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Oficios perdidos : Tartanero, violeteras, cobrador de tienda, chacha y avisador
Ángel Bernao | Madrid | Sociedad | 29-10-2020

Oficios perdidos : "Tartanero, violeteras, cobrador de tienda, chacha y avisador"

Tartanero era un oficio desarrollado por la persona que se encargaba de llevar a personas de un lugar a otro en los caminos de las poblaciones. La tartana era un carro de dos ruedas con un toldo encorvado y dos asientos de madera y tiro de mula, normalmente llevaba una protección delantera con cristal o toldo para evitar el polvo. El carro en el interior, si así se puede llamar, llevaba dos tablas laterales que hacían de asientos. En la parte delantera y trasera se encontraba un estribo para permitir acceder al carro y el tartanero una tabla de madera almohadillada para ir más cómodo.

Hoy en día el uso de tartanas solamente se realiza como atractivo turístico, pero en las poblaciones rurales era muy utilizado para pequeños desplazamientos. Precisamente existe una zarzuela en tres actos llamada “La fama del tartanero”, compuesta por un manchego el maestro Jacinto Guerrero.

Violeteras (Florista callejera)

El siglo XIX era costumbre que en las puertas de los espectáculos, fundamentalmente en teatros de las grandes ciudades donde se representaban comedias, zarzuelas u óperas, existieran las  clásicas mujeres que provistas de un cesto de mimbre ofrecían- casi podíamos decir que asaltaban- con  ramos de flores a los clientes en plena calle, bien para los propios caballeros para colocárselos en la solapa, como para las mujeres con ramos de flores pidiendo el precio de la voluntad y se llamaban violeteras. Estas mujeres  se proveían de plantas de los jardines y parques públicos por lo que la exquisitez del producto no era de alta confección y también llegaron a tener fama de celestinas o alcahuetas. Hoy en día han desaparecido, aunque existen puestos de ramos de flores en calles- excusando las de los cementerios con otros fines-s y ciertos lugares concurridos, aunque ya la mayoría se venden en las tiendas típicas de flores, pero el oficio de floristera callejera ha desaparecido en la entrada de los espectáculos. El oficio fue popularizado por la Zarzuela “Las Leandras” con una canción dedicada a este oficio que como todos recordarán comenzaba: “ Por la calle de Alcalá, con la falda almidoná….” y también un famoso cuplé madrileño y en Madrid existe un  monumento dedicado a este oficio(que por cierto tienen su historia).

 

Cobrador de tienda

No nos referimos a cobradores de otro tipo como de autobús, de tren o de deudas sin pagar sino un tipo de persona que se dedicaba a llevar en persona al cobro de facturas o pedidos realizados. Hasta los años cincuenta existía la costumbre de dejar al debe las compras realizadas en ciertas tiendas donde el propietario anotaba en un pincho las deudas que contraían los clientes y, una vez por semana o en el periodo que creía conveniente el propietario, disponía generalmente de un muchacho, normalmente un familiar joven o una persona de confianza al que le entregaba las notas para que casa por casa fuera cobrando las notas de las deudas. Generalmente eran fundamentalmente establecimientos de ultramarinos como se llamaban, aunque también era la factura del zapatero, del electricista o de panadero, lo que demostraba la confianza con que se depositaba por parte de las personas, ya que en aquel entonces tener una deuda o no pagar suponía-como es lógico- la rescisión de la confianza y, por lo tanto, no se volvía a atender a la persona que no pagaba y una segunda parte que era una indignidad que se supiera en el barrio el no haber pagado. Como se puede suponer esto solamente ocurría en los barrios antiguos donde todo el  mundo se conocía. Lo más cercano a este oficio es lo que se puso de moda hace poco tiempo era el llamado “Cobrador del frac”, aunque este personaje solamente cobraba o intentaba cobrar a los morosos, mientras que nuestro cobrador solamente iba dirigido a  personas que sí querían pagar, porque era una forma de hacer en la sociedad como costumbre.

Chacha

La chacha era una persona, siempre mujer, que cuidaba de los niños y de la casa en las familias de bien, que hacía la compra, que llevaba a los niños a los parques y era además un recadero. Se llamaba “chacha” en aquel entonces y tenían la particularidad de ir siempre vestidas con un uniforme especial que las hacía distinguirse del resto de ciudadanos, con su mandil y su cofia. Es necesario decir que la palabra “chacha” en muchas zonas y en su origen era una forma de hablar pero no con carácter despectivo sino como forma normal de llamar o avisara  halagüeña o algo y es una palabra del siglo XVI, que deriva de muchacho-muchacha, porque también ha tenido sentido masculino. Con posterioridad se derivó a un aspecto despectivo de esta palabra porque se considera que eran personas esclavas de una trabajo para gentes adineradas, habiendo pasado por distintos periodos y distintos nombres: Criadas, sirvientas, famullas, gatas.  Hoy en día el trabajo así entendido ha desparecido, habiendo tenido otras connotaciones totalmente modernas y ajustadas a la realidad social considerado como una oficio más de los que existen y se denominan Trabajadoras del hogar o Empleadas del servicio doméstico.

Avisador

Esta curiosa profesión la conocí por parte de un familiar lejano que se dedicó de joven eventualmente a este oficio. También se le llamaba “mandadero”. En el ámbito teatral un avisador era el encargado de avisar a los actores en sus camerinos el momento de disponerse para entrar en el escenario, previo aviso del traspunte.

En general se trataba de un muchacho joven, siempre atento a los avisos que le proporcionaba el encargado de las entradas en las escenas.

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