Cuadernos Manchegos
Cuadernos Manchegos

¡Oye, Gaspar! ¿Puedes venir un momento?

- Dime, Melchor, ¿me necesitas para algo?

- Estoy repasando el correo de la zona de Castilla-La Mancha que tenemos que recorrer mañana y cuando ya tenía preparados todos los regalos y me quedaban tres o cuatro cartas, he cogido la que estoy leyendo de un niño de Tomelloso que es diferente de todas las miles  que nos han enviado.

- ¿Qué tiene de novedad que no sea pedir juguetes y regalos, Gaspar?

- Pues  muy sencillo de explicar, que este muchacho no pide nada para él, pero si nos solicita que le traigamos a su madre dos o tres regalos a cambio de los suyos.

- ¿Que no pide juguetes? ¡Qué caso más raro la de ese  niño! ¿Qué te parece? ¿Y dice algo más en la carta?

- Pues la verdad es que poco más, dice que solo quiere que su madre recupere la sonrisa, porque está muy triste y que solamente está él en la familia, porque su padre ya no se encuentra en casa.

- Pues se trata de un caso muy particular y creo que deberíamos hacer algo por el muchacho.

- Lo más curiosos es que la carta viene a mi nombre y me parece que el responsable debo ser yo.

- Pues decide lo que más convenga.

- Pues mira, ya que no dispongo de más tiempo, porque mañana hay que estar en Tomelloso, le voy a llamar por teléfono y hablar con él.

- Pero eso es saltarse las normas y como se entere el resto de los niños vas a tener que estar llamando todo el año.

- No va a saberlo nadie, porque haré que me localicen el teléfono y conseguiré que me prometa no decir nada a nadie.

- Bueno, bueno se lo diré a Baltasar para que esté enterado de lo que vas  a hacer.

- Ángel Luis, por favor.

- Soy su madre ¿quién le llama?

- Dígales que soy su amigo, Melchor, el del colegio.

- Bueno, ahora se lo digo y enseguida se pone.

- ¿Hola? ¿Quién es?

- Hola, soy tu amigo, Melchor al que has escrito una carta para la fiesta de los Reyes Magos y queríamos hablar contigo.

- ¡Ah, bueno! Pues venga, dime lo que quieres.

- Pero antes tienes que prometerme una cosa ¡vale!

- Bueno, venga, lo prometo.

- Soy el rey Melchor que te llamo desde mi carroza, porque como en  tu carta no nos pides nada, quisiéramos saber qué es en realidad lo que necesitas, porque estamos cargando las carrozas y no te puedes quedar sin regalo.

- Muy bien, me alegro de conocerte Rey Melchor y quiero decir que mi madre necesita una lavadora, una             televisión y un paraguas, porque las tres cosas se han estropeado y  mi madre tiene que divertirse y  no trabajar tanto.

- Ya, ya Ángel Luis, pero nosotros los reyes magos no hacemos regalos a los padres de los niños y como comprenderás no podemos hacer una excepción, porque sería un mal ejemplo el que teníamos que dar.

- Pues lo siento, Melchor, yo solo quiero a mi madre y no necesito nada, porque entienda señor Melchor que mi madre está muy triste y muy sola y me quiere tanto que es capaz de enfermar con tal de que yo pueda estar contento, pero cuando alguna noche, sin que lo sepa, miro en su habitación, es raro la vez que no la pillo llorando.

- Vaya, lo sentimos mucho los tres reyes y vamos a juntarnos para ver en qué te podemos ayudar, aunque sea sin regalos, porque aquí en nuestro almacén no tenemos lavadoras, ni televisiones de verdad, solamente tenemos las de juguete.

- Ya me lo imaginaba, pero como ustedes pueden con todo me pensé que podrían hacer algo, pero por lo menos el paraguas aunque sea de juguete, pero que sea para la lluvia.

- Bueno, en eso quedamos, pero aunque no podamos complacerte, nos permitirás que te hagamos un obsequio por lo buen hijo que eres y por lo que quieres a tu madre.

- Que no, que no. Que no quiero nada, nada, nada, solamente lo que puedan para mi madre.

- Bueno ya que insistes no te podemos prometer nada, pero haremos algo dentro de lo poco que disponemos.

- Muchas gracias, Melchor, que sepas que eres mi rey favorito.

- Muchas gracias y adiós.

- Y ahora, ¿qué hacemos? Tú Gaspar que eres más imaginativo ¿qué se te ocurre que podamos hacer? Y tú Baltasar, que tienes más conocimiento del mundo, ¿tendrás que pensar en algo?

- Pues, sí, la verdad es que estamos muy limitados porque no podemos hacer regalos de ese tipo por muchas razones: porque no podemos sentar este precedente, porque no disponemos de ese material y porque el niño se niega a recibir ningún obsequio.

- Yo estoy pensando en no regalarle nada.

- Pero, ¿qué es eso de no regalarle nada?

- Pues muy sencillo hacemos una gestión con el Ayuntamiento y lo dejamos arreglado todo.

- Pero… ¡estás loco!… ¿de trato con el Ayuntamiento?

- Dejarme a mí con este asunto, que lo arreglaré.

- ¡Y cómo lo vas a apañar?

- Muy sencillo  de nuestros pequeños excedentes de juguetes le hacemos un regalo de reyes al Ayuntamiento para que los distribuyan en nuestro nombre a los más necesitados como un depósito que han hecho los Reyes Magos al Ayuntamiento e intentaremos que éste le haga llegar el regalo a casa de su madre en nombre nuestro, hablando previamente con su madre.

- ¡Ángel Luis, Ángel Luis, ven que ya han pasado los reyes magos y te han dejado un carta!

- Ya lo sé mamá que no me han dejado nada y me habrán contestado a lo que les dije.

-- Bueno pues, venga, ábrela.

La carta con la palabra “N A D A “ en el sobre, decía lo siguiente:

“Vale por un televisión en color, una lavadora automática, presentando esta vale  en el Ayuntamiento que dirá donde recoger estos electrodomésticos y, en el establecimiento, y como oferta por la retirada del producto, le será regalado un paraguas último modelo. PAGADO”