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Un agricultor osado
C. Manchegos | Tomelloso | Sociedad | 30-08-2021

Anécdotas verídicas

Un agricultor osado

Cuéntase que se cuenta, cuéntase que ocurrió que un agricultor amigo me narró la siguiente historia que paso a relatarles en primera persona tal como me lo fue indicando mi amigo.

“Estaba ya casi llegando a la parcela de viña cuando en el camino me encontré una furgoneta parada. Pisé el freno y me bajé. Era mi vecino Patricio que había pinchado y estaba intentando aflojar los tornillos de la rueda delantera no sin grandes esfuerzos, porque pude apreciar que por debajo del pañuelo de hierbas le sobresalía un vendaje y el hombre tenía el brazo en cabestrillo.

- Hombre, Patricio, ¿has pinchado? ¿Verdad? - le pregunté.

Volvió la cara y al conocerme me contestó:

- Pues ya lo ves, una maldita piedra en el camino y ahí está el pinchazo - soltando la barra del gato.

- Venga, déjame que te ayude que con ese brazo mal se te va a dar cambiar la rueda.

Al cabo de un rato la rueda ya estaba colocada y el coche dispuesto a funcionar.

- Un montón de gracias, Ricardo - me contestó.

Iba a despedirme pero por pura educación y algo de curiosidad le pregunté por el motivo del brazo en cabestrillo y me contó la siguiente historia:”

“Pues el caso es que desde hacía unos días ya venían denunciando en el pueblo la existencia de varios robos en las fincas”  - comenzó el agricultor, continuando: - “Una tarde al ir a sulfatar las viñas me di cuenta que la puerta de la nave estaba forzada. Al confirmar lo que había visto comprobé que la puerta estaba apalancada, pero no se había conseguido abrir.

- Molesto por este hecho, pensé que los ladrones lo intentarían de nuevo, así que dije en casa que esa noche llegaría tarde, porque tenía que cambiar las llaves del riego y que no me esperaran, así que decidí hacer una espera. Me llevé la escopeta y esperé a que se hiciera de noche. Abrí el bombo, tendí la manta y me tumbé con la puerta del bombo entreabierta”- siguió contando.

Entretanto, nos habíamos sentado en el poyete de la casa y yo estaba especialmente entretenido escuchando los acontecimientos de Patricio,  al mismo tiempo que habíamos encendido sendos cigarros. El agricultor continuaba contando los hechos:

“Estaba aguantando sin dormirme, pero, cuando ya parecía que el sueño me vencía, creí escuchar el ruido de un coche. Me levanté de inmediato y observé por la puerta entreabierta del bombo que un coche se encontraba parado frente a la puerta de la nave. Apagaron las luces y se bajaron dos personas del coche. Observé que, con unas linternas, enfocaron la puerta y comenzaron a apalancarla.

- En ese momento salí del bombo y disparando un tiro al aire les pregunté: ¿Qué hacen ustedes aquí?... Es lo único que recuerdo. Ya hasta que me estaban curando en el hospital no recuerdo nada más” - parece que dio por terminada la conversación.

- Pero… ¿no se te ocurrió llamar  a la Guardia Civil antes de quedarte una noche a la espera? - pregunté.

- Pues, la verdad es que no. Estaba tan obcecado con la idea de que me robaran que no atendía a razones - dijo, como excusándose.

- Pues pudiste jugarte la vida. ¡Qué ocurrencia, apostarte por la noche tú solo!  ¿Y cómo fue que te golpearon? - hice esta pregunta con interés.

- La verdad es que me confié demasiado - contestó el agricultor - y no me di cuenta de que debía haber otro en el coche que debió ser el que me pilló por la espalda y me sacudió en la cabeza y  que, al caer, me debí partir el brazo - contestó.

­­ - Y, ¿qué pasó después? - pregunté intrigado.

- No sé el tiempo que estuve sin sentido. Me levanté cuando pude e intenté ir hacia el coche, pero no podía porque el brazo me dolía una enormidad. Así que pensé que ya vendrían a recogerme cuando notaran en casa que tardaba.

Tuve que mantenerme, por lo que estuve bebiendo agua y sujetándome el brazo apoyado en el nogal. A las dos de la mañana de mi reloj apareció el coche de mi hijo, con mi hermano que fueron los que me recogieron y me llevaron al hospital - concluyó.

- Y por fin ¿qué se llevaron? - pregunté.

- Pues casi tó lo que quisieron - dijo, continuando - : el grupo electrógeno, todo el juego de llaves, la batería del tractor, la de repuesto, me desmontaron el motor del pozo y también se lo llevaron y para mala leche, me destrozaron las cuatro ruedas del tractor y el móvil desapareció también. Total un verdadero desastre - dijo el buen hombre.

- Y, ¿los han localizado? - volví a insistir.

- No, ¡qué va! Puse la denuncia, pero hasta la fecha no ha aparecido ninguna de las cosas que me robaron, ni han localizado a los ladrones, aunque esto último ya no me importa - finalizó de hablar el agricultor.

- Desde luego un verdadero desastre - le comenté.

- Pero por si fuera poco, cuando se enteró mi mujer, casi me mata y me rompe el otro brazo. No sabes cómo me puso - dijo echándose el otro brazo por encima de la cara.

Habíamos terminado el cigarro y nos despedimos deseándole una pronta recuperación y advirtiéndole que el ser valientes es cosa de inteligencia y no siempre de valor.

Pero este hombre no escarmentó.

Un día, ya en plena vendimia, llevando las uvas a la cooperativa y habiendo pesado el remolque se dirigió hacia el descargadero y vio uno que estaba más desalojado y se lanzó a por él. Al mismo tiempo otro tractorista intentaba hacer lo mismo y los dos frontales del tractor quedaron enganchados. Ni corto ni perezoso se bajó con genio y figura y se dispuso a mantener una discusión con su oponente. Al final entre otros tractoristas les separaron y uno de ellos le ofreció el turno. En fin empezar y no acabar. Estaba claro que el buen Patricio era un hombre valiente y algo más.

Agricultor osado

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NO TE METAS EN CAMISA DE ONCE VARAS

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