Volver a buscar
Los peligros del hogar
Ángel Bernao | Tomelloso | Sociedad | 24-05-2021

Anécdotas verídicas

Los peligros del hogar

Cuéntase que se cuenta, cuéntase que ocurrió que un buen amigo me contó un “sucedido” que le ocurrió en su casa y que, exagerado o no, paso a relatar para que nos demos cuenta que el peligro se encuentra en cualquier sitio y especialmente en tu vivienda u hogar familiar.

Estábamos charlando en una mesa de una cafetería tomando un café y me di cuenta que en la mano tenía un corte ya seco - una cicatriz - y le pregunté qué le había ocurrido y entonces me explicó el siguiente incidente, que paso a narrar para mayor amenidad:

“ - Ir bajando que voy a cerrar el cajón y coger las llaves - les dije a mi mujer y mi hija cuando salían de la casa, dispuestos a salir de paseo.

Pasé a la cocina para cerrar un cajón que había utilizado para utilizar una cucharilla y en el momento de ir a salir me di cuenta que debajo de la mesa se encontraba una cuchara caída en el suelo.

Apoyé la mano izquierda en el borde de la mesa y me agaché a coger la cucharilla con la mano derecha. Cuando ya tenía al alcance del dedo el mango de la cucharilla, la mano izquierda resbaló un poco sobre la mesa con tan mala suerte que di un manotazo a la cucharilla y saltó de tal forma que me dio un fuerte golpe en la frente que me hizo bastante daño, pero sin poderla coger. Decidí ponerme de cuclillas para definitivamente cogerla y cuando lo conseguí, al levantarme, di con la cabeza en el borde de la mesa y me quedé sentado en el suelo rascándome la nuca. Oí un movimiento extraño y cayó un vaso de cristal de la mesa y se rompió en mil pedazos. Al ir a levantarme apoyé una mano en el suelo con tan mala fortuna que me clavé uno, dos o tres cristales, no sé cuántos. De la impresión, e instintivamente, quise levantarme y volví a darme otro buen golpe en la cabeza, pero en distinto sitio. Ya no sabía si levantarme o quedarme a dormir así de esta forma, pero empezó a salir sangre de la herida y antes de apoyar las manos de nuevo, me arrastré un poco sobre el suelo para evitar los cristales, pero, mira por donde, el pantalón se rasgó, no sé si de la postura o de otros cristales.

Así estaba cuando apareció mi mujer y mi hija y se pusieron a gritar como si me hubiera pasado algo, que indudablemente fue así. Me curaron como pudieron y me llevaron al hospital para terminar de evitar la infección de la herida, no sin antes cambiarme de pantalones que, efectivamente, se  habían rasgado.

Cuando al día siguiente mi mujer me contó la escena, de verdad pensé que debió ser un espectáculo digno de ver, porque la visión de contemplar un señor  en el suelo, ensangrentado, con dos incipientes chichones en la cabeza, el suelo lleno de cristales y la mesa desvencijada pudiera ser un reportaje de escenas de pánico.

Desde entonces he tomado todas las precauciones posibles y entro muy poco en la cocina por ”prescripción médica”, cosa que no le gusta mucho a mi mujer, pero no sé qué me pasa que he cogido una cierta aversión a los lugares donde se cocina algo.

Ese día, como pueden comprender, tuvimos que suspender la actividad de realizar el habitual paseo.”

HAY VECES QUE EL HORNO NO ESTÁ PARA BOLLOS

Peligros del hogar

Volver a buscar