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La desnudez de un hombre
Ángel Bernao | Ruidera | Sociedad | 22-05-2020

Anécdotas verídicas

La desnudez de un hombre

Cuéntase que se cuenta

Cuéntase que se cuenta, cuéntase que ocurrió que una familia decidió pasar  el día en Ruidera. Así que madrugaron todos: madre, padre y dos hijos. El viaje fue muy tranquilo y breve por no existir mucho tráfico. Tenían apalabrada la comida en el restaurante Entrelagos, que disponía de una amplia zona cubierta y cerrada para poder comer y una playa muy bonita para bañarse. Subieron primeramente hasta Los Leones, donde desayunaron y los muchachos disfrutaron remojándose y echándole de comer a los patos. Hicieron un recorrido por la bajada del agua, con sus cascadas, observando la naturaleza y a eso de la una llegaron a Entrelagos. Como era temprano para comer decidieron tomar algo antes de la comida. Mientras, pidieron unas bebidas y aperitivos, especialmente para los muchachos. El padre decidió darse un baño y, diciendo a su mujer y sus hijos que siguieran con el aperitivo que les habían puesto, se quitó el pantalón corto y la camisa y se quedó en traje de baño.

El agua estaba tranquila y las zonas de comedor repletas de gente. Se metió al baño y en pocas brazadas llegó a la plataforma flotante que estaba algo separada de la orilla y que estaba desierta. No había nadie en la plataforma, así que, dándoselas de joven, se subió al trampolín y se tiró  de cabeza. Lo que ocurrió a continuación es digno de mencionar.

Cuando el hombre se puso de pie el agua le llegaba al cuello, que le sorprendió, porque pensaba que no existía tanta profundidad, pero lo que más le sorprendió es que el bañador había desaparecido en la zambullida. Se puso a mirar alrededor y nada que se había quedado desnudo.

La situación era delicada. No podía salir así con la cantidad de gente que se encontraba sentada y comiendo y tampoco tenía nadie cerca que estuviera bañándose para explicarle lo que le había pasado Así que no se le ocurrió otra cosa que se lanzó al agua y empezó a gritar pidiendo socorro. Así estuvo durante un rato mirando a la orilla hasta que, por fin, vio que un bañista de acercaba con un flotador. Cuando llegó a su lado le dio el flotador.

El hombre le explicó lo sucedido y se excusó como pudo y el salvador saltó:

—¡Joder, que estaba empezando a comer!—exclamó, continuando: Bueno, ¿y ahora qué quiere que hagamos?— preguntó con aire de cuchufleta.

—Pues perdone de nuevo usted, le tengo que pedir otro favor. Mire, he venido con mi mujer que se llama Julia y está en el comedor exterior con dos muchachos rubios. Si hiciera usted el favor de decirla lo que me ha pasado y me traiga el otro traje de baño, pues de verdad que se lo agradecería de nuevo—explicó nuestro protagonista.

El salvador— que no supimos cómo se llamaba— se dirigió a la orilla.

Pasados unos cuantos minutos, que al bañador desnudo le parecieron interminables, porque había advertido ciertos extraños movimientos en las personas que estaban comiendo, apareció de nuevo el personaje con un  bañador en la mano.

Nuestro hombre se lo puso como pudo y ya ambos se dirigieron a la orilla, donde nada más llegar fueron aplaudidos por la multitud y su mujer y sus hijos se abrazaron como si hubiera pasado algo más grave de la realidad. El hombre avergonzado le preguntó a su salvador qué había pasado y este personaje le contó todo:

- Mire usted, cuando empezó a dar gritos de socorro, hubo gente que quería ir a salvarle, otros que llamaron al propietario, por si estaba el salvavidas y otros a la Guardia Civil, es decir, para todos los gustos. Al final me decidí yo, porque conozco esta playa y sé que no es profunda y además porque soy bombero y entonces la gente aceptó que fuera yo. Hasta aquí todo más o menos normal, pero cuando yo me dirigí a su señora para explicarle lo del traje de baño, su mujer, preocupada, elevó demasiado la voz diciendo:

—¿Que ha perdido el traje de baño y está desnudo?

Y claro todas las personas que lo oyeron se lo tomaron a broma. Por eso puede usted explicarse la razón por la que nos aplaudieron en la playa. Estamos de vacaciones y la gente tiene muy buen humor.

Lo que hablaron después el matrimonio es cosa de dos y no lo vamos a contar, porque tampoco lo sabemos.

HAY QUE SABER NADAR Y GUARDAR LA ROPA

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