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Cuadernos Manchegos
Cuadernos Manchegos

Para este artículo hemos repasado, leído y tomado apuntes de los numerosos estudios que se han publicado sobre este tema tan polémico y de tanta importancia en la historia de España y también de Europa Occidental.

Existen numerosas referencias de la presencia de esta Orden en nuestra región  y de forma más generalizada en las zonas de Toledo, aunque también para las de Guadalajara, Albacete, Cuenca y Ciudad Real nos encontramos con datos de la presencia de los monjes guerreros.

Puede parecer extraño, porque  si en nuestro anterior artículo resaltamos la importancia de la corona de Aragón por la permanencia e importancia  de los templarios en esta región tan amplia, por lógica debería haber sido mucho más relevante en nuestra región por la proximidad inmediata con la zona sur de España, donde el predominio de los árabes era mucho más patente que en la zona norte.

Podemos señalar como dato importante y por todos conocido que la batalla de las Navas de Tolosa en el año 1212, que, como todos sabemos, supuso una gran derrota para los almohades y su rey Miramolin, en la que intervinieron diversas órdenes religiosas y entre ellas los templarios, incidió en una menor necesidad de los reyes  de disponer de los templarios en defensa de las líneas fronterizas más o menos limitadas, por lo que cabe presumir que sus asentamientos posteriores fueron siendo menos necesarios y que sus milicias se destinaran hacia otros lugares de la península.

Uno de los casos más curiosos fue el del castillo de Calatrava, hoy conocido como Calatrava La Vieja, en el término de Aldea del Rey, en Ciudad Real, que fue cedido a los templarios por Alfonso VII en 1147, pero que, ante los ataques de las fuerzas musulmanas, renunciaron a su defensa, lo que indujo a la creación de la Orden de Calatrava, a la que fue cedida su defensa por Sancho III de Castilla en 1158 a Raimundo de Fitero, fundador de la Orden de Calatrava.

También es interesante comentar el castillo de Villalba en la toledana ciudad de Cebolla, que pertenecía a la encomienda de la Puebla de Montalbán, una de las más importantes de toda la región y fue cedida en el siglo XII y que perduró hasta la desaparición de la Orden en el siglo XIV. El castillo de Montalbán fue retirado a los templarios en 1308 por el rey Fernando IV. Lo importante de esta encomienda se basa en las cercanías a hechos históricos aún sin resolver como el del castillo de la Malamoneda.

En la propia capital de Toledo se han encontrado numerosos puntos de existencia de la Orden de los Templarios, incluso la llamada Casa del Templo y lugares como la Iglesia de San Miguel, el Hospital de San Bartolomé, también con el Castillo de San Servando y un lugar conocido como la Plaza del Seco, por lo que la existencia de la Orden parece estar claramente asegurada durante la época de su existencia.

En cuanto a la provincia de Cuenca y, a pesar de los distintos estudios, escritos e investigaciones realizadas, por lo visto nadie puede afirmar con total razonamiento que los templarios estuvieran de forma continua o tuvieran de alguna manera encomiendas a su cargo, aunque la que se ha hecho más popular ha sido  la de la ermita de Villar del Saz de Arcas.

A las mismas conclusiones se llegan cuando se estudia la existencia de los templarios en Guadalajara, pues aunque se citan distintos puntos y lugares, no parece que entre los expertos y estudiosos hayan llegado a una conclusión definitiva por no haber  aportado pruebas o estudios suficientemente convincentes y prueba de ellos es la disconformidad y distintos planteamientos de los que más han estudiado su presencia, aunque donde parece existir más referencias son las localidades de Torija y Albalate de Zorita, que en muchas ocasiones están motivadas por leyendas que han pasado en el tiempo de generación en generación.

En resumen podemos comentar algunos aspectos interesantes de la presencia o no de los templarios en nuestra Región.

En primer lugar que, aunque fue decisiva en muchos casos la labor realizada por los monjes militares, aun siendo importante y necesaria, no llegó a suponer una tan alta relevancia como en otras regiones.

En segundo lugar lo extraño que encontramos con la existencia  de escasa información y huellas que han dejado los templarios, porque es evidente que sus escritos, que no dudamos que hayan existido, no se hayan encontrado con facilidad.

En tercer lugar al ambiente de misterio y esoterismo que recorre toda la trayectoria del desarrollo de la Orden, en cuanto a su régimen interno y en relación también de sus secretos y de sus misterios, atribuidos o verdaderos, que aún en nuestros tiempos están sin descubrir.

Por otra parte es importante reseñar que sus conceptos de convivencia, de obediencia y de acatamiento debieron ser muy estrictos, puesto que su funcionamiento en los distintos países no derivaba en fallos de planteamiento, porque de su funcionamiento nunca se ha dudado y el comportamiento de sus Grandes Maestres obedecían a una trayectoria uniforme, pudiendo o no sopesar que hubiera sus más o sus menos, pero evidentemente no han salido a la luz o por lo menos nadie las ha evidenciado.

 En definitiva podemos compendiar indicando que durante los doscientos años de existencia de la Orden del Temple, de forma amplia se cubrieron los objetivos de sus fines, que no eran otros que defender a los peregrinos y apoyar a los pueblos en la lucha contra los que combatían por unos conceptos fuera de la iglesia cristiana.