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Una moto desobediente
Ángel Bernao | Calatayud | Sociedad | 15-07-2020

Anécdotas verídicas

Una moto desobediente

Cuéntase que se cuenta

Cuéntase que se cuenta, cuéntase que ocurrió que hace ya mucho años, Esteban, un amigo de juventud, tenía que sacarse el carnet de conducir y en aquel entonces era necesario el de moto y el de coche.

Las desventuras de Esteban estuvieron a punto de costarle un disgusto grande y casi su porvenir.

Encontró un buen trabajo, pero le exigían los dos carnets,  ya que parte de su trabajo consistía en desplazamientos por caminos y la empresa tenía una gama de motocicletas que utilizaba para ciertos trabajos.

Esteban partía de una situación incómoda porque nunca había montado en bicicleta, cosa rara en aquellos tiempos, pero así era y por ello no estaba acostumbrado a los vehículos de dos ruedas, así que decidimos hacer unas clases paralelas con una antigua Vespa de otro amigo que teníamos en el pueblo.

Las primeras clases fueron desastrosas. No se mantenía en pie, se balanceaba de un lado a otro y al final se caía y aunque comprendimos que era natural que al principio no dominara la moto, no terminaba de mejorar. Pero, por otro lado, nos temíamos que incluso tuviera algún golpe serio. Esteban solía decir después de cada caída: “Si es que la moto no me hace caso, es una desobediente”.

Así que decidimos que las prácticas la hiciera en un alfalfar de un vecino que nos permitió que Esteban pudiera aprender a montar la Vespa y que resultaría menos peligroso que en los caminos de tierra. Tantas y tantas prácticas y casi siempre Esteban terminaba en el suelo y la moto caída. Pero lo más interesante es cómo al final pudo aprender. Lo que en realidad tenía Esteban era el miedo a caerse y hacerse daño, que nos pareció natural cuando lo confesó, porque decía que la pobre moto cogía unas velocidades muy grandes.

Pues bien, Esteban perdió el miedo a conducir cuando se nos ocurrió ponerle al final del alfalfar tres o cuadro fardos de alfalfa, donde se lanzaba al final del recorrido con moto y todo embutido en los paquetes. Como descubrimos su secreto, su seguridad iba en aumento y cada vez la línea de partida la colocábamos más lejos y en terceras instancias empezamos a ponerle los pilotes para que fuera esquivándolos, porque era la prueba que tenía que efectuar en el examen.

Por otra parte, las clases de coche en la autoescuela las llevaba bastante bien y por fin llegó el día del examen de conducir que Esteban superó con éxito a la primera.

A los pocos días  le avisaron de la Autoescuela para realizar el examen de conducción de la moto. A Esteban y a todos los demás les daban la oportunidad de utilizar su propia moto y como es lógico Esteban se llevó la Vespa, que limpiamos, arreglamos un poco el acelerador y el freno de manillar.

La autoescuela tenía toda la mañana adjudicada por los examinadores pues presentaba ocho personas que querían obtener el carnet de moto, como así se llamaba.

A Esteban le tocó el turno de ser el quinto. Las pruebas consistían simplemente en vadear unos pilones colocados  en línea y sortearlos hasta el final. Empezó Esteban la prueba, pero no la acabó. Tiró dos o tres pilones y le suspendieron. El señor de la autoescuela se lamentó que todos los anteriores hubieran aprobado y Esteban no. Pero no acabó ahí la cosa porque, por desgracia para los examinantes y el de la autoescuela, los otros tres que sucedieron a Esteban, tampoco aprobaron.

Bueno, con mucha paciencia cuatro o cinco días más de prácticas y a por el segundo examen de moto. Esta vez eran cuatro los que se presentaban por la misma academia y el encargado decidió que Esteban fuera  el último. Sin duda pensó que Esteban iba a suspender de nuevo y pondría nerviosos a los demás; lo que se dice, que Esteban era un gafe.

            Y sucedió lo previsto, suspendió de nuevo. Nuevas prácticas y otros cinco o seis días. Un buen día que estábamos animando a Esteban, uno de los amigos tuvo la genial idea de conseguir que Esteban aprobara la prueba de la moto.

Explicó que como los exámenes se hacían en campo descubierto, Esteban aprobaría seguro si al final de su trayectoria podía ver las pacas de alfalfa. Lo comentaron y hubo muchas dudas al respecto, pero haciéndose cargo de la situación y a vista que Esteban no aprobaría nunca y perdería su trabajo, estudiaron detenidamente la manera de llevarlo a cabo.

El examen se realizaba en una pequeña explanada de campo donde se había habilitado una zona asfaltada y al fondo campo abierto.

Ya tenían la solución, a unos treinta metros del final de la prueba decidieron poner el campamento. Le explicaron a Esteban la forma que habían decidido y Esteban dijo que haría lo que pudiera.

Los amigos le indicaran que estuviera atento a los pilotes pero que al final estaría colocado lo que sería la salvación para aprobar el examen.

Y por fin llegó el día del tercer examen. Si no lo aprobaba tendría que renovar papeles y la empresa le había dado un plazo concreto para la presentación de sus carnets y resto de documentación que estaba a punto de caducar.

Los amigos le dieron todos los ánimos posibles y Esteban decidido como nunca se fue al examen. Como era ya habitual desde la segunda prueba el hombre de la Academia le había dejado para lo último. Después de cinco alumnos, que todos aprobaron, le tocaba el turno al bueno de Esteban.

Bueno, cogió la moto y esperó a que el examinador le diera la orden de empezar, y Esteban, unos segundos antes de empezar y haciendo caso de sus amigos que se lo habían advertido, miró al frente y ¡Oh, sorpresa!, vio a lo lejos tres hermosos paquetes de alfalfa alineados y de un verde que a Esteban le pareció luminoso.

Ni que decir tienen que Esteban aprobó el examen, se colocó, se casó y tuvo el trabajo que le prometieron. Es cierto que le duró poco tiempo, porque en cuanto pudo buscó otro que no necesitara utilizar la moto, porque caídas, por lo visto, tuvo unas pocas.

Esteban confesó que no tendríamos el valor de transportar los paquetes hasta el examen y estaba nervioso. El miedo que le cogió a las motos fue tal que, aunque sea vergonzoso, cuando oye el ruido de una moto, que es bastantes veces en la localidad, tienen ganas de esconderse en una esquina.

No por mucha velocidad se llega más temprano

Vespa

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