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Una perra de cuidado
Ángel Bernao | Ciudad Real | Sociedad | 02-06-2021

Una perra de cuidado

Cuéntase que se cuenta, cuéntase que ocurrió que cuando era pequeño, David, recibió un regalo de su padre que no esperaba.

Estaba jugando en su casa con unas chapas (como comprobarán hace ya algunos años) y entraron en la casa sus padres. En una pequeña bolsa su padre le entregó un perro que se notaba era muy joven. El pobre animal se acurrucó junto a David como si hubiera encontrado su salvación y allí se quedó bastante rato. David comenzó a acariciarlo y a hablarle y el animal parecía escucharle con atención.

El animal en cuestión, aunque casi recién nacido, era una perra pastor alemán con cara de buena y con los ojos muy cariñosos. Lomo marrón oscuro y cara con tonos marrón claro y oscuro, patas del mismo color.

La perra vivió diecisiete años y ya murió muy vieja y ciega, pero si hay que defender al mundo animal (seguramente habrá ejemplos mejores) lo que aportó esta perra es digno de contarse y de ejemplo para los humanos.

A la perra se la puso el nombre de Linda y ya desde pequeña demostró que era una perra de fiar, por su fidelidad, por sus nobles sentimientos y por los buenos días que hizo pasar a sus amos.

Hay que decir que todos los que han tenido estos animales, criar perros es difícil y no exento de problemas y que indudablemente crean obligaciones que hay que cumplir sin poderlo dejar para otro día.

Además dan incomodidades y hay que estar muy pendientes de su comportamiento, porque no todo el mundo tiene el mismo afecto por los animales en general y por la raza canina en particular. Pero, en definitiva, todas estas obligaciones quedan disminuidas con las innumerables pruebas de afecto y cariño que proporcionan.

Linda fue una perra de hogar. Vivía en un cuarto piso con ascensor y sus actividades preferidas eran jugar a la pelota, dar cariño y comer. Fue muy obediente,  así como también muy educada pues daba la mano cuando se lo pedían y se sentaba y se tumbaba también con todo respeto y circunspección.

Comía en su cubeta, era muy dormilona, solía dar lametones, ladraba relativamente poco y era muy limpia y aseada, como buena representante del sexo femenino. Cuando David le alisaba los pelos y se la cardaba se ponía sentada muy tiesa y sacaba la lengua en señal de estar contenta y no se movía en ningún momento.

También tenía sus pequeños defectillos: era muy tragona, comía de todo además de su comida natural, masticaba peras, manzanas, hasta lechuga.

También era problemática la época de mudar el pelaje, a pesar de los cuidados de David. Y añadidos las propias particularidades de ser una perra hembra en sus momentos más delicados.

Esto es a nivel general su forma de vida, bueno, añadimos que roncaba, no siempre, pero roncaba, pero no molestaba, porque dormía en una habitación aparte y además David decía que lloraba también cuando se la regañaba por algo mal hecho, que fueron pocos.

Con sus congéneres se portaba de una forma un poco indiferente, aunque se dejara galantear, pero siempre guardando las distancias y para eso no buscaba problemas y eludía a los muy atrevidos, enseñándoles en algunos casos hasta los dientes. Podríamos decir que era un poco arisca.

Entre las muchas bienaventuranzas de esta perra podemos contar con  su intuición. Hemos comentado que vivía en un cuarto piso y lo más curioso es que cuando se oía el ruido de funcionamiento del ascensor, se podía saber  si era alguien de la casa o no, porque ladraba cuando alguna/s de las personas que  venían montadas eran de la casa. Increíble, pero cierto.

Otro de los ejemplos a poner era su cariño por los niños. Cuando veía o se le aproximaba  algún niño se tumbaba y esperaba a que la acariciaran.

Linda se hizo grande, muy grande, como correspondía a las características de su raza, pero mirándola a la cara su teórica ferocidad desparecía.

En una ocasión la abuela de David cayó enferma y tuvo que estar en la cama postrada durante bastante tiempo. La perra estuvo todo ese tiempo sin salir de la habitación nada más que para el paseo normal.

Cuando entraba en casa, sin decirla nada se tumbaba en el suelo al lado de la cama de la abuela. La abuela falleció y el pobre animal estuvo durante varios días pasando a la habitación de la abuela y  hacía pequeños ruidos como de lástima. Todo un ejemplar.

Una vez estando en una mesa de un bar David y su padre, en la mesa de al lado, estaba un matrimonio con un niño ya mayorcito. David no supo qué era lo que pasaba, pero el padre empezó a gritar al niño y a mover agitadamente la silla donde se encontraba. Linda sin moverse del sitio, se levantó y comenzó a ladrar con ganas. Cuando el padre dejó de reñir, Linda dejó de ladrar.

Durante un tiempo el padre de David estuvo fuera de casa por asuntos de trabajo y Linda todas las noches a la misma hora se acercaba a la puerta y levantaba una pata dirigiéndola a la puerta, lo que demostraba que echaba de menos al padre y es que estos animales no son tontos: además del cariño normal al padre de David, éste siempre le traía una bolsa especial de comida. Hay que pensar que: ¿Era por la comida? ¿Era por el cariño? ¿O por las dos cosas?

Con la familia era muy cariñosa y afectiva y movía la cola a una velocidad que era necesario separarse de su punta pues parecía un látigo; pero con quien más mimos tenía era con David, al que tenía especial predilección y en más de una ocasión David terminó en el suelo, porque Linda de pie era tan alta como David.

Linda murió soltera, vieja, ciega y sin dar un ruido y, por desgracia para ella y para David, no pudieron verse en tan triste momento.

Es un homenaje a la especie canina.

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CON QUIEN PERROS SE ACUESTA, ENCANTADO SE LEVANTA

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