Cuadernos Manchegos
Cuadernos Manchegos

Pues, ¿qué quieres que te diga?, mi vida ha sido muy alegre y muy triste a la vez.

- Hombre si empezamos así la conversación me parece que va a durar poco.

- Hombre me refiero con las  mujeres, y es que soy muy patoso y he tenido mala suerte y, ahora que las mujeres están mejor que antes, es cuando me doy cuenta las oportunidades que se me han pasado.

- Venga, venga, no te agudices, que acabas pinchándote.

- Sí, lo que tú quieras, pero en tu caso sí que has sido feliz y has tenido mucha suerte con la mujer que tienes.

- Hombre, tampoco exageres, que yo solamente he tenido una y tú  me faltan manos para contar las que han rodeado tu lindo cuerpo ¡Eh, malandrín! Vaya, que te veo muy rebullío. Venga, vamos a tomar un buen vino y me lo cuentas con más tranquilidad.

- Venga vale, que hoy estoy espléndido y  te vas a enterar de mi vida sentimental que merece la pena, como si fuera un cuento y pienso rematar la faena cualquier día de estos.

- No exageres, que a tus setenta y tres años, ¿dónde vas, so pasmao?

Con la experiencia que tengo con las mujeres no te extrañes que te veas asombrado de lo que te voy a contar.

- Venga, que me pones nervioso, suelta ya, que ya tienes el vino en la mesa.

- Pues aunque no lo creas siempre he sido muy tierno o muy tonto, como quieras entenderlo, pero mi primera novia un poco en serio la dejé porque me recordaba a mi madre y como puedes entender no podía hacer manitas con mi madre, así a mis doce años abandoné a la mi primera niña que  me hacía tilín.

- Este primer desengaño te debió doler mucho.

- Pareces tonto, nada siquiera, a los dos años, con mis catorce en el cuerpo, me gustó una vecina de cerca de mi casa y ya me las ingenié para ir  al colegio juntos y volver juntos. La muchacha la verdad es que era un poco pispoleta, pero me hacía mucha gracia y llegamos incluso a jugar juntos y, de vez en cuando, nos cogíamos de la mano, pero cuando ya pensaba que  mi deseo triunfaría, se fue del pueblo y no la he vuelto a ver.

- Vaya, vaya, ya vas por  tu segundo desengaño.

- Tampoco me dolió mucho, porque muchachas había muchas en el colegio.

- Venga, vamos a por la tercera.

- Pues ya pasaron algunos años y, como dejé de estudiar, pues mi padre me llevaba al campo para las viñas y así estuve varios años, pero no dejé de estudiar, aunque no iba al colegio, pero no paré de leer mucho y de vez en cuando me gustaba recurrir a la pequeña biblioteca que tenía mi padre, que en realidad era mi madre la que leía más a menudo, que aunque no era  muy abundante en ejemplares, tenía algunos libros a los que me aficioné y ocurrió que coincidí en una comunión con una chica que también me dijo que leía mucho e hicimos buena amistad. A partir de ese día comenzamos a salir a menudo por el paseo comentando nuestras lecturas. Ya fuimos intimando un poco más, pero no encontrábamos ningún momento de asueto-ya me entiendes- porque estaba muy vigilada y su padre no le permitía mucho salir a deshoras y la decía que siempre paseáramos por lugares concurridos.

- ¿Y qué hiciste?

- Púes ya con mis veintiún años, mi padre decidió comprar un coche para las viñas y me saqué el carnet de conducir y el primer fin de semana me fui a buscar a la muchacha en el coche y, cuál no fue mi sorpresa, cuando el padre la prohibió montar en el coche, diciendo que solamente podía salir con ella paseando por el pueblo, así que nada, que no encontraba manera de echarnos a la vida libre y cogernos tan siquiera de las manos, por lo que decidí dejar de salir con ella porque lo de su padre era angustioso.

- Pero la muchacha quedaría algo triste sin tu presencia.

Pues no debió sentarle tan mal, porque a los pocos días ya salía con otro mozalbete y además montaba en una moto que tenía. Al final pensé que a su padre no debí caerle bien y a ella tampoco le causó un drama la pérdida de mi compañía.

- Pues no llevas mala carrera, porque ya van tres.

- Sí, tienes razón y es que mi vida sentimental ha sido un verdadero fracaso.

- Pero, sin embargo, siempre has tenido fama de mujeriego.

- Sí, pero por lo visto no me ha servido de nada, porque sigo soltero.

- Bueno, pero hasta los setenta y tres años que calzas, habrás tenido más arreglos sentimentales o lo dejaste en la veintena.

- No, que va, si las mujeres me siguen gustando. Así que cuenta la cuarta, que es la que más me ha durado, así que vamos con la siguiente. Una campaña de vendimia alternamos la recolección con la cuadrilla de un amigo de mi padre y allí conocí a mi cuarta candidata. Una muchacha simpática, agradable y con unos ojos de rechupete. Después de la vendimia, quedamos durante un tiempo y ya, en las fiestas y en los festejos, pues nos juntábamos a bailar, íbamos al cine, en fin que ya hacíamos nuestras manitas y nuestras cosas. Continuamos durante un tiempo nuestra relación y llegó el momento de ir a la mili, lo que produjo un tiempo sin poder vernos, aunque nos escribíamos muchas cartas y nos vimos en dos permisos que me concedieron. En la segunda visita ya noté alguna diferencia en nuestra relación, porque me dio la impresión que la encontré algo fría y que sus pensamientos se alejaban bastante de los míos y más cuando me contaron que había empezado a seguir con sus estudios y que se iba a desplazar a Ciudad Real, viéndola tan obsesionada que quedé convencido quemi futura estampa de agricultor no la convencía mucho.

- Estas mujeres, qué cosas tienen, ¿no te parece?

- No, no tengo nada que criticar, las circunstancias cambian y lo sentimientos se modifican y más a esa edad, así que seguimos siendo muy buenos amigos, pero no llegamos a pasar de ahí, aunque reconozco que nuestra amistad no se ha perdido, porque la vea a menudo cuando vieneal pueblo de vacaciones y recordamos viejos tiempos de juventud.

- Pero seguiste buscando pareja, que se dice actualmente.

- Pues claro, pero dejé pasar un tiempo, porque quedé muy afectado. Pero, mira por dónde, llegó la ocasión de encontrar lo que yo pensaba que era el amor de mi vida, pero tampoco resultó así, porque solamente discutimos una vez y así, como te lo digo, nos mandamos a la mierda los dos y como te puedes imaginar por una discusión tonta, como casi siempre ocurre en estos casos.

- ¿Y puedo saberlo? Anda, dímelo.

- Pues que se empeñaba en que saliéramos con su hermana siempre y con su novio y yo llegué a estar harto del novio y de su hermana, porque eran unos pringosos y cuando un día la dije que podíamos comenzara salir solos, me contestó que por encima de mí estaba antes su familia y hasta aquí hemos llegado.

- Bueno, pues remata la faena ¿y ya no volviste a intentar buscarte otro apaño?

- Pues sinceramente no, sé que lasmujeres existen, que están todas muy ricas, muy estupendas, muy deseables y todo lo que túquieras, pero que no.

- Pero ahora, cuando ves a una mujer y te gusta, ¿qué piensas? ¿qué haces?

- Pues muy sencillo ha vuelto a pensar lo mismo que cuando era niño y he regresado a mis primeros pensamientos, que, en definitiva, es de lo que más recuerda cualquier persona a mi edad, pienso que es mi madre o como mi madre y así se acaba la historia. Para mí las mujeres ya no existen.