
Su nombre de pila era María Josefa Anastasia de Quiroga Capopardo y nació en una finca en la localidad conquense de San Clemente en el año 1811.
Al fallecimiento de su padre, tuvo que irse con su madre a Madrid. A los quince años después de un conato de matrimonio que desestimó, ingresó como novicia en su primer convento en Madrid, concretamente en el Convento de las Comendadoras de Santiago, para a los tres años pasar al Convento del Caballero de Gracia donde finalizó su noviciado, para pasar de forma oficial al Convento de Jesús, María y José del Caballero de Gracia en Madrid, acogida a la orden de la Inmaculada Concepción de Nuestra Señora, donde allí tomó como monja el nombre de Sor María Rafaela de los Dolores y del Patrocinio, hechos que ocurrieron en 1830 a los 19 años.
A partir de esa fecha le comienzan a ocurrir varias visiones místicas y la aparición de llagas en determinada partes de su cuerpo y apariciones con el Santísimo Cristo de la Palabra y en otra ocasión se le apareció la Virgen María.
Pero, a los pocos años, fue acusada de impostura y de estar apoyando a las reivindicaciones carlistas y la sentencia que obtuvo fue el abandono de la corte y pasó dos años al convento de Talavera de la Reina.
Sor Patrocinio tuvo gran ascendencia sobre la reina Isabel II y su esposo Francisco de Asis, por lo que las acusaciones eran derivadas de estas circunstancias y con la situación de la aparición de sus llagas en el juicio que se celebró, fue examinada por profesionales competentes que dijeron que eran verdaderas llagas a lo que Sor Patrocinio expuso que se las había ocasionado por una reliquia que le habían proporcionada que, pasada por distintas partes del cuerpo, producía estas llagas para conseguir penitencia por las culpas llevadas a cabo.
En Talavera enfermó y previo consentimiento fue trasladada a Torrelaguna donde vivió durante cinco años.
Con el ascenso de la reina Isabel II al trono se le permite regresar a Madrid y allí en 1849 sufre su primer atentado y a la llegada a este convento se la declara abadesa, cargo que ostentó en todos los conventos que posteriormente ocupó. La última parte de su vida fue también muy movida y agitada.
Su influencia con los reyes era manifiesta y se intenta separarla de su influencia y llevarla a Roma, hecho que no se produce por encontrarse enferma. Por sus continuas discrepancias la hicieron pasar por distintos conventos: Convento de las Hermanas Descalzas de Toledo, Convento de Montserrat de Madrid, Convento de las Clarisas de Santa Catalina Mártir de Baeza en Jaén. Por último el arzobispo de Toledo le encarga la fundación de conventos: San Pascual en Aranjuez; donde sufrió un segundo atentado; Convento de la Granja de San Ildefonso en San Lorenzo de El Escorial y en Guadalajara.
En esta situación España sufre la revolución de 1868 y para evitar que tuviera problemas con los revolucionarios se la traslada a Francia donde continúa su labor fundadora y volvió a regresar seis años después con el reinado de Alfonso XII para continuar con su labor fundadora.
Sor Patrocinio falleció en el Convento del Carmen de Guadalajara en 1891, a los ochenta años de edad, habiendo sido la fundadora de nada menos que diecinueve conventos.
… Siempre ha sido calificada y conocida como la “Monja de las llagas” o “La monja de los destierros”.
… Sor Patrocinio fue desestimada, vilipendiada y perseguida por los liberales de la época por su influencia sobre los reyes y también sobre el pueblo llano. Concretamente por el representante de los liberales Salustiano Olózaga, aunque tanto Narváez como Bravo Murillo, también lo hicieron.
… También existe la cuestión que Olózaga tuviera esa cierta animadversión contras Sor patrocinio, porque esta desestimó casarse con él, como pretendías su madre y el propio Olózaga.