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Un día aciago
Ángel Bernao | Calatayud | Sociedad | 17-08-2020

Anécdotas verídicas

Un día aciago

Cuéntase que se cuenta, cuéntase que ocurrió que esta historieta, suceso o acontecimiento, como queramos llamarlo, me lo contó un maño de un pueblo cercano a Calatayud. La conversación comenzó cuando sufrí  un pinchazo en su misma finca, un día de hermoso y esplendoroso calor y que, gracias a la ayuda del agricultor, pudimos recambiar. El maño me contó que eso no era nada con lo que le ocurrió a él un nefasto día. Y así me lo contó, más o menos:

(Las palabras entrecomilladas son expresiones propias del lenguaje maño, aunque no quiere decir que no se utilicen en otros lugares).

“Salía yo de la puerta de mi cochera en el pueblo, cuando, no habiendo dado dos pasos, noté que la rueda delantera del motocultor se había pinchado. Eran las ocho en punto de la mañana. Avisé a mi vecino y, mal que bien, la pudimos arreglar. Ya me acercaba a la huerta y nada más llegar me di cuenta que el agua de la acequia  había rebosado y estaba empapando el bancal. Dejé el motocultor y me acerqué a la “tajadera” con la intención de cerrar la compuerta con tal mala fortuna que, al pisar el cemento de la acequia, me escurrí y me di un golpe en el codo de mil demonios del que me salió una hinchazón.”

“Me lavé el codo comprobando que tenía un fuerte “ronchón”, pero no me había roto nada, aunque el dolor era intenso. Conseguí cerrar la “tajadera” y ya me dirigí de nuevo al motocultor. Empecé a “darle tiza” al rotavator y cuando estaba en medio de la parcela el trasto se hundió en el barro y no había manera de sacarlo. Bajé y nada más poner los pies en la tierra me quedé hundido casi hasta el “cornejón” de la rodilla. Me “acoché” lo que pude y haciendo fuerza pude sacar la pierna pero sin “alpargate”. Conseguí sacarla y me la puse y, a duras penas y con muchas “agallas”, salí al borde del camino y al acercarme al “alberje”, escuché el ruido del  motor de un tractor. Sin dudarlo, busqué el lugar y me encontré con mi amigo José Luis. Con un cable y su tractor conseguimos sacar el motocultor del sitio. Le di las gracias y empecé a limpiar de barro el cacharro.”

“Pensaba en continuar, pero ya no me atreví.  El agua había embarrado todo el huerto y aunque era necesario labrarlo por la cantidad de “tormos” que tenía, debía esperar a mejor oportunidad.”

“Me dirigí a la caseta y, aunque algo “amolado”, decidí podar los manzanos y el “malacotonero” que rodeaban la parcela. Repasé de hierba un poco los caballones donde tenía puesta la “berza” y con la tijera en la mano me fui directo a los manzanos. Llevaba podando un rato cuando, al cortar una rama se me quedó enganchada la tijera,  la solté inconscientemente y me calló en la cabeza dándome un ”cosque” que me hizo ver las estrellas. Por fortuna no me había hecho sangre y solo el coscorrón quedaba del accidente. Fui a recoger la tijera y comprobé que estaba “escachada”. Había golpeado con el cemento de la acequia y se había “espiazao”; la cuchilla de cortar había saltado en dos pedazos. Pues no tenía otra, así que decidí, coger el “escabillo” y  me dispuse a quitar la hierba de los “ballos”. Ya me parecía que todo funcionaba normalmente y ningún suceso me ocurriría en el resto del día. Pues no, maño, no.”

“Había quitado las hierbas y decidí “sulfatar” los manzanos, pues aún me quedaba algo de sulfato y siempre era bueno hacerlo para que el gusano no se comiera las manzanas.  Dejé el “escabillo” en la caseta y cogí la sulfatadora. Eché agua de la acequia y, al salir, otra vez me “esbariqué” y me caí de culo, el golpe fue duro y seco. Me levanté y volví a llenar la sulfatadora de agua, pues en la caída se había vertido todo su contenido.”

“Por no pisar la tierra de la huerta, que todavía estaba encharcada, bordeé por el lado del camino y ahí estaba un hermoso “cagallón” reciente que pisé sin darme cuenta. Todo el pie derecho metido en la mierda del “fiemo”. Lo limpié con barro y hierba verde lo mejor que pude y ya me dirigí a la caseta para echar el sulfato”.

“Me eché la mochila a la espalda y empecé a sulfatar los árboles. No llegaba bien con el ”espadín” de la máquina y tenía que alzarlo frecuentemente , porque los manzanos eran viejos y tenían mucha altura; en una de las veces una ráfaga de viento imprevisto hizo regresar el líquido y me cayó en la cara, con tan mala suerte que hasta algo me dio en mis ojos—no llevaba gafas—. Dejé rápidamente la mochila  y con el agua de la acequia me lavé durante bastante tiempo la cara y los ojos. Pareció que el efecto no había sido mucho, pero al poco tiempo empecé a toser. La tos me duró más de cinco días. Según el médico era una tos alérgica.”

“Y ya para terminar de disfrutar el día, cogí el motocultor y por el camino del pueblo me iba para casa, cuando el motocultor se paró y por mucho que tiraba de la cuerda de arranque se negó totalmente. Intenté, en una última oportunidad, enrollar mejor la cuerda y al tirar con fuerza del cilindro de arranque la cuerda se desenganchó inesperadamente y la punta me dio justamente en el ojo, como si fuera un latigazo. Creí que lo perdía: tres meses con gotas y ungüentos y hasta la fecha.”

Desde luego el infortunio de José Luis fue duro, pero si no le pasó nada importante ese día, tiene asegurada una larga vida.

El hombre es el único animal que tropieza siempre más de ................................... veces en distintas piedras.

VOCABULARIO

Tajadera:- Parte metálica de la compuerta de una acequia que tapa o da salida al agua

Ronchón.- Rozadura rojiza sobre la piel

Darle tiza.- Empezar a hacer algo con ganas

Cornejón.- En este caso rótula de la rodilla

Alpargate.- Alpargata, por extensión calzado.

Acocharse:- Agacharse

Agallas.- Coraje, fuerza, empeño

Alberje:- Albaricoque

Tormo.- Montón sólido de tierra o barro

Amolado.- Fastidiado

Malacotonero.- Melocotonero

Berza.- Acelga

Cosque.- Golpe en la cabeza

Escachada.- Estropeada, rota, partida

Espiazao.- Roto del todo, hecho piezas

Escabillo.- Pequeña azada de mano

Ballos.- Caballones

Sulfatar.- Dara un tratamiento fitosanitario a las plantas

Esbaricar.- Resbalar, patinar

Cagallón.- Excremento de caballo, mula, asno, vaca, etc.

Fiemo.- Estiércol

Espadín.- Se refiere a la parte metálica de la máquina que prolonga la salida.

 

 

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