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No te preocupes que volveré
Ángel Bernao | Zaragoza | Sociedad | 02-08-2021

Anécdotas verídicas

No te preocupes que volveré

Este suceso está ubicado en una población de Zaragoza, pero que es fácilmente extensible a cualquier matrimonio mundial por estas o parecidas razones y desde luego la actuación de la mujer no indica que fuera tonta, ni grosera, ni estúpida, ni mandona, simplemente implica que sinceramente quería de verdad a su marido, aunque comprenda que otras hubieran obrado de otra manera… pues… ¡allá ellas!

Cuéntase que se cuenta, cuéntase que ocurrió que Blanca y José Luis habían contraído matrimonio hacia tres años. Blanca era Navarra de las de siempre: seria, formal, convencida de sus criterios y con un carácter muy definido. José Luis era la clásica persona castellana: trabajador, ajeno a muchas veleidades de la vida, despistado, hasta cierto punto no consciente de las necesidades sociales de la vida y tímido. Vivían en una localidad de Zaragoza bastante importante, donde José Luis había heredado una hacienda de frutales de bastante superficie y esa era su dedicación principal.

Narremos los acontecimientos.

- Blanquita, ya estoy aquí, ¡chica, qué día! - dejando la chaquetilla encima del sofá.

- Blanca, ¿me oyes? ¿Dónde estás? - dirigiéndose a la cocina.

- ¡Estás sorda! ¿No me oyes?

Pero por mucho que preguntó y rebuscó por todas las habitaciones,Blanca no se encontraba en casa.

Extrañado, salió a la calle y llamó a casa Juana, la vecina de al lado.

- No, no, no la he visto, hoy. Pregunta en casa de Carlos, por si la ha visto salir—fue la contestación de la tal Juana.

De forma que se dirigió a casa de Carlos, el vecino de la casa contigua y este le contestó que había visto a Blanca por la mañana con la maleta en la mano y cuando la preguntó dónde iba, contestó que a casa de sus padres a hacerles una visita.

José Luis se quedó de piedra, pero para evitar cualquier posible duda de su vecino, se dio un golpe en la cabeza y comentó:

- …Pero, que tonto estoy, sí es verdad que hoy se marchaba. ¡Joder!, es que el trabajo me tiene atolondrado. Muchas gracias, Carlos.

Volvió a casa y se tumbó en el sofá. Pero…, ¿es que Blanca se había marchado sin decirme nada?. No lo podía creer.

No pudo dormir en toda la noche. A la mañana siguiente cogió el teléfono y llamó inmediatamente a casa de los padres de Blanca.

- ¡Qué me dices! Aquí no ha llegado mi hija. ¿Es que acaso va venir a visitarnos? - decía Anselmo, el padre de Blanca.

- Eso al menos es lo que me ha dicho. Si llegara haga el favor de llamarme.

Pasaron los días y ninguna noticia de Blanca. La situación de José Luis llegó a ser desesperante. De momento la ropa de vestir y de trabajo se había convertido casi en meros harapos. La primera vez que intentó poner la lavadora, la ropa salió muy limpia, pero el color no era el mismo. Los zapatos, y mejor dicho las zapatillas, ya no tenían suelas, el dedo gordo del pie sobresalía por la zapatilla. La comida un desastre: intentó prepararse una tortilla y resultó que casi se podía beber. Decidió comer en el bar de Pedro todos los días y por las noches lo máximo que consiguió preparar era una ensalada de lechuga, tomate y aceitunas.

Los primeros quince días los vecinos, amistades y conocidos no pasaron de aceptar que Blanca estaba de visita en el pueblo de sus padres, pero el tiempo pasaba y los comentarios empezaron a incrementarse y ya la población estaba convencida que Blanca ya no aparecería por la población.

Así transcurrió el tiempo y José Luis se encontraba en una situación que prácticamente no le permitía vivir con tranquilidad. Ya cuando iba a la tienda a comprar sus ya conocidas lechugas y tomates por todo el pueblo, muchos que antes le saludaban y comentaban asuntos cotidianos, ya ni le miraban y hacían hasta corrillos comentando indudablemente su situación. Terminó por comprar al por mayor. Muchas lechugas, muchos tomates y múltiples latas de aceitunas.

El mayor suplicio se producía cuando iba al bar de Pedro y decidió que éste le llevara la comida a casa, ejercicio que no era habitual en el bar, pero que Pedro que demostró ser un buen amigo, así lo acordó y José Luis consiguió evitar tener que aparecer por el pueblo, ya que para acceder al bar de Pedro, era necesario cruzar la plaza de la localidad.

La desesperación de José Luis era total. Los padres de Blanca aseguraban que su hija no se encontraba en casa y José Luis ya pensó en presentar una denuncia por desaparición y lo comentó con Pedro y su mujer Ana, que eran los únicos amigos que parecía le quedaban.

Ya decidido se dispuso a presentar los documentos ante las Autoridades, cuando el mismo día al llegar a su casa, oyó una cantinela que provenía de una voz para él conocida: ¡Era Blanca, sin duda!

Tanta aceleración le produjo, que al intentar abrir la puerta partió la llave. Llamó insistentemente al timbre y al final la puerta se abrió y… allí estaba su querida Blanca.

- Hombre, José Luis, pasa, estás en tu casa.

José Luis quedó descuadrado. ¿Así me recibía después de seis meses fuera de casa?. Y ahora… ¿Que hacía?.

- asa que te he preparado una comida como nunca. Siéntate y come.

José Luis no se atrevíaa decir nada. Su mujer era imperativa y saberla llevar no era fácil y en estos momento nuestro personaje estaba fuera del partido.

No comentaron nada durante la comida. José Luis no se atrevía a levantar la cabeza y tampoco a preguntar nada.

Blanca preparó café y ya, durante el transcurso, Blanca comenzó a hablar.

- Bueno cariño, - (Bueno, ¿cariño, después de la faena que me ha hecho?) - ¿ Te preguntarás el porqué de mi ausencia?.

- Pues la verdad es que espero una contestación - con tono casi de sumisión.

- Pues no te lo tomes a mal. Todo este tiempo he estado en casa de mis padres, pero les dije que no hicieran alusión a mi estancia. La razón principal de mi ausencia es la de intentar convencerte para que te des cuenta que al matrimonio es algo más de lo que tú te crees.

- Pero…, explícame que es lo que no hago bien - dijo abriendo los brazos.

- Pues te lo voy a explicar muy clarito. José Luis, te quiero mucho y eres el hombre de mi vida. Eres sensible, cariñoso y trabajador, pero… te has creído que yo estoy únicamente para cuidar de ti y ahí estás equivocado y, por cierto, llevabas una temporada que  no eras consciente de algunas costumbres que en nada me gustaban y que pasaban a mayores.

Pero…, ¿qué he hecho yo que no te guste? - ya un poco irritado.

-- Pues la lista sería interminable, pero por no agotarte solamente te indicaré las más importantes: en primer lugar, deberías preocuparte un poco del estado general de la casa: no la cuidas, las persianas están rotas, el suelo tiene baches y en el servicio eres un poco descuidado por decirlo de una forma suave. Llegas a casa y no preocupas de saber qué he hecho, si me ha costado trabajo hacer la cama, cocinar. Nunca me preguntas si voy a ir a la peluquería, si he quedado con los amigas, es decir, que no te preocupas en absoluto de mi persona y de mis quehaceres. Que los domingos te vas a cazar y además vienes cansado y no quieres salir por la tarde. Que destrozas la ropa, los zapatos y los sueltas en casa esperando que alguien te los arregle. Por todas estas cosas y por algunas más decidí ausentarme por un tiempo para que tú mismo comprendieras lo que es llevar una casa y atender a tumujer y preocuparse por sus quehaceres y sus necesidades de diversión y además te lo tienes bien merecido y quiero estar agradecida a tu buen amigo Pedro y Ana que han sabido llevarlo en silencio.

- ¡Vaya con los amigos!- pensó José Luis.

José Luis quedó atónito de todas las supuestas irregularidades que cometió y tuvo que aprender a ser más prudente y cuidadoso con su mujer a la que quería con locura.

La persona que me contó estas circunstancias perdió el contacto con esta pareja porque fue trasladado de destino, pero a los pocos años regresó a la localidad y por mera curiosidad preguntó por la situación actual de la pareja y la gente del pueblo comentó que eran muy felices y llevaban una vida algo intempestiva, aunque los comentarios de algunos vecinos desconsiderados comentaban que los pantalones los llevaba Blanca.

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