
Cuéntase que se cuenta, cuéntase que ocurrió que hace muchos años programaron una excursión a Mallorca en barco. Nos llevaron hasta Valencia en autocar y de allí hasta la isla. Íbamos acompañados de dos monitores que hacían como responsables del grupo. Estuvimos cinco días y al sexto comenzamos a preparar las maletas para, al día siguiente, embarcar a las diez de la mañana.
El grupo era de treinta personas, todos jóvenes. La verdad es que durante esos cinco días tuvieron lugar varios sucesos que se tomaron como anécdotas, pero no esperaban la repercusión posterior.
La segunda noche quisieron disfrutar de la noche mallorquina e hicieron dos grupos que se dirigieron a sendas discotecas, que previamente la compañía tenía contratadas para ese único día. La vestimenta era típicamente playera y veraniega, excepto Francisco que se vistió casi de gala. Un impecable pantalón azul, color marinero, acompañado de una espléndida camisa de seda blanca, una chaqueta tipo marinero, cruzada y de color negro. El pelo cargado de brillantina y hacía atrás. Hecho un cromo. Parecía un galán-boy.
La noche transcurrió sin incidentes, disfrutaron lo que pudieron, además porque la primera consumición era gratis.
Terminada la fiesta los dos grupos regresaron al hotel sin novedades. Al llegar se denotó un cierto bullicio entre los compañeros y todo el mundo se acercó al corrillo para ver qué ocurría. Al llegar al centro del corro, se pudo observar que no era otro que Francisco. Pero la sorpresa estaba que era un Francisco, pero un Francisco vestido de forma muy diferente del que había salido del hotel horas antes.
Llevaba un pantalón vaquero corto por encima de las rodillas y una camisa de tirantes, zapatillas playeras y en la cabeza un pañuelo anudado tipo pirata.
- Pero, Francisco, ¿qué has hecho con tu ropa? - le preguntó un compañero.
- Pues muy fácil, que me he encontrado un chaval y nos hemos hecho amigos y hemos intercambiado la ropa, porque a los dos nos ha gustado la del otro - dijo con toda alegría.
En una segunda ocasión, otro de los jóvenes, en este caso una chica, por lo visto se fumó por primera vez un “porro” y menos mal que los compañeros se la trajeron de inmediato, porque cuando los demás la vieron todavía estaba en el etéreo mundo de las ilusiones.
Por fin llegó el último día y la gente salió también esa noche, excepto unos pocos que prefirieron descansar por esa vez. La hora de reunión para salir se había acordado que fuera las siete de la mañana en la antesala del hotel, para ultimar trámites y organizar la ruta.
Por fin dieron las siete y la gente comenzó a bajar a la antesala del hotel con sus respectivas maletas y bolsos de viaje. Hicieron el conteo y después de dos conteos se comprobó que faltaba una persona. Nicasio no se había presentado. Subieron a su habitación, pero no estaba, además su compañero de habitación nos ratificó que no había dormido en la que compartían. Preguntaron en recepción y tampoco les dieron pista alguna sobre su persona. Sinceramente preocupados, el responsable cogió un taxi, que le proporcionó el hotel y partió hacia las discotecas que habían frecuentado las noches anteriores, mientras que, ayudados por el servicio del hotel hicimos llamadas de urgencia a los cuatro hospitales que existían. A las ocho y media seguían sin tener ninguna noticia de Nicasio. Decidieron que el resto fuera llevado en el autocar contratado al barco y los dos responsables se quedaron haciendo gestiones. Se desplazaron al puesto de Policía y la Guardia Civil. En ambos sitios presentaron un escrito para que constara la desaparición del joven. Puestas las denuncias, siguieron llamando a puestos de socorro, ambulatorios y otras discotecas, indagando sobre la posibilidad que alguien proporcionara noticias al respecto.
Desesperados ya, la policía les indicó que partieran y dejaran en sus manos la búsqueda del joven. Le proporcionaron todos los datos de Nicasio, dirección, rasgos físicos e incluso una fotografía de la ficha que se llevaba de cada componente del grupo. El hotel le ofreció a uno de los responsables una estancia gratuita hasta que se descubriera el paradero del desaparecido, pero la empresa indicó que tenían la obligación de volver los dos. De esta manera, y a pesar de no haberlo localizado, tuvieron que salir de Mallorca sin Nicasio.
Volvieron al pueblo. El problema era muy grave. Tuvieron que hablar con sus padres intentando dar todo tipo de explicaciones y les dieron los teléfonos de la comisaría de Mallorca para que hablaran con la policía. Dentro de los nervios lógicos de sus padres la policía de Mallorca les calmó diciendo que su hijo tenía que estar vivo, porque no se había encontrado ningún cuerpo ni fallecimiento que coincidiera con los rasgos de su hijo.
El padre llegó a inculpar de todo a los monitores y de denunciar su negligencia a la Empresa, mientras que la desesperada y desconsolada madre se quedó llorando intermitentemente.
Los padres tenían la oferta de la empresa de viajes de llevarles a Mallorca gratuitamente, cosa que los padres desestimaron.
Al cuarto día los padres llamaron por teléfono a la empresa con la intención de hablar con los monitores.
Acudieron de inmediato a su casa donde les estaban esperando. Les hicieron sentar y les contaron que habían recibido una carta de su hijo.
Les comentaron que en la carta Nicasio les comunicaba que no se preocuparan, que estaba bien, pero que de momento no tenía intención de regresar de nuevo al pueblo. A continuación añadía las razones de no haber regresado, que no era otra que haber conocido a una chica muy guapa que trabajaba en una discoteca y que de momento vivía con ella. Que había encontrado trabajo en el bar de la discoteca y que estaba muy contento y era preferible esa vida que estar sulfatando los manzanos y los perales. Comunicaba que iría mandando continuamente noticias de su estado y de su trabajo, que le perdonaran y que se encontraba contento con su nueva situación.
Los padres no tuvieron otro remedio que, de momento, quedar tristes por esta noticia, aunque con posterioridad sabemos que a los dos o tres años volvió a casa de sus padres acompañado de su pareja, aunque regresó de nuevo a Mallorca, porque según dijo allí tenía su vida hecha.
Siempre hay otra vida para disfrutar
