que este también apareció muerto a la mañana siguiente. A pesar de las pesquisas no se encontraron pistas que dieran respuesta a quién había sido el asesino. Se decidió hacer las guardias fuera del castillo, solamente alrededor de las murallas. Durante unos días nada nuevo ocurrió, pero un día se empezaron a ver por las noches la sombra de una persona que vagaba por el castillo, sin atreverse nadie a entrar en el mismo.

Finalmente el capitán don Lorenzo de Cañada decidió dirigirse hacia la puerta principal que se abrió sola y entró con capote y con su espada desenvainada y haciendo la señal de la cruz.

Desde aquel entonces la sombra del fantasma ha desaparecido y no ha vuelto a verse, pero ahora que el castillo se utiliza de residencia, algunos alumnos que han dormido en la habitación 40 hablan de extrañas sensaciones por las noches.

Esta versión puede estar modificada porque en algunos casos se habla simplemente de un solo militar asesinado.

El mendigo

Otra versión habla que en la época en que se encontraban los templarios en defensa del castillo y que en una ocasión su responsable era un tal don Nuño, que escuchó que los soldados de la puerta hablaban con un mendigo que pedía limosna. Los soldados le llevaron hasta la habitación de don Nuño, que le preguntó quién era y de dónde venía, a lo que el mendigo le contestó que “de donde venía tendría que volver” y “a por qué venía era porque que era su muerte y venía a por su alma”, parece que sus palabras le hicieron recordar al templario las barbaridades y asesinatos que don Nuño había cometido. Al día siguiente los soldados entraron en la habitación de don Nuño y lo encontraron muerto, mientras que el mendigo había desaparecido.