Virgen de las Viñas Tomelloso
Cuadernos Manchegos
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Ya mencionamos en nuestro anterior artículo la leyenda de esta población a la que se supone que debe su nombre de Minga, la Galanilla y ahora en esta ocasión vamos a incluir la leyenda que se denomina como la de don Benitón.

Le leyenda comienza en el siglo XVIII con relación a una persona que nació en la localidad de una familia humilde y trabajadora del campo. El muchacho nació el día de San Benito y ese fue su nombre. Se crió con una fuerte presencia corporal y una gran musculatura y, aunque no tuvo posibilidad de poder  seguir con sus estudios, sin embargo en sus labores del campo era un verdadero trabajador, además tenía la característica de ser una persona muy buena y religiosa. Ya  a partir de los dieciocho años comenzó a tejerse su fama de forzudo y cargaba tanta leña en su espalda que la que llevaba el burro,  y en otro hecho fue capaz de cargarse a hombros 483 kilos de sal, subiendo incluso un escalón y comiéndose una libra de pan. Su fama se fue extendiendo  y comenzaron a llamarle Benitón. Tuvo que incorporarse el Servicio Militar y le nombraron cabo de gastadores, dándole dos raciones de comidas. En la guerra de la Independencia salvó a un coronel herido, llevándole herido a hombros. En el sitio de Tarragona por su arrojo y heroicidad fue nombrado sargento 2º, al final consiguió el grado de capitán y pasó a la guarnición de Melilla. Allí en una ocasión le acorralaron unos moros y se entregó por proteger a su migo que tenía mujer e hijos y no quiso luchar. Al comprobar los moros  la fuerza que tenía quisieron que se acogiera a su religión y, no queriendo, le castigaron a labrar con un buey. Consiguió escapar y fue a Melilla procurando que liberaran a su amigo como así ocurrió, previo pago de un rescate. Le destinaron a Murcia y, antes de llegar, en  el carro donde iba se desbocaron los caballos y Benitón se agarró a una rueda y consiguió parar el carro. Se cuenta que en una ocasión una mujer impedida quería comprar naranjas pero no podía bajar a comprarlas y Beniton cogió a la burra que llevaba las naranjas y se la subió a la anciana que pudo elegir las que quiso y nuevamente bajó con la burra en brazos. En otra ocasión el general quiso comprobar el estado del cañón pero no podía ir a verlo por actividades de trabajo. Benitón fue a por el cañón y se lo trajo a la puerta.

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 Ya en el año 1825 volvió a su casa con su mujer y sus hijos, pero la gente del pueblo le decía que ya estaba viejo para hacer ostentación de su fuerza y apostó a  que se bebería una botella de vino con un vaso sin derramar una gota y que le agarraran dos personas de una brazo, al final lo consiguió. Otra vez en Cuenca le retó un hombre que tenía fama de forzudo y Benitón le cogió y le pegó unos buenos azotes en el culo.

Durante la Guerra Carlista entró un cabecilla en Minglanilla  y fue a dormir en la posada. Benitón quiso saber qué persona serían esas y cuando entraba en la posada un soldado gritó diciendo que venía el enemigo intentando cerrar las portadas a lo que se prestó Benitón. Los de fuera, al no poder abrir soltaron varios trabucazos  que dieron en el cuerpo de Benitón quedando malherido. Cuando entraron los nacionales se dieron cuenta del error le llevaron a su casa, pero allí falleció de la gangrena que le produjo una de las balas.

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Este hombre se llamaba Benito Martínez y tenía una altura de dos metros y se le denominó también como el “Hércules de Minglanilla”.
También parece que llegó a ser campeón de lanzamiento de barra castellana, deporte que consistía en tirar una barra metálica de siete kilos de peso lo más lejos posible.
 En Minglanilla existe un monumento en metal donde aparecen cuatro figuras que tiran de unos alambres y otra figura que aguanta la fuerza de los cuatro en recuerdo a don Benitón.

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