Puntos Inclusión Digital Diputación Ciudad Real
Cuadernos Manchegos
Cuadernos Manchegos

Desde pequeño en mi casa oía que mi padre llamaba a mi madre “Chata”, palabra que yo escuchaba con mucha frecuencia. Ya un día le pregunté a mi madre el porqué de llamarla “chata” y fue entonces cuando me explicó que era una forma muy cariñosa de tratarla mi padre. Me pareció bien la respuesta, pero seguí con curiosidad intentando saber de dónde salía el tratamiento de “Chata” hacia mi madre. Otro buen día le pregunté a mi padre la razón  y fue cuando me explicó el origen de esta forma de tratar a mi madre.

Me dijo que “chata” venia de un personaje de la realeza española que el pueblo la llamaba “La Chata” , que tenía mucha fama de buena persona y era muy estimada por el pueblo llano y las gentes le tenían mucho aprecio y estima, por lo que comenzaron a llamarla así con todo cariño, tomándose la costumbre de cuando se decía a alguna mujer “chata” no se refería a su nariz, sino como trato de amistad íntima o cercano de aprecio y cariño-yo ya había oído decir muchas veces en la calle la frase de un hombre a una mujer como un piropo: “dónde vas, chata”-.

La Chata

Añado que, actualmente, y después de cincuenta años de matrimonio con mi mujer- perdón, al marido que tiene esta señora-, yo sigo llamándola “chata” con el mismo cariño que mi padre lo hacía con mi madre.

Ya con más edad me interesé por conocer quién era esa persona que el pueblo había cogido tanto cariño y afecto, que además pervivía entre el vocabulario de las gentes y se había hecho extensivo y popular.

Bueno, finalmente conseguí saber la historia de este cariñoso afecto de la expresión y ahora que he tenido tiempo suficiente de recordarlo y volver a releerlo, me parece muy conveniente explicar el motivo del artículo y, por tanto, de esta apreciable cariñosa expresión.

“La Chata“ fue el nombre que el pueblo llano adjudicó a doña María  Isabel Francisca de Asís de Borbón y Borbón. Esta mujer ocupó una importante representación durante el reinado de Isabel II, Alfonso XII y Alfonso XIII.

Expliquemos que fue la primogénita de Isabel II, reina de España y de su esposo Francisco de Asís, y, por tanto, hermana mayor de Alfonso XII.

Isabel nació en Madrid en el año 1851 en el Palacio Real y falleció en París en 1931 con setenta y nueve años de edad.

Fue princesa de Asturias en dos ocasiones y nieta, hija, hermana y tía de reyes, por Fernando VII, Isabel II, Alfonso XII y Alfonso XIII.

La consideración que tuvo esta mujer en todos los ámbitos fue muy grande y muy apreciada, así lo demuestran los distintos calificativos que le fueron adjudicados en los diferentes lugares y ámbitos que recorrió, incluso hasta los mismos republicanos le permitieron su estancia en España, aun habiéndose instaurado la república.La Chata

Así, los comentarios fueron muy variados. Algunos republicanos la llamaron “la infanta buena”;  en Madrid se la llamaba “la princesa de Madrid” y en una visita que realizó  a Argentina en representación de la corona española se la denominó como “madre del pueblo”.

Isabel fue una mujer que tuvo una exquisita educación rodeada de grandes y conocidos tutores que la educaron en los distintos aspectos culturales, tanto en literatura, como en historia y en cultura. Aprendió inglés y era muy partidaria de los actos sociales populares, asistiendo a las plazas de toros, a las festividades de San Isidro y propulsora de actos lúdicos como la proliferación de la ópera de la que era muy aficionada.

A pesar de sus posibilidades de  poder haber llegado a ser reina, nunca tuvo una intención clara de conseguirlo, pero su presencia entre las distintas vicisitudes de los finales del reinado de su madre, las de Alfonso XII, su hermano, y los vicisitudes de Alfonso XIII, la presencia de Isabel se hizo notar, especialmente de Alfonso XII, que la tenía como predilecta y un gran afecto y cariño.

Realizó un matrimonio obligado de conveniencia con Cayetano de Borbón-Dos Sicilias y Austria, conde de Girgenti en 1868, teniendo Isabel 17 años. Matrimonio poco avenido y que simplemente duró tres años, porque el esposo padecía de epilepsia y en 1871 se suicidó de un disparo en la cabeza. El matrimonio no tuvo hijos.

La infanta Isabel tenía grandes virtudes por ser una persona campechana y muy llana y no le importaba mezclarse entre el público en las ferias callejeras y ella misma conducía el carruaje.

Cuando el destierro de la familia real se tuvo que  refugiar en París donde murió en soledad.

Indudablemente esta mujer debió reunir unas excelentes condiciones para la convivencia, ya que ser respetada, incluso querida, no solamente por el pueblo sino también por sus propios personajes que la rodearon, en unos tiempos donde los reyes no tenían excesivamente gran popularidad, porque fueron años de unos intensos avatares políticos-recordemos el atentado del cura Merino, en el que se encontraba también Isabel de Borbón-, no era sencillo conseguirlo.

Curiosidades de su vida

- En 1991 el rey Juan Carlos I trajo los restos de la infanta ubicándolos en la Colegiata de la Santísima Trinidad en el Palacio Real de la Granja.

- La famosa y conocida calle de “La Princesa” en Madrid está dedicada a Isabel de Borbón, que va desde  la Plaza España hasta Moncloa y donde se celebraba la primera verbena del año llamada de “Verbena de la Princesa”.

- En Madrid tiene dedicada una calle específica con el nombre de “Infanta Isabel”, que va desde la Glorieta de Carlos V hasta la plaza de Mariano de Cavia.

- Además existe un  monumento  con estatua  en la Granja  y otra en el Parque del Oeste de Madrid.

- El apelativo de “La Chata” era como es lógico como consecuencia de su nariz.

Les aconsejaría poder consultar dos importantes publicaciones que narran la biografía y avatares de este personaje que son indispensables para conocer todo sobre nuestro personaje que yo he consultado, aun teniendo en cuenta que puedan existir otras publicaciones y artículos sobre este tema.
***Rubio, María José.- La Chata.- La esfera de los libros S.L.- 6ª edición.-
*** Azorín, Francisco.- Personajes del Madrid famoso.- 1.- La Chata.- Editorial Avapiés.- 1992