
Cuéntase que se cuenta, cuéntase que ocurrió que era el famoso día del 23-F de 1981. En aquella fecha de aquel año estábamos podando una parcela de viñedo donde habíamos planteado un campo de ensayo en la variedad Cencibel en vaso. La poda consistía en dejar una vara a las cepas, con un pulgar de reposición a una yema para alternar la vara en los años sucesivos. Este planteamiento se hacía como consecuencia de la falta de producción de las viñas en regadío por no realizar lo que nosotros considerábamos como una poda inapropiada, ya que los agricultores podaban “el tinto” igual que ”el blanco”, es decir, poda a cuatro o cinco pulgares a la manchega con una carga de una o dos yemas.
Pues bien, nos encontrábamos los tres en la parcela con el agricultor y el buen hombre llevaba una pequeña radio-transistor adosada a un lateral del cuerpo engranado en la hebilla del cinturón.
El agricultor iba recogiendo la leña que dejábamos, hilerándola en el centro del banco para poder permitir el trabajo posterior del cuco y amontonarla en el borde de la parcela para proceder a su quema posterior.
De repente, soltó un brinco y de forma desasosegada se acercó a nosotros y dijo, a gritos:
- ¡Que la Guardia Civil ha asaltado el congreso y los tiene retenidos! ¡Esto es la guerra! ¡Vámonos de aquí a casa!—dijo con tono exaltado.
Los tres compañeros fuimos al encuentro del agricultor y, soltando las tijeras, nos acercamos lo más rápidamente que pudimos e intentamos poner las orejas cerca del transistor que el agricultor había descolgado de su cintura y lo tenía en la mano.
- ¡Nada, que esto va en serio! ¡Vámonos a casa!—repitió, dirigiéndose a su coche.
Nos dejó solos y nosotros hicimos lo mismo; nos montamos en el coche y nos dirigimos al pueblo. Era yo el que conducía, así que fui dejando a los compañeros en su respectivas casas y me dirigí a la cochera, guardé el coche oficial y andando me fui a casa, no sin advertir al resto de personal de trabajo por si no habían tenido la noticia de tal hecho, aunque ya lo sabían y decirles que cerraran lo que estuvieran haciendo y se dirigieran a sus casas.
Lo demás ya lo sabemos todos, pero lo más curioso es que ese día coincidía, y sigue coincidiendo, con el cumpleaños de mi mujer y teníamos invitados a varios amigos.
Todos los invitados-que tampoco eran muchos-, sin excepción alguna, nos llamaron diciendo que no pensaban venir a la festividad. Así que nos quedamos con una hermosa tarta sin poder comerla del todo, pero tampoco pusimos ni la televisión, ni la radio: sin amigos, pero lo celebramos (se entiende que el cumpleaños de la mujer de su marido-que era yo-). Es aconsejable cuando estés de reunión o con amigos o en situaciones de extremo peligro: fuera televisión, fuera radio, salvo que juegue el Madrid al fútbol ¡claro! ¡Visca el Barça!
En esta vida no se gana para sustos
