
Cuéntase que se cuenta, cuéntase que ocurrió que nos demandó el alcalde de una pequeña localidad asesoramiento técnico para poder llevar el agua corriente a las casas de la localidad, ya que únicamente los vecinos se surtían de una fuente-manantial que se encontraba en la plaza del pueblo. Consistía en diseñar una conducción desde el manantial existente en el monte hasta el depósito que se deseaba construir. El alcalde ya disponía de todas las autorizaciones administrativas pertinentes y además contaba con el beneplácito del pueblo mediante un acuerdo por el que los vecinos aportaban la mano de obra y parte de los aperos o maquinarias necesarias y el Ayuntamiento aportaba los gastos de materiales habiendo obtenido la subvención correspondiente. La localidad en ese momento solamente disponía de una fuente en el centro de la plaza y de un lavadero público, pues no había agua corriente en las casas del pueblo. Estamos hablando de los años setenta, al comienzo de los mismos, y donde todavía existían pueblos sin agua corriente y algunos hasta sin luz eléctrica, aunque ya los menos. Lo cierto es que estas pequeñas poblaciones, aun sin estos servicios, gozaban de un gran ambiente social, puesto que la mayoría del tiempo la gente se encontraba en la calle, por lo que la convivencia era diaria y poco menos que obligada y se frecuentaban las conversaciones y la animación era notoria, por lo que parecía imposible que pueblos tan alejados y tan mal comunicados tuvieran ese ambiente que nadie esperaba encontrar.
Volviendo a nuestro tema, nuestro técnico ya estaba avisado para que, con el aparato de medir, en este caso, un teodolito, diseñara la ruta por donde debería llevarse la tubería hasta donde habíamos enclavado el depósito que se pretendía construir.
El manantial se encontraba unos tres kilómetros de la población y era necesario ir por la ruta más corta para ahorrar al máximo, y abaratar el precio de la conducción y del material a utilizar, puesto que el manantial se encontraba a pleno monte y era necesario atravesar un terreno algo escarpado y salvar varias pendientes.
Estuvieron dos meses marcando y realizando la trayectoria mediante puntos en el terreno. Nuestro técnico nos advirtió que antes de iniciar a hecho la apertura de la zanja realizáramos cada 50 o 60 metros una cata para comprobar el tipo de terreno por donde debía pasar la conducción en evitación de problemas a la hora de excavar, por si encontráramos roca dura o zonas de difícil apertura de zanja.
Ya animados, los vecinos iniciaron el trabajo de abrir las catas según el consejo de nuestro técnico. Al cabo de varios días el maestro albañil nos avisó para que nos acercáramos al pueblo que era muy importante que comprobáramos algún aspecto de la evolución y marcha de las obras.
Avisé al compañero de la capital y a los dos días nos dirigimos a la localidad, pensando en que debía haber ocurrido algún problema durante la realización de las obras de apertura de las catas en el terreno.
Nos recibió el alcalde y, calmándonos, ante la pregunta de si había ocurrido algún accidente, nos explicó que se habían encontrado con algo sorprendente al hacer las catas que se propusieron y que le acompañáramos para que nos apercibiéramos de lo encontrado, sin que nos dijera exactamente cuál había sido el descubrimiento en cuestión.
Ya necesariamente intrigados, comenzamos por visitar una de las primeras muestras realizadas, donde ya nos esperaba el maestro de obras. Nos acercamos exactamente al punto de la apertura de la zanja y pudimos observar cómo en el agujero abierto se podían apreciar con toda claridad restos de una conducción de tubo de arcilla. Nuestro técnico adujo que, sin duda, se trataba de una antigua conducción de los árabes, por el tipo de material empleado.
A continuación el alcalde nos llevó a una segunda zanja y… ¡oh, sorpresa!, también se había descubierto restos de la misma conducción.
Nos echamos las manos a la cabeza.
Le preguntamos al alcalde qué habían encontrado en el resto de zanjas abiertas y nos dijo que hasta ese día se abrieron treinta catas y a excepción de cinco, en el resto se seguían encontrando restos de la tubería de arcilla que habíamos visto en las anteriores, por lo que estaba claro que la ruta era la misma.
Increíble, pero cierto, ya los árabes habían realizado una conducción de agua al pueblo por la misma ruta que había marcado nuestro técnico.
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