
Los sogueros que reconocemos en este artículo no se refieren a los elaboradores y artesanos dedicados al empleo de sisal, cáñamo, mimbre o esparto para la elaboración de cestos y figuras similares que estudiaremos en otro siguiente artículo.
En este caso nos referimos al oficio de soguero como la persona que transportaba mercancía en su propio cuerpo.
Los sogueros eran personas que se encontraban por las calles de las ciudades y se distinguían por llevar una cuerda o soga alrededor del cuerpo con lo que indicaban que se encontraban dispuestos a llevar cualquier lugar de la ciudad distinto tipo de mercancías: muebles, enseres caseros, piezas de mudanzas de las casas.
Su nombre más difundido eran los llamados “mozos de cuerda” por la soga que llevaban en el cuerpo, como señal indicativa de su trabajo.
Este oficio proliferó desde al siglo XIX y primeros años del siglo XX. En un principio fue una profesión no regulada, aunque con posterioridad y ya en 1844 fue reglamentada como consecuencia de ciertas irregularidades que se producían en el transporte de mercancías, que no es que desparecieran, sino que en algunos casos llegaban incompletas a su contenido primitivo, además de ciertas irregularidades en su trabajo y forma de vida. Entre las normas dadas se les obligaba a llevar una gorra en la que se insertaban una chapa metálica ovalada en la que se podía observar el número correspondiente.
En Madrid es donde mayor popularidad tuvieron y según los datos la mayoría de los sogueros eran provenientes de Asturias y de Galicia y disponían de una gran habilidad para saber colocarse los paquetes a su espalda o a su cabeza para el transporte de sus encargos.
Además de los trabajos con compensación económica, muchas veces realizaban labores ciudadanas, como atención a personas con problemas, intervención en peleas, ayudas a enfermos.
Durante su andadura tuvieron muchas competencias según iban pasando los años y terminaron formando un gremio o especie de asociación. Siempre existía como competencia el de los carros de transporte, pero en general eran más caros y solamente se utilizaban cuando el volumen de los traslados era muy grande. También tuvieron competencia con los llamados “soguillas” que eran gente ilegal, marginada, delincuentes y que más veces pedían limosna que ganas de hacer transporte y se ubicaban la gran mayoría en las estaciones de tren.
En 1871 se crean oficialmente lo llamados “Mandaderos Públicos” que les dieron bastante competencia, así como la creación de una empresa “Continental Express” que estaba dedicada a mensajería que también afectó a sus actividades. Pero finalmente lo que más les perjudicó fue la existencia del transporte en automóvil, con la aparición de los taxis, el funcionamiento del teléfono y del telégrafo que mermaron considerablemente su actividad. En el año 1928 la cantidad de “mozos de cuerda” en Madrid eran de doscientos en franca extinción por ser ya mayores de edad y por no tener actividad, aunque siguieron existiendo los llamados “mozos de estación” encargados de llevar las maletas a los taxis o automóviles.
A pesar de su actividad no gozaron nunca de una buen apreciación de la sociedad porque eran frecuentes sus disputas y peleas y porque no tenían lugares adecuados para dormir y comer lo que les daba un mal cartel en cuanto a su sanidad y también se hicieron hasta cierto punto impopulares porque al llevar los paquetes en el cuerpo no tenían en cuenta a los peatones y la carga era muchas veces un arma contra los viandantes por roces y golpes innecesarios.